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jueves, 12 de septiembre de 2013

Portugal: una historia, una poesía, admiración, nostalgia...


Ella -no recuerdo su nombre- me miró con sus ojos verdes, claros, brillantes, e interrumpió mi discurso técnico...

-¿Sabes? -Empezó a decir con ese característico portuñol que tanto une cuando se tiene pena por no estar unidos-. Me gusta mucho de los españoles que sean directos... Nosotros damos vueltas para llegar.

No era guapa, pero sí atractiva. Dulce, inteligente, apasionada con su trabajo. Encantadora. Quise corresponder a su cumplido de forma inmediata -pues estábamos hablando de negocios-:

-Bueno, a mi me gusta la educación y los portugueses sois muy educados.

Ya no nos interesó volver a la negociación acerca de ciertos productos que podía venderles. Empezó a contarme por qué se dedicaban a la producción de flor de sal, un condimento gastronómico de lujo. Yo pensaba que aquella podía ser una empresa interesante para mi cartera de clientes, pues también se dedicaban a criar microalgas marinas con aplicaciones en cosmética y alimentación. Se habían instalado en esas salinas del Algarve cerca de Faro, una zona preciosa, buscando otra oportunidad empresarial... 

El Departamento de Biotecnología de una universidad católica del norte de de Portugal había descubierto que una microalga que crece en las salinas produce una molécula de interés contra el cáncer. Cuando por fin podían empezar a producir de forma barata y rápida varios lobbies presionaron para que los organismos que deben aprobar los medicamentos no se lo autorizaran, puesto que varias multinacionales vendían carísimo ése mismo componente químico tras obtenerlo por un proceso de síntesis... Para amortizar la inversión empezaron a producir sal y a buscar otros usos a las diversas especies de microalgas que allí crecían...Impactante.

Luego tenía que volver a España, pues tenía más trabajo en el Puerto de Santa María. Doñana impide ir directamente por la costa, con lo cual hay que ir vía Huelva y rodear Sevilla. Hay que saltar el Guadiana en Ayamonte, el Odiel, el Guadalquivir y el Guadalete. Grandes ríos, grandes historias...

Los 305 kilómetros me dieron para pensar... Portugal, ¿qué tiene Portugal que cuando vuelvo de allí una profunda emoción me invade como si dejara lo que es mío y que tanto quiero? ¿Será la división que otros proponen cuando casi la mitad de los portugueses verían con buenos ojos una península enteramente unida? ¿Serán sus paisajes o su luz que llega cristalina desde el Atlántico, el océano que nos llevó en sus olas y con sus vientos a América? ¿No fueron allí juntos españoles y portugueses, unos a por riqueza, otros a llevarla, estos a llevar cultura y fe, aquellos a soñar aventuras, muchos por vivir en libertad y tantos para sobrevivir? Y pensaba tantas cosas... Yo, que siempre he estado interesado por la política cuando la política hoy es tan poco apropiada para servir al bien común, ¿no pudiera ser que resurgía, aún débil y de otra forma, una vocación política aún más especial que consistiría en trabajar por esa unidad entre España y Portugal? Razonar, madurar, imaginar...¿Tonterías? Quizá fuera la luz. La luz de Portugal es especial...

Gracias a mi trabajo -me encargaron del mercado portugués hace casi tres años- he tenido la inmensa suerte de recorrer Portugal, desde Oporto a Faro, pasando por la universitaria Coimbra, Lisboa con todos sus alrededores... El Alentejo entrando por Extremadura, Viseu en la Sierra de la Estrella entrando desde Ciudad Rodrigo, el Algarve llegando desde Huleva... 

Hasta escribí una poesía mediocre en un vuelo de vuelta desde Lisboa a Madrid:

PORTUGAL:

Tierra de suave montaña,
De luz alegre y brisa calma,

Y de buena gente educada.

Vecina y hermana de España:

Tan cerca andabas del alma
Y te alejó una historia errada.
Nunca dejo de pensar,
Que el mundo tendrá bonanza
-Y seguro menos maldad-
Si el genio político alcanza
A recuperar nuestra unidad.
¿Acaso no puedo soñar?


Buenas noches, buenas tardes, buenos días...Que no se cuando leerá esto, pero es algo distinto de la dura actualidad que padecemos. Mejor, por eso, soñemos.