martes, 27 de enero de 2015

Aprendamos algo de los griegos







Es divertido ver las contradicciones de los analistas al servicio del régimen y comprobar cómo algunos no tienen inconveniente en propagar tonterías por la red.... En relación a lo sucedido en Grecia el pasado domingo vemos todo tipo de reacciones, unas basadas en la falsedad, otras en la exageración, otras en la histeria y otras en el miedo... Demasiada propaganda, muy poca seriedad.


Unos ejemplos: de falsedad, la comparación de Syriza con Podemos, porque la izquierda radical griega es un partido con historia y patriota mientras que Podemos es de reciente creación a la sombra de la casta y surgido de su misma corrupción (ya robaban antes de ser partido); de la exageración, porque ahora aparecen nazis por todos lados, y confunden a la derecha nacionalista, una escisión de Nueva Democracia (el PP de allí) con Amanecer Dorado; de histeria, porque algunos solo admiten la democracia cuando el resultado es el que conviene a sus intereses y, por último, de miedo, sobretodo de miedo, de tantos vividores de los sistemas de la corrupción, que ven cómo la reacción del pueblo griego puede acabar de una vez con esas clases altas que no son más que la élite que vive de, por y para la corrupción...

No soy capaz de deducir si lo sucedido en Grecia acabará bien o mal, porque realmente los poderosos siempre saben salir ganando cuando pervierten la democracia que ellos controlan mediante el dominio del poder político, mediático y financiero. Tendremos tiempo de verlo. Pero lo que sí observo es algo que nos están intentando ocultar,  que es la enorme reacción contra un sistema podrido. Algo que sí se está gestando también en España.

Sí, lo que  ha ocurrido en Grecia es que un pueblo harto por fin ha reaccionado contra  tantas mentiras, harto de las imposiciones de la burocracia europea que trabaja contra el mismo ser de lo que significa Europa, esa Unión que se opone a sus naciones y a sus ciudadanos, esa élite de intereses tan sólo económicos al servicio de una oligarquía sin sentimientos ni principios. La izquierda ha sido muy hábil cuando vuelve a ganar con el peso de sus ideas... ¿Cómo es posible? Porque la derecha, como la socialdemocracia, se ha hecho cómplice de un sistema decadente y se ha olvidado de la política, de los principios, de la cultura y, lo que es más grave, de las personas.

Existe un descontento generalizado en Europa y, para demostrar que no es un tema ideológico, vemos que en Francia lo capitaliza el Frente Nacional y aquí unos marxistas radicales, que no paran de salir en la tele... En Grecia ha logrado una victoria impresionante Syriza, un partido de izquierdas que ha sorprendido a quienes ignoran la realidad o, entendiéndola quieren confundirnos, pactando con la derecha nacionalista porque, por encima de las ideologías, vemos un castigo a los corruptos y una defensa del sentir nacional frente a la soberbia de un poder ajeno y chantajista. No extraña que, como siempre pasa en España cuando se analiza la política, se hayan dicho tantas idioteces, como que el pacto de gobierno griego es como si aquí Podemos pactara con VOX o, llevando más allá la estupidez, con Fuerza Nueva (que no existe desde que yo tenía cuatro años)... Ojalá tuviéramos  una izquierda patriota en España, como la griega o la francesa, o como VOX, por ejemplo.

En fin, los nuevos partidos sensatos, y con ellos todos los ciudadanos que quieren cambiar las cosas en España, pueden tomar nota de lo sucedido en Grecia... Aprendamos algo de los griegos y actuemos con inteligencia para salir ganando desmontando antes el sistema corrupto que padecemos.

miércoles, 21 de enero de 2015

La obsesión enfermiza por la ideología


Numerosos pensadores han insistido, a lo largo de las últimas décadas, en la afirmación de que la humanidad había llegado a un estado evolutivo cuya característica filosófica fundamental era el final de las grandes ideologías de la Modernidad. Y a mí me parece que esta conclusión no es cierta en absoluto. Es propio de cada época, sobre todo si es decadente, sentirse como la última, lo cual tiene mucho que ver con las afirmaciones categóricas que insisten en que todo está a punto de acabarse. También es propio de los engreídos creer que todo desaparecerá con ellos. Y no, no es así. Me explico:


El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la ideología, en su segunda acepción, como el conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político. Hoy en día persisten en España –también en el mundo Occidental-, en todos los ámbitos de la sociedad,mayorías de personas muy fieles a tal o cual sistema de pensamiento que pretende dar respuesta a todas las inquietudes filosóficas, políticas, económicas y sociales de la humanidad.

