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domingo, 16 de septiembre de 2012

Ya casi nadie se ríe...


Leí una vez que en el último siglo los minutos dedicados a la risa han disminuido notablemente y hoy se ríe casi un 75% menos de lo que la gente solía reírse hace medio siglo. Hoy ya casi nadie se ríe porque la amargura es el peor fruto del mal. Dios es la Inteligencia y el Bien, y tiene un gran sentido del humor. Pero el mal es la decisión más tonta y siempres tonta ys iempre ecisiy el Bien, y tiene un gran sentido del humor.  anda enfadado. Como una noche sin dormir. Como a quien le explotan todas sus frustraciones. Como quien dispara desesperado porque no sabe dónde está el enemigo.

Reír es síntoma de inteligencia. Saber hacer reír es un don. Saber reírse de uno mismo es cosa propia del cielo más alto. La risa es magia y puede hacer que el amor que te ha rechazado te traiga el primer beso que nunca soñaste, solo porque de pronto descubrió la humildad que escondía tu reírte de ti mismo…

En cambio, la amargura es un fruto de un mal capaz de oscurecer un domingo de sol, de trastocar la gracia que nace de la Eucaristía, de hundir la alegría de una conversación de amigos y de asustar a los niños que jugaban seguros, confiados. La maldad prepara inconscientemente sus planes, sin que nos demos cuenta de que nos utiliza para destrozar las miradas más bellas: y hasta la fiesta más luminosa resulta despedazada por la crítica más envidiosa y la novia más bella resulta ser un monstruo cuando el mal la mira… El mal nos manipula porque es la decisión más sencilla, la que siempre eligen los tontos. Yo huyo del mal porque el mal siempre nos persigue para comprarnos por poco precio.

Es el mal tan poderoso que por eso el terrorismo y la violencia tienen éxito: porque para muchos es más fácil comprender el mal que defender el bien y la belleza. Porque la alegría es un esfuerzo. El mal es siempre el camino más sencillo y nos aporta los culpables más fáciles de acusar, que son los que nunca tienen la culpa. El mal ataca siempre con sorpresa para torcer nuestro proceder. La broma más cariñosa es un misil nuclear para un alma sin alegría. El mal hace de cada tontería un problema insalvable. La alegría todo lo resuelve.

Algunos pueden pasar horas criticando y maldiciendo –incluso calumniando- pero siempre paga quien sólo habló para defender a todos. Es más fácil el mal que arrastra a la histeria, y al pataleo, que callar y reír. Y eso que decía Benavente que nada une tanto a los humanos como la magia de la risa. Pero la risa es inteligencia y no todos la tienen. Hoy casi nadie ríe porque todos eligen el camino de la queja: es más fácil regañar que hacer las cosas bien. Cuando uno regaña, sencillamente cree que las palabras son lo importante. La pena es el tiempo perdido: hay cosas que no vuelven y el pecado no se borra tan sencillamente. Pero seguirán mirándose con sonrisa falsa mientras al que no está le cosen el traje más horrendo. Así es la idiotez del mal que siempre se descubre porque nada hay escondido que no salga a la luz.

La mejor manera de luchar contra el mal es reír cada día. De uno, de todos y del mundo. Pero el mundo se ha olvidado de que la alegría es el único remedio contra una amargura que ya no existe: porque el mal se ha cebado con quienes intentan hacer mejor las cosas. Y es que el mal manipula porque su padre es la mentira.