miércoles, 2 de julio de 2014

La derecha y el debate Monarquía-República

Comparto este artículo escrito hace unas semanas y que ha sido publicado en el número 185 (mayo-junio 2014) de RAZÓN ESPAÑOLA, la revista que fundara Don Gonzalo Fernández de la Mora.

Espero vuestros comentarios, creo que es un tema que debemos abordar con total seriedad y visión del tiempo que nos toca vivir...


En estos días agitados el debate Monarquía o República vuelve a plantearse con tanta pasión como falta de argumentos. Por un lado, la izquierda basa sus posiciones en reeditar lo peor del período de 1931 a 1936, como si aquel periodo iniciado con un golpe de Estado hubiese sido un modelo de democracia cuando la II República fue un fracaso más de la nación, porque principalmente la izquierda solo quiso ver en la República un medio para sus fines totalitarios. Por otro, la derecha enseguida recurre al miedo a que la izquierda se comporte exactamente igual que entonces para rechazar la posibilidad de la República.

Así, la derecha, mayoritariamente, elude el debate. Es un error, porque la mejor manera de evitar que la izquierda utilice la República para sus objetivos es que la derecha sea impulsora de un nuevo modelo de Estado cuya forma política sea una República moderna y democrática, esto es, un sistema con representatividad auténtica que garantice la libertad política y el control del poder.

Conviene señalar que algunos, además de mencionar el terror a una repetición de la II República para evitar el debate actual sobre un sistema republicano en España, suelen añadir que no es un buen momento para plantear el tema debido a la precaria situación económica de España y a las tensiones que causa el separatismo, pero, ¿acaso no tiene el llamado juancarlismo gran parte de la culpa de la mala situación que vivimos en el momento presente? Y, más aún, ¿son sinceros los que aluden al argumento de la inoportunidad del momento para no plantear la cuestión o, más bien, es un recurso para decir no a la posibilidad de la República?

Centremos entonces los términos y el debate, porque no podemos ni debemos eludirlo. Es más, debemos fomentarlo porque gran parte de la derecha española no es consciente de la importancia que tiene afrontar el tema.

La Monarquía es una forma de Estado cuya principal característica  -aunque muchos lo ignoren- es la unidad de poder: la etimología es maravillosa. Siendo así, no se opone a la República, término que se refiere genéricamente al gobierno de la cosa pública. Otra vez la etimología.  Investiguemos. Según el Diccionario de la Real Academia:

Monarquía es el Estado regido por un monarca, o la forma de gobierno en que el poder supremo corresponde con carácter vitalicio a un príncipe, designado generalmente según orden hereditario y a veces por elección y, también es el tiempo durante el cual ha perdurado este régimen político en un país.

República es la organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento para un período determinado; en algunos países es el régimen no monárquico; por supuesto es el Estado que posee este tipo de organización o de denominación y se refiere también al cuerpo político de una sociedad, como hemos indicado.

Como vemos hay dos características que pueden enlazar ambos términos: que el poder se representa por una persona y que, además, es elegido por la sociedad. Y es que, efectivamente se dan Monarquías electivas y dos ejemplos buenos son los Visigodos y el Papado.

Por tanto, el problema político no es real si lo desvinculamos de la ideología, del sentimiento o de la pasión.  Es cierto que todo ello forma parte de nuestra forma de ser, pero también es verdad que podemos utilizar el raciocinio para encontrar soluciones más adecuadas para todos, y para ello, esto es, para utilizar la razón y el sentido común, conviene despojarse de prejuicios ideológicos, sentimientos y pasiones. Así, por lo que hemos dicho, la cuestión es la unidad de poder y la posibilidad de elegirlo, y es en esto donde reside el meollo de la cuestión. Si se da el caso de que algunos tengan empeño en que el poder sea hereditario, podremos responder que no hay un solo argumento racional para el tiempo presente para sostener tal posición: ni si quiera el de la estabilidad. Basta mirar a la Iglesia Católica.

