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domingo, 12 de diciembre de 2010

UNA BONITA HISTORIA DE PERDON

Hacia finales del año 690, cerca de la ciudad de Estrasburgo, el Conde Aldarico, Gobernador merovingio de la región de Alsacia,  decidió que la hija que acababa de tener debía morir. El Conde deseaba un hijo varón como heredero. Pero nació una niña y, además, para mayor desgracia del Conde, la niña era ciega. Ordenó a su esposa Bereswinda que la matara.
El desastre cultural que sufrieron las regiones cristianizadas por el Imperio Romano,  estaba empezando a ser restaurado. Pero los monjes que protegían la cultura en escondidos monasterios no habían conseguido llegar a toda la población. Pero sí a la esposa del Conde, una dulce mujer que, asustada por la violencia de su salvaje y poderoso marido, decide en secreto entregar la hija a una sirvienta para que la cuide.
La niña es entonces llevada a la región de Borgoña, al Monasterio de Balme, localidad cercana a los Alpes franceses, y será bautizada por un Obispo Santo. Este Obispo, San Erhard, era un monje irlandes y obispo de Ardagh, conde de Longford, que  tuvo una visión en la que Dios le ordenaba de ir a Balme a fin de bautizar a Odilia. En el momento en que el agua fresa contacta el cráneo del bebé, se le abren los ojos y se le llenan de un poderoso brillo. “Yo te bautizo Odilia (que significa hija de la luz) en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Pasan los años. Odilia, agradecida a Dios, decide entregarse a su voluntad. Conoce por fin la historia de su desgracia y, animada por Dios, sin miedo de su padre y llena del amor que todo lo cura, regresa a Alsacia. Su padre, al ver a la niña, se llena de emoción y  tocado por el Espíritu Santo, pide perdón y se convierte. Pensando en entregar lo que había quitado a su hija, la quiere casar con un importante noble de una región cercana. Odilia le dice a su padre que ella es esposa de Dios. Aldarico comprende. Y entrega a su hija,  para que funde una comunidad benedictina, su impresionante castillo fortaleza de Los Vosgos, un sistema montañoso que se alza a oeste del Rhin.
Todavía, desde principios del siglo VIII, siguen cantando allí según la liturgia, los monjes benedictinos. Odilia murió el 13 de diciembre del año 720, mañana hace 1290 años. Santa Odilia es la Santa Madre de Alsacia, y desde las alturas de su monasterio, cuida de toda una bellísima región que pude recorrer hace unos días.
Fue canonizada en el siglo XI por el Papa León IX y proclamada como Patrona de Alsacia por el Papa Pio XII en 1946. El Papa Juan Pablo II, consciente de que Europa debe volver a sus raíces, visitó este santuario el 11 de octubre de 1988.
Una bonita historia de perdón, siempre posible a pesar de las desgracias, siempre necesario a pesar del paso del tiempo, siempre bello a pesar de la pequeñez de la ofensa.