Estoy convencido de que la fidelidad a las distintas ideologías, que uno puede comprobar, desgraciadamente, como una afinidad sectaria, tiene mucho que ver con la ignorancia o, por decirlo de una manera más suave, con la falta de capacidad para encontrar respuestas adecuadas en los diferentes campos del saber. Porque encerrar el pensamiento humano en elaboraciones de hace más de dos siglos resulta decepcionante desde el punto de vista intelectual. Es decir: la falta de creatividad en el pensamiento tiene relación con la fidelidad a una ideología determinada. Incluso, por increíble que parezca, puede decirse que ha sido precisamente el excesivo culto a la razón el que ha provocado una ausencia total de pensamiento. Y esto se debe a que la herencia del racionalismo es, por pura lógica, el relativismo dominante. De ahí que la obsesión por la ideología sea algo habitual en una sociedad mayoritariamente relativista. El ser humano, mejor dicho, la naturaleza humana, es la que es, y las personas necesitan aferrarse a lo que les puede aportar seguridad. Y cuando se han arrasado los dogmas más elementales, predomina una obsesión por la ideología.

Esto se hace evidente cuando uno observa que los partidarios de cada ideología suelen argumentar que la que ellos profesan es la más racional, sin caer en la cuenta de que el racionalismo, defendido por cada ser humano concreto, ha sido una vía directa hacia el relativismo que padecemos y así, se hace imposible cualquier debate: todo es lo mismo, todo es válido igualmente y la razón permite defender una cosa y la contraria. De ahí surge algo realmente nefasto para la actividad política, pues la impide, y es el sectarismo. No hay argumentos. Todo se basa en consignas. Cada uno está dominado por su obsesión ideológica.

Tras estas reflexiones resulta oportuno traer la sentencia de Donoso Cortés -que evolucionó del liberalismo al tradicionalismo a mediados del siglo XIX- que nos legó en su Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo: “Después de los sofismas llegan las revoluciones y después de los revolucionarios llegan los verdugos”.

Efectivamente: hoy vemos cómo se expanden de nuevo las ideologías mástotalitarias, no solo por la acción sospechosa de los medios de comunicación controlados por el poder, sino sobre todo por las sentencias y consignas irracionales que suelen resultar maravillosas a quienes, estafados por los sofistas y los corruptos, necesitan aferrarse a los dogmas ideológicos de losrevolucionarios que siempre acaban siendo los verdugos.

La Historia ya nos ha enseñado que las ideologías de la Modernidad no pudieron resolver todos los problemas humanos y que todas tienen sus errores; algunas son pura falsedad y sus consecuencias las han sufrido millones de personas. El principal defecto de origen de esas ideologías es que partieron del rechazo total a un pasado que, con muchos defectos, tuvo siglos de brillantes aportaciones intelectuales y del que, aún hoy, podemos aprender. Yo confío en la capacidad del ser humano para que, partiendo de eternas seguridades reales, pueda llegar a conclusiones novedosas y positivas, sin perder de vista que los límites de la razón pueden hallarse más lejos de lo que pensamos siempre que no se impongan las conclusiones de antemano, lo que suele ser otro de los errores de partida de las ideologías que hoy obsesionan a tantos. España afronta un tiempo decisivo y el sectarismo ideológico dominante solo ayudará a empeorar las cosas. Creo que conviene tenerlo en cuenta.

martes, 20 de enero de 2015

Los impertinentes gazapos de Francisco


Tengo cuatro hijos. Mi mujer y yo vivimos con ilusión y esperanza el don de la vida que viene de Dios y creemos que cada vida que nos ha regalado es un milagro de Su acción creadora que acogemos con responsabilidad y en medio de numerosas dificultades. La sociedad parece odiar la vida y cada embarazo de María ha supuesto decenas de comentarios impertinentes en la calle, en el trabajo e incluso de los amigos.


En Europa, y con más fuerza en España, hay una crisis de natalidad tremenda. La sociedad relativista y sin valores es tan egoísta que carece de visión y no ve que una economía sin suficientes nacimientos no es sostenible. Es el suicidio, es la cultura de la muerte en toda su siniestra representación que, con cifras de natalidad ínfimas, con la población en descenso y con la invasión de otras culturas, se permite acabar con la vida de 120.000 seres humanos al año en España.


