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lunes, 7 de abril de 2014

Felipe también quiere su Transición

El otro día un empresario que se acercaba a los sesenta años me comentaba desesperado:

-Nuestra compañía necesita nuevas formas de hacer las cosas, tenemos que mejorar procedimientos. Pero mira, ahí tienes a mi padre, con casi noventa años al pie del cañón. No falta un día y todo lo controla. No hay manera.

Pasa en las mejores familias. También es cosa de los borbones españoles: para llegar al Trono hay que matar al padre. Políticamente al menos. Bueno, sobretodo.

Felipe quiere su Transición. Y como mandan los cánones de la tradición familiar, bien aprendida, los borbones saben que su Corona solo se puede mantener con aceptación de los enemigos de la Monarquía. Así lo quiso Juan Carlos y así tiene que ser ahora. Felipe ha sido educado para ejercer el poder y ya quiere administrarlo. Porque de no hacerlo cuanto antes su reinado corre peligro. Lo sabe su madre, la Reina. Y su padre también, pero ni quiere, ni puede irse.

Que un empresario de grandes medios, catalán y amigo del Rey, que la biógrafa oficial de la reina y que un medio recién sometido tras el cese de su extraño pero espabilado director se presenten a la operación Urbano, conocida ya como la operación abdicación, otra vez, sólo tiene una explicación: hay que quitar al Rey para poner al Príncipe y que el sistema continúe. La oportunidad es perfecta para un nueva Transición. Por eso Felipe ha ido en poco tiempo más de seis veces a Cataluña. Duran y Lleida confirma que Rajoy mantiene reuniones secretas con Artur Mas. Margallo lanza inexplicables tonterías que solo pueden entenderse desde un pacto previo. Lo de Cataluña lo vamos a arreglar en forma de apaño, como siempre hemos hecho en éste régimen, piensan los oligarcas del mundo financiero, los jueces comprados, los políticos obedientes al aparato del partido y los asesores de la Casa Real. Felipe será el artífice. Y piensan ellos, también, que una mansa sociedad alimentada de telebasura volverá a tragar. La Transición es Cuéntame y todos volverán a cantar Libertad sin ira

Es el pacto preconstitucional -este sí, no como la bandera- del consenso en el que el reparto del poder del franquismo se realiza de forma equilibrada: es el gran acuerdo del Juancarlismo con la izquierda y el separatismo que una derecha extrañísima, como antaño, volverá a legitimar con sus silencios y sus renuncias. Quizá sólo una nueva minoría creativa, una nueva derecha rebelde y libre que no acepte el consenso que acabará con España con tal de sobrevivir, pueda asumir pronto el reto intelectual, político y democrático de evitar un nuevo apaño y lograr una verdadera democracia.

Porque Felipe quiere su Transición y ya han comenzado a moverse los hilos. 

lunes, 8 de octubre de 2012

Queridos catalanes que queréis ser españoles:

Queridos catalanes que queréis ser españoles:
Dedicado a Carla, Ana, Pepe y José Luis, mis mejores amigos de Cataluña.
Hace unos días escribí una dura crítica a los independentistas que os están sometiendo en algo mucho peor que una dictadura, pues os están matando poco a poco: están matando vuestra esperanza, vuestra ilusión, vuestra historia y vuestra mejor tradición. Es normal: el nacionalismo es lo más opuesto al patriotismo como el aborto es lo más opuesto a la maternidad.
Ha dicho el interesado Durán y Lérida que “el momento actual es como el de cuando España perdió las colonias en 1898.” Tiene razón, por dos motivos: porque el momento de tristeza nacional es tremendo, y sólo los malos hijos, como entonces,  quieren abandonar a la madre enferma; y también tiene razón, porque los enemigos externos de España vuelven a aprovecharse de nuestros momentos de debilidad para embestirnos de nuevo. Lo más grave es que cuentan con la ayuda inestimable de los traidores interiores, que desde que nos invadieran las tropas del Al Tarik en el año 711, siempre han existido en todas nuestras contiendas.  
Queridos amigos de Cataluña, queridos compatriotas: me he acordado, a raíz de esas palabras del diputado que con todo lujo vive en Madrid gracias a los réditos de la mentira separatista,  de un libro sobre la independencia de nuestros hermanos de América titulado “Españoles que no pudieron serlo” (Libros Libres, 2009) del interesante José Antonio Ullate Fabo. En él, se nos explica cómo poderosas organizaciones contra nuestra nación, utilizaron todas las estrategias imaginables para romper los lazos entre los hermanos que conformamos la hispanidad. Hoy quieren volver a hacernos daño, precisamente en nuestro propio suelo peninsular.
Ha cundido en cierto ambiente mediático de la derecha liberal madrileña que nuestro Gobierno debe ceder y responder al reto de separarnos.  Dicen que así Cataluña dejará de incordiar y que pronto se arruinará. Olvidan estos insensatos oportunistas que en Cataluña hay millones de españoles que quieren seguir siéndolo. El Gobierno, que tiene el deber de cumplir la Ley, os olvida. Yo no me olvido de vosotros. Yo amo a Cataluña porque es una parte de España. Yo sé lo que estáis sufriendo cuando os imponen la lengua en que tenéis que educar a vuestros hijos, cuando sufrís una de las presiones fiscales autonómicas más brutales, cuando veis que vuestros representantes predican “España nos roba” cuando ellos se han embolsado miles de millones de euros de vuestros bolsillos en corrupciones inigualables;  yo sé lo que es vivir en una región donde solo une el odio inculcado hacia tu patria. Nadie ni nada puede impedir que la patria se mantenga unida, por encima de ideologías políticas quebradas, por encima de los enemigos domésticos o extranjeros, por encima de una Constitución cuyos frutos amargos hoy recogemos.
Españoles de Cataluña: tenéis derecho a contar con nosotros y nosotros tenemos el deber de colaborar con vosotros. Habrá imbéciles que contemplen cómo se les insulta, porque no esperan más que la falsa emoción de una serie de cafres dando patadas a una pelota. Y es que a mí no me gusta ver cómo me insultan ni aplaudir a quien me roba, ni emocionarme con un deporte convertido en propaganda cutre; porque dentro de ésta partitocracia corrupta, separatismo, fútbol y negocios son una misma cosa con la política.
Amigos: el reto es inmenso. Desde todos lados llegan sugerencias para que definitivamente nos dividamos. ¡Jamás! Cataluña es una región bella, con gente trabajadora, con capacidades enormes y sobretodo, ¡Cataluña es y será española!
La mentira del separatismo ha querido conformar una Historia distinta, pero no hay más que ir a los libros para ver que los habitantes del noreste de la Península Ibérica, desde la Marca Hispánica a las Navas de Tolosa, desde las guerras por Europa hasta la enorme tarea de la conquista de América, desde la guerra de sucesión hasta la guerra contra el francés, desde las guerras carlistas hasta la guerra civil, para comprobar que los catalanes se han dividido y unido como el resto de los españoles con todos sus compatriotas.
Queridos españoles de Cataluña: el día 12 de octubre, día de nuestra Fiesta Nacional, día de la Hispanidad, día de la Virgen del Pilar, día que conmemora, quizá la obra más bella de España y también la del mundo: el abrazo a los hombres y mujeres de América,  estamos todos llamados a una convocatoria para responder al insulto separatista, a la mentira interesada del nacionalismo. Hay que llenar Barcelona de banderas de España. Será el mejor favor que podamos hacernos para que el mundo vea que en Cataluña hay muchos españoles que quieren serlo y que están arropados por el resto de los españoles que tenemos el deber de hacerlo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Queridos independetistas catalanes:

