lunes, 31 de agosto de 2015

El santo español que fundó California...

Antes de seguir leyendo cojan cualquier artilugio informático, abran Google Maps u otra aplicación de mapas de nuestro mundo y sitúen Petra en Mallorca, Canarias, Méjico, Sierra Gorda, Querétaro y California... Por ahí vamos a viajar en este breve comentario al libro que acabo de terminar... Desde el puerto caribeño de Veracruz hasta San Carlos de Monterrey hay unos 4000 kilómetros por tierra. Eso es solo parte de la enorme distancia que recorrió a pie, durante la segunda mitad del XVIII, nuestro protagonista, que dentro de unos pocos días será canonizado por el Papa Francisco, cuando viaje a Estados Unidos este mes de septiembre...

Fray Junípero Serra, un fraile franciscano y español nacido de familia humilde en Petra, en el interior de la isla de Mallorca a principios del siglo XVIII, fue un teólogo de relieve y, ya siendo catedrático decidió dedicar su vida a las misiones, tarea en la que destacó como un gigante. Partió de Palma de Mallorca en abril de 1749 hacia Málaga y Cádiz, llegando primero a Canarias y tras una penosa navegación, terminando la travesía del océano en Veracruz, desde donde quiso ir caminando con sus compañeros hasta la capital mejicana, en laque convivió con su comunidad franciscana hasta que le asignaron responsabilidades en Querétaro y Sierra Gorda. Cuando la malvada, injusta y masónica expulsión de los jesuitas de los dominios de España por orden de Carlos III, quedaron sin misioneros muchos lugares y a los franciscanos se les pidió que se encargaran de California, Junípero se presentó voluntario, junto con otros frailes que acudieron a la llamada. El asunto era urgente: España estaba comprometida con la evangelización y además interesaba cuanto antes el dominio estratégico de los inmensos territorios de América del Norte, porque la costa oeste estaba amenazada por Rusia...

He leído esta biografía con emoción y muchísimo interés. La vida de este santo español es apasionante. He querido leerla debido a la inminente canonización de Junípero -al que tengo que reconocer que apenas conocía debido a nuestro infumable sistema educativo-. Su proceso fue abierto por el obispo de Monterrey a mediados del siglo XX y llegó la beatificación con Juan Pablo II en 1988. Durante más de treinta años, con todos los peligros y las dificultades -el desconocimiento de los lugares y los idiomas de los indios- fundó numerosas misiones por toda California -entre ellas las que serían ciudades tan importantes como San Francisco y Los Ángeles-, protegió a los indios de las injusticias y avaricias de los soldados, desarrolló social y económicamente a unas sociedades primitivas sometidas a todo tipo de imposiciones, supo relacionarse con el poder político y hasta logró defenderse de sus arbitrariedades con eficacia y, sobretodo, contribuyó definitivamente a engrandecer su patria española y la fe católica que profesaba. Falleció en Monterrey, en la misión que había fundado junto al río Carmelo y que hoy se puede visitar, el día de San Agustín de 1784, en pleno siglo de esas mal llamadas luces que han acabado por oscurecer las mentes de todos los tiempos posteriores hasta hoy, provocando que la enorme labor de este misionero sea, no ya incomprendida, sino incluso despreciada y denostada en nombre de un estúpido y presuntuoso progresismo...

Frente a los tópicos de la indignante Leyenda Negra contra España, más indignante cuando se la creen los españoles y aún peor cuando se enseña en nuestros colegios a nuestros hijos, quede este párrafo de Lorenzo Galmés, autor de la biografía que he devorado estos últimos días de agosto (BAC, Madrid, 1988):

Mucho debe a las misiones cristianas lo que fue el imperio español y su poderosa irradiación humanista. Sin armas ni violencia, fueron ensanchando el horizonte nacional, afianzando sus conquistas allende los mares. Muchas regiones cristianizadas y humanamente potenciadas se lo deben al trabajo constante y sacrificado de millares de anónimos misioneros que, además de anunciar a Cristo, exploraban nuevos territorios,estudiaban su flora y su fauna, elevaban el nivel cultural de sus habitantes, cuya etnia, lenguas y costumbres se esforzaban por aprender, y rendían un valioso servicio al conocimiento y defensa de los auténticos valores humanos.


No deja de ser maravilloso que el primer Papa americano, jesuita, que toma su nombre de Francisco de Asís, sea quien canonice a este ejemplar misionero Fray Junípero Sierra, franciscano y español, que merece nuestro homenaje y nuestra admiración y al que, también, podemos pedir su intercesión por nuestra querida patria que, por haber abandonado los ideales y la fe que movieron a tan apasionantes gestas a tantos de nuestros antepasados, se halla hoy, lamentablemente, en un estado de agonía terrible...

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