Entonces, ¿puede y debe la derecha asumir como un reto político propio, como un profundo deseo de mejorar España precisamente en este tiempo, la defensa de un cambio político para lograr una forma de Estado republicana? Sí, puede asumir este reto de la República porque frente a las imposiciones del colectivismo que siempre es una forma de totalitarismo, la derecha es una garantía para construir una democracia de verdad partiendo de su compromiso con la libertad personal. Y sí, debe asumir este reto de la República porque sería una irresponsabilidad para con España volver a perder el tren de la historia por egoísmo, conveniencia o por no entender la evolución de la sociedad o no querer involucrarse en las cuestiones políticas y sociales más allá de sus preocupaciones económicas.

Otra razón importante por la cual la derecha debe liderar sin miedo el debate sobre la República es precisamente su marginación en el sistema actual. Me explico: la Monarquía instaurada en 1975 por deseo del General Franco ha buscado, por su propio interés de supervivencia, una legitimidad fuera de su propio origen. Esta nueva legitimidad se ha basado en un pacto preconstitucional con los enemigos de la Corona y de España, que son la izquierda y el separatismo. Así, aunque la derecha ha quedado relegada, ha resultado muy útil para dar imagen democrática al régimen, eso sí, comprometiéndose a respetar caso del llegar al Gobierno, los acuerdos básicos del consenso y renunciando a defender sus propios principios.

Profundizando ahora en la cuestión democrática de la República, la derecha tiene un gran reto, un reto realmente apasionante, pues, por razón del mismo principio democrático ya no tiene sentido defender la Monarquía en el sentido que se comprende esta forma de Estado: no tanto por su unidad de poder como por su carácter hereditario. No hay más que ver las soluciones, más bien apellidos, que han de darse a la Monarquía moderna para ocultar su incompatibilidad con la democracia: Monarquía de partidos, Monarquía constitucional o Monarquía parlamentaria. Porque con estos apellidos se quiere disfrazar el carácter no democrático, por cuanto no elegible, del Rey. Ocurre, además de que el Rey es una figura no elegible por el ciudadano, el hecho aún peor de que es inviolable, lo cual se opone a la igualdad ante la ley. Con ello, tenemos todas las garantías para la corrupción del sistema, del Rey abajo todos, porque suele ocurrir que el Rey acaba reinando y gobernando sin control posible. Desgraciadamente podemos comprobarlo en España.

Técnicamente –y continúo con el reto democrático que tiene una derecha nacional, democrática y moderna por delante-, por lo señalado en el párrafo anterior, la República puede ser –si se construye con cimientos serios y racionales, sin sectarismo- la gran posibilidad de libertad política para España. Porque mientras el Rey se reserva siempre un espacio de soberanía que excluye al pueblo, la República, por el contrario, garantiza que la soberanía resida de hecho en todos los ciudadanos de la Nación. Por tanto, con este nuevo enfoque, mantenemos la unidad de poder –el poder lo tiene el pueblo exclusivamente- y el principio democrático. Después, el pueblo puede delegar todo el poder que posee en los diferentes poderes y contrapesos para garantizar el correcto funcionamiento de las instituciones con independencia y libertad. Así se construye un verdadero sistema de democrático.

Por último, como conclusión, sostengo que la derecha puede y debe asumir el liderazgo de un cambio que llegará más pronto que tarde por una razón y un deber fundamental, que es el patriotismo. Porque por encima del Rey está la Nación y si la Nación puede peligrar por culpa del Rey, conviene recordar la sentencia de un elocuente orador de la Primera Legislatura de nuestra mediocre democracia, escrita en 1979: “la Monarquía es para el pueblo y no el pueblo para la Monarquía… Y dada la situación que vive hoy la Patria se hace necesario pensar en la República al servicio de la unidad y la libertad de España”.


