Si es absurdo juzgar con criterios científicos el conocimiento de lo sobrenatural, también lo es intentar acercarse a la verdad de la historia sólo con los datos de los documentos; pero hay muchos historiadores que, ateniéndose solamente a los hechos comprobables en documentos, acaban por perderse la mejor parte de los acontecimientos que investigan. No es esto la justificación de la despectiva "conspiranoia" sino más bien una defensa de todas aquellas cosas que conocemos pero que, por los motivos que sean, no podemos demostrar...
Así como los creyentes se cuestionan sobre los misterios de la vida para encontrar respuestas, en el conocimiento histórico se han ido averiguando muchas cosas partiendo de inquietantes preguntas resueltas muchas veces gracias a los testimonios de algunas personas y, otras tantas, por el esfuerzo para lograr un engranaje lógico de los hechos que aparecían como incomprensibles.
En el caso de la masacre del 11 de marzo de 2004 -hace ya casi ocho años- hemos ido averiguando muchas cosas gracias a periodistas valientes, a policías honrados y a jueces justos. Muchos de ellos se han atrevido a dar el paso de pensar y, desde las dudas y a pesar de tantos obstáculos, han obtenido respuestas que nos han acercado a la verdad de lo sucedido.
Averiguar la verdad de aquel golpe -se puede decir ajustándose a lo que todos entendemos por tal término- debería ser el reto más urgente de un Gobierno y de una sociedad que se considerasen decentes. Por las víctimas y por la propia supervivencia. Y para averiguar la verdad bastaría con no aceptar la versión impuesta, que como todas las que el poder impone suelen ser falsas, y admitir que es posible llegar al conocimiento cierto de los hechos. Para ello, también es necesario valentía, como la que ha mostrado la Juez Coro Cillán, a la que las cloacas han atacado con dureza desde su terminal mediática sencillamente por querer avanzar en la investigación de la masacre madrileña.
Pero me temo que aunque ya intuímos lo que realmente ocurrió en el 11-M, no lograremos averiguarlo del todo por una sencilla razón: la dominante corrupción moral de la sociedad, reflejada en sus gobernantes y en el resto de políticos, que impide la decencia. Y desgraciadamente, así es como las grandes conspiraciones logran sus objetivos: con la ayuda que aporta la indiferencia de los que han sido atacados. Y como la corrupción de la mayor parte de los dirigentes judiciales, políticos, mediáticos y empresariales no es ni más ni menos que el reflejo de lo que predomina en la sociedad, tenemos que el encubrimiento de la verdad el 11-M se realiza con la colabroación de gentes de todo el sistema: jueces, políticos, periodistas y empresarios protegidos por una sociedad cómplice a la que le importa un pito que le maten a casi 200 comatriotas... Así de cierto, así de duro.