Tiende a pensar la gente que la corrupción es fundamentalmente una consecuencia del poder político, es decir: roba el que tiene poder en cuanto que usa recursos de todos para favorecerse a sí mismo o a sus familiares o amigos. También es verdad que muchos que piensan eso se descubren cuando afirman: si estuviera ahí, haría lo mismo.
La corrupción, por tanto, es anterior a la política; la corrupción nace a pequeña escala y a medida que aumenta el poder de la persona, se acaba por robar a escala mayor. A mí me contaba mi padre un cuentecillo para que entendiera que robar está mal siempre: un niño se llevó a casa un lápiz de un compañero del cole y como nadie le dijo que eso no debía hacerlo, al curso siguiente robó un par de libros; cuando acabaron los estudios robó un coche y cuando trabajó en un banco, los ahorros de varios clientes. Llegó a concejal y en el Ayuntamiento obligaba al contratista a pagarle comisiones; al final tenemos un político profesional al uso, de cualquier región y de cualquier partido.
Es tal la costumbre que hay que preguntarse: ¿acaso la política no muestra más que el estado real de la sociedad de un país sin cultura, sin educación, sin referentes y sin ideales; en fin, de un país que solo aspira a ganar lo más posible con el menor esfuerzo? Y no es cuestión de cambiar de Gobierno. No espero que ninguno de los políticos de éste sistema mejore España. Eso es una tarea que debe surgir de la gente, empezando por no robar lápices en el colegio.
Y si es verdad que el socialismo español es maestro en apropiarse de ese dinero público que no es de nadie, como dijera esa ministra de ZP, lo alucinante es que el partidismo sectario suele defender y justificar la corrupción cuando los corruptos son compañeros, otra prueba de lo extendido de la lacra: he podido conocer de cerca varios casos recientes de amiguismo, de corrupción y de auténticos dislates cometidos desde que el PP ganara las elecciones. Y son más tremendos por cuanto el PP, incapaz de tomar las riendas de una RTVE que sigue haciendo el juego a Rubalcaba o de regenerar a fondo los mandos intermedios de Interior que tan útiles fueron para la manipulación del 11M o el Fasián, se han apresurado a destituir a empleados eficaces de empresas públicas para colocar a los amigos o familiares de tal o cual Ministro y han nombrado a afiliados chupatintas ignorantes como asesores de alto sueldo. Vamos, que Rajoy no sólo sigue la política zapatética del proceso con ETA y la financiación sindical, sino que mantiene la misma dinámica de permitir que los suyos se aprovechen del poder: total, subimos el IRPF y seguimos robando… Que Aznar cobre del Consejo de Estado y como consejero en una gran empresa resulta tan repugnante como cuando lo hace Felipe González. ¿Súmate al cambio? Claro, ahora les toca a otros seguir haciendo lo mismo.