Con todo esto, el Papa nos lanza una impertinencia, más dolorosa que molesta, a todos los católicos que intentamos ser fieles al compromiso matrimonial de recibir los hijos que Dios nos da, con toda la sociedad posmoderna y sin valores criticándonos a diario. Peor aún, el Papa pone límites a la vida en nombre de la técnica diciendo que los expertos recomiendan tener tres hijos... Y aún más grave, alineándose con la verborrea de cualquier vecina progre o de cualquier compañera de trabajo cotilla e impertinente, Francisco llama conejos a quienes tenemos familias numerosas, con tanto esfuerzo como sacrificio bien recompensado por la fe, la esperanza y la caridad. Pero no por este Papa, ciertamente.

La Iglesia se mantiene en sus santos y a pesar de los pecados de sus fieles y de su jerarquía. Francisco debe preocuparse por el aplauso de la progresía laicista, que sabe aprovechar su locuacidad para confundir a la buena gente creyente. Francisco debe renunciar a su inquietante campechanía y no coger ese micrófono que le lleva a hacerse colega de la prensa, con gestos humildes solo en apariencia. Francisco, que ha enredado demasiado con llamadas telefónicas personales buscando el aplauso y la propagada barata, para ser justo, debe llamar ahora uno por uno a los millones de católicos ofendidos por su impertinencia y pedir disculpas por llevar la fe al límite de la doctrina de la vida, el matrimonio y la familia. Y hoy podemos estar seguros, por motivos que no vienen al caso, que no se ha tratado de un gazapo más... Hoy, al hablar de conejos, el Papa ha sido un impertinente muy frívolo pero que posiblemente piensa lo que dice. El Papa, al que he defendido en todo momento, incluso con demasiada benevolencia y utilizando argumentos retorcidos para intentar justificarle en otras ocasiones, ya está colmando muchos vasos y poniendo en riesgo la fe de muchos católicos. No se puede pretender que la gente se acerque a la Iglesia por la forma, porque lo importante es el fondo, ya atractivo de por sí cuando se manifiesta con toda su belleza pura. Hoy rezaré, con mi mujer, por el Papa.

jueves, 8 de enero de 2015

Lecciones de España, un libro imprescindible


LECCIONES DE ESPAÑA


Obras, glorias y defectos de los españoles
Pedro Fernández Barbadillo

He disfrutado mucho leyendo Lecciones de España, de Pedro Fernández Barbadillo.


Cuando la Historia se queda en grandes números, titulares impresionantes y tópicos varios se acaba por no comprender absolutamente nada. En cambio, en Lecciones de España, encontramos una variada selección de trabajos que profundizan en diferentes detalles tan concretos como desconocidos sobre trascendentales episodios de nuestro pasado. En diversos artículos breves se tratan cuestiones de actualidad, aunque se enmarquen en lejanos sucesos. Con una redacción entretenida y mucha ironía, Lecciones de España resulta fácil de leer y es muy recomendable.

Todos los temas que en el libro se tratan están agrupados por capítulos que pretenden dar respuestas a las cansinas polémicas actuales, se trate del problema mismo de España como nación, de las amenazas separatistas, de la crisis de la Monarquía o del revisionismo sectario de la nefasta Ley de Memoria Histórica impulsada por Jose Luis Rodríguez Zapatero y mantenida, para su vergüenza, por Mariano Rajoy.

Empieza esta obra necesaria reivindicando España, que se reafirma como nación luchando contra un islam que hoy vuelve a querer invadirnos y, como entonces, con esa ayuda del interior que siempre es traición. Hoy vemos a esos agresores intentando entregar a los musulmanes la Catedral de Córdoba o, cada dos de enero, protestando contra la celebración de la Toma de Granada.

A continuación, dejando en el ridículo a todos los panfletos de la Leyenda Negra, el autor recorre los grandes éxitos de España en América, explicando la avanzadísima legalidad de entonces, también en derechos sociales, protegidos por una elaborada construcción legal creada por la Monarquía católica preocupada por la justicia y su responsabilidad ante Dios y ante los hombres. Aquél inmenso logro no pudo realizarse sin un dominio absoluto del mar, que supuso a su vez un liderazgo mundial en el desarrollo de artes, técnicas y ciencias relacionadas con la navegación. La parte dedicada a la “primera baja maternal de la historia” es sensacional.