El nacionalismo es idolatrar el territorio y no tiene nada que ver con el patriotismo. El nacionalismo es un sentimiento explotado. El patriotismo es un deber y un amor. El nacionalismo se reduce al separatismo de los fracasados, a la acumulación de excusas, a una suma de culpas propias que siempre se achacan a otros. El separatismo es la miopía que sólo ve fronteras y diferencias. El separatismo es la religión sectaria de unos adeptos vacíos que ya no creen en nada bello. El nacionalismo separatista es un instrumento del poder, del poder contra el que queréis rebelaros y al que servís; es un juego de marionetas, es una trampa peligrosa de quienes dirigen el cotarro. En fin, Cataluña, sois tan españoles que padecéis el mismo problema que el conjunto de España: una casta política corrupta capaz de cualquier dislate con tal de mantener sus chollos.
No vale lamentarse. Sois tan cobardes en vuestro dejaros utilizar, independentistas de cerebros lavados durante años de educación sectaria, que no sois capaces de percibir que sois los muñecos de trapo sucio que cuelgan de los hilos de quienes simplemente quieren seguir riéndose de vuestros sentimientos explotados: mientras gritáis contra ése enemigo creado llamado España no protestáis contra los negocios oscuros, ni contra los pactos de logia, ni contra las comisiones del 3%.
Y os molesta, sí, no soportáis que amemos a Cataluña como un trozo de España: como lo que es, el antiguo condado del Reino de Aragón que tan alto llegó con Isabel de Castilla. Pero ellos saben bien que España no es nada sin Cataluña, y por eso sobre vosotros se ciernen todas las fuerzas del odio a la nación. Saben que si nos separamos no hay España. Y los restos que quedan son peores y eso no os lo cuentan: más miseria, mas división y más  gritos  desesperados pero sin ya un enemigo al que acusar.
Os utilizan. Y la culpa no es vuestra. Tampoco de los separatistas que os dirigen. Sino del Estado, esto es, de los que diseñaron el sistema del 78 y de los que paso a paso han ido cediendo los instrumentos básicos de la unidad: la educación y el Ejército. Todo ha sido diluido. Vemos el fruto de un plan calculado. Y  el  plan ha consistido en utilizar  vuestra falta de  libertad, vuestro simplismo acusador, vuestros fracasos, la perversión de vuestra cultura y vuestra ruina para mantener unos privilegios a los que sólo renunciarán cuando vosotros mismos queráis un imperio independiente que era solo un juguete soñado.
Y está muy feo eso de querer disfrutar de la nación española cuando todo va bien y olvidarse de ella, insultarla y despreciarla cuando peor lo pasa. Pero eso lo hacéis porque al ser nacionalistas no sois patriotas. No podéis entenderlo. Los patriotas son hijos leales que se quedan en guardia, sin dormir,  al pie de la cama del padre enfermo tomando su mano y besándole cada momento. No, no sabéis nada de patriotismo. Vuestro nacionalismo es el triunfo de la manipulación y la mentira, la excusa del fracaso y la miopía del paleto.