8 comentarios:

  1. Dejando al margen algunas apreciaciones sobre la etimología, puesto que finalmente no deja de ser una cuestión secundaria a lo sustantivo del artículo, lo suscribo de la cruz a la raya. Simplemente quisiera subrayar que en esta cuestión España también va al revés del reloj de Europa - y diría aún de las coordenadas que enmarcan la civilización: si para que un extranjero entienda que en España la izquierda se imbrica con el nacionalismo más reaccionario hay que pedir al menos tres rondas, la cuarta cae inevitablemente si queremos todavía explicarle que la izquierda socialcomunista ha sido la principal valedora de la reinstauración monárquica. Y eso lo intuyeron y entendieron los dos líderes con más tirón que ha tenido la derecha desde el 1975, es decir, Suárez y Aznar, quienes tuvieron y guardaron unas enormes diferencias con el rey, lo que les llevó, de manera abierta en el primero y más o menos emboscada en el segundo,a articular el esbozo de una alternativa republicana a esa monarquía que, haciendo honor a su divisa popular ("los Borbones ni aprenden ni perdonan") pretende erigirse en su fatuidad como garante de la unidad de España, cuando es evidente que nos ha querido guiar por el camino opuesto, como claro igualmente es que la Nación , su existencia y vigencia, ha sido anterior a esa estirpe, que parece estar pidiendo que se la extirpe.
    Un saludo cordial,
    C.Balle

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  2. No estoy de acuerdo con el artículo porque ya de entrada decir que república es sinónimo de democracia y monarquía es como decir ni democracia, me parece que no está muy acorde con la realidad ya que no tiene nada que ver, es decir, que un país donde la Jefatura del Estado la ocupe un rey o reina, puede ser una democracia como en Noruega, Dinamarca, Gran Bretaña...y una república puede ser una dictadura atroz como Cuba, Corea del Norte, China...y a la inversa, es decir, que una monarquía puede ser una dictadura como Arabia Saudí y una república una democracia como EEUU o Francia.
    En el caso de España, yo soy monárquico, aunque no juancarlista, porque por su peso en la historia creo que debe quedar un reflejo en la actualidad de su gran obra dirigida por reyes...otra cosa es que haga falta una acción política reformadora para mejorar su sistema democrático.

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  3. Aspirante, lo que dices no se ajusta al contexto del texto, ya que habla de España, precisamente. De hecho, a mi me parece un error autocalificarse como monárquico porque la monarquía puede ser antinacional, como ocurre en España desde hace siglos. Respecto a la realidad de una República, a lo que realmente se supone que es, el argumento del principio democrático es irrebatible: lo de Cuba y otros no son repúblicas técnicamente, salvo que eso solo se refiera a la ausencia de Rey, cosa que sí ocurre: los regímenes de hecho son dictaduras y hasta hereditarias, vea Cuba o Corea. Y respecto a la Monarquía, si me defiende la castellana o hispánica, que era representativa, controlada, estupendo. Las modernas absolutas, son nefastas. Y en cuanto a las del norte de Europa no se puede ni comparar con la situación española y una monarquía así, aquí es imposible, entre otras cosas por la propia naturaleza de la dinastía... Yo, en estos momentos, por puro patriotismo, defiendo la urgencia de una República presidencialista, moderna, democrática. Gracias por escribir, buenos días.

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    1. El texto identifica república con democracia, y yo opino que si se basa en esa idea el texto, éste está equivocado porque hay repúblicas que son democráticas y monarquías que también lo son, y a la inversa. Y esto se puede trasladar a España...o acaso la II República española en 1936 era democrática?? Yo soy monárquico porque es la forma política mas adecuada para España y porque un Rey siempre tendrá una estrella mas que un general.

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  4. Esto no puede ser, don Blas, está usted perdiendo facultades. Le ha faltado poner al final del artículo dos vivas por Franco Bahamonde y Primo de Rivera.

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    1. Mejor vivas a Franco que a Fidel, listillo.

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  5. Estoy viendo en 13tv el programa "La marimorena". Hoy interviene el Sr. Glez Quirós al que se ha presentado como "ex-político de la UCD" y como "filósofo". Más tarde cuando se le ha dado la palabra me parece que lo "subtitulaban" como profesor URJC.
    ¿Ha abandonado ya VOX?

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