El centro de Lecciones de España agrupa una serie de capítulos interesantísimos sobre la “siniestra II República”, aportando datos y citas para demostrar  mitos de toda una época en la que personajes tan sectarios como indocumentados llevaron al país al desastre. El capítulo del pucherazo electoralde las elecciones de febrero de 1936 debería formar parte de esa Educación para la Ciudadanía si de verdad sus defensores fueran demócratas.

Después podemos leer interesantes trabajos aislados sobre la Guerra Civil, algunos con anécdotas francamente interesantes que muestran cuánto queda por saber de aquél enfrentamiento tan radical entre españoles: la intervención internacional, Franco y los judíos, las luchas intestinas entre las izquierdas, el papel de Carrillo en Paracuellos… Todos hechos de una tremenda actualidad cuando se quiere imponer a los españoles una visión parcial que pretende dividir a los contendientes entre buenos, los rojos, y malos malísimos, los vencedores.

Un valiente capítulo, valiente porque siempre lo es destacar si quiera algo positivo de la era de Franco, dedica varias páginas a describir los logros del franquismo, que no fueron solo económicos. Recomiendo este capítulo a todas las derechas de España, anuladas políticamente por paralizantes complejos relacionados con su pasado más reciente. Tan es así, que la inmensa mayoría de la sociedad cree que los logros sociales del franquismo fueron conseguidos por Felipe González y su PSOE de la corrupción.

A continuación, el autor explica la realidad política de la Transición, con todas sus conspiraciones, ambiciones y traiciones, dejando en su sitio a los mitos de la propaganda tan repetida por el consenso del 78. El capítulo sobre la ley electoral que tantos problemas ha provocado en España es de muy recomendable lectura para los que quieren hacer propuestas para mejorar nuestra mediocre democracia. El nefasto papel del PSOE en todo este tiempo así como la chapuza del golpe del 23F quedan muy bien explicados.Relacionado con el proceso de la Transición Pedro Fernández Barbadillo también da buenos repasos a los separatismos tan privilegiados por el sistema del 78 y además dedica páginas geniales, llenas de ironía, a retratar aleuskoclero, tan cercano a los etarras, tan cruel con las víctimas del terrorismo. Destacan también aquí las páginas dedicadas a El País, el diario del Grupo PRISA, en las que se explica cómo surge por la derecha y cómo acaba en el sectarismo de logia de la izquierda.

Finalmente, Fernández Barbadillo aporta información interesantísima sobre dos asuntos que hoy suponen enormes riesgos para la nación: por un lado, el agresivo vecino del sur, donde ya se han instalado combatientes del Estado Islámico y, por otro, sobre los borbones y su historia de corrupción, en una serie de breves capítulos plagados de anécdotas y datos sobre una dinastía que nunca ha terminado de hacer nada bueno por España. Lean este trabajo, porque es mucho más fácil encontrar soluciones a los problemas del presente cuando se conoce cómo se gestaron en el pasado…

Blas Piñar Pinedo



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Creer...

Es mirar al cielo despejado en invierno contemplando las mismas estrellas que sueles observar en verano; creer es estar seguro de que un beso significa que me quieres para siempre y que siempre me vas a perdonar.

Es admitir el milagro, es disfrutar del misterio, es sonreír porque has comprendido que tus pequeños límites humanos pueden romperse hasta el infinito. Creer es mirar atrás con la esperanza de que todo tiene remedio.

Es volar por encima del mundo y a la vez sentirte anclado a una poderosa fortaleza; creer es haber derrotado a todos tus enemigos. Creer es jugar con ventaja porque en las tragedias encuentras sentido y tu sufrimiento abre nuevas ventanas luminosas.

Es ser como un bebé de meses que sonríe al ver a su madre y es agarrar la mano de un abuelo que se despide en paz. Creer es un don,  es el mejor regalo; es la más clara certeza y una fuerza imbatible. Creer es seguir admirando la vida sintiendo emociones.

Es amanecer con ganas de dar gracias por cada segundo que vives y es buscarte en lo invisible; creer es encontrar tu mano cuando me he caído, sentir tu brisa que me hace volar más alto y empaparme de tus lágrimas cuando te he ofendido. 

Es todo un argumento, una fuerza, un conocimiento nítido y toda mi seguridad. Creer es esto y yo creo. Feliz año nuevo.