Recuerdo, hace años, aquélla campaña contra la Iglesia, montada por no se bien por qué clase de católicos, en la que, por culpa de Setién, querían que nadie pusiera la X en la casilla de la renta...
¡Qué tiempos aquéllos! ¡Qué confusión! Siempre es terrible para la Iglesia el mezclarse con el poder político. Pero mucho peor es acusar del mal de uno a toda una institución y, encima, por los propios hijos de la Iglesia.
Por eso, mejor hablar de esperanza, porque las cosas cambian y, en el caso de lo que tiene que ver con Dios, cambian para bien. Transcribo lo que más me ha gustado de un artículo de Munilla, publicado por Infocatólica http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=7794 en el que reflexiona sobre su primer año como Obispo y en que se muestra agradecido.
"Lo primero que quiero destacar es el poder de la oración. Los católicos creemos en la comunión de los santos, de forma que resultamos ser corresponsables del destino del destino de los demás, y actores activos en los problemas del mundo y de la Iglesia".
Lo segundo, "el gran don de Dios en este año ha sido el ejercicio de la paciencia y de la aceptación de las deficiencias con las que uno se encuentra, incluidas sus propias limitaciones. Recientemente he leído en el diario de Unamuno lo siguiente: "El que quiere todo lo que sucede, consigue que suceda cuanto quiere. ¡Omnipotencia humana por aceptación!".
Tercero: "También me parece importante destacar cuánto me ha ayudado en todo momento la fuerza liberadora de la obediencia. Desde el mismo momento en que recibí el nombramiento del Santo Padre, me percaté de que hay que ser mucho más valiente para mandar que para obedecer".
"Y, finalmente, quiero dar testimonio de que la realidad es muy diferente a lo que la distorsión mediática nos hace llegar. Por lo general, en los medios de comunicación se tiende a destacar el morbo, el escándalo y la división en el seno de la Iglesia"...
¡Gracias a ti, Obispo, y mucho ánimo!