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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Gritad alto y claro: ¡Sí a la Vida, sí a la Familia!

Nada más apropiado que, en estas fechas de Navidad -días en que celebramos el gran Misterio de la Historia-, manifestarse públicamente para defender la Vida y la Familia. Recordaba Juan Pablo II que “la Familia es el lugar donde la Vida encuentra su mejor hogar.”


El aborto en España no deja de crecer: síntoma de la corrupción moral de una sociedad que ha perdido el norte, la disciplina básica y toda educación. Se puede ser muy comprensivo con la mujer que se ve abocada al aborto: se puede ser comprensivo con la desesperación, la maldad, la frivolidad, la estupidez, la ignorancia o la brutalidad. Pero cada vez cuesta más entender el dislate de quien aborta, en una sociedad que tiene a su disposición todo tipo de métodos anticonceptivos. Lo que sí se comprende rápidamente es que éstos no son solución a la irresponsabilidad humana. Pero nadie quiere preguntarse por qué el aborto crece a ritmos del 5 % anual –hasta los 118.000 en el último año en España-. A esta crucial pregunta se contesta así: porque es un drama querido por ciertas estrategias y además es un negocio; es una sinrazón que pretende transformar –hasta peor que animalizar- la sociedad. Y lo logra con creces. No es una cortina de humo -como dijeron los políticos del Partido Popular cuando la nueva ley de Zapatero-. Es la culminación de todo un proyecto para minar cualquier atisbo de civilización: no hay mayor aberración que el derecho a matar al ser humano más indefenso.


Pero ése Partido Popular, al que votan tantos católicos desnaturalizados, mantiene después de un año las leyes del crimen abominable. Esos católicos peperos –siempre peperos antes que católicos y que tanto recuerdan a esos nacionalistas católicos, siempre nacionalistas antes que católicos- hicieron de altavoz de esa reforma de la Ley del Aborto que algún día haría Gallardón. Todavía estamos esperando, 118.000 asesinatos después. Tal es la sinrazón, tal la corrupción, tal el delito de los que lo promueven y lo permiten o lo apoyan con su voto. Absurdo, además, por cuanto en España tenemos uno de los índices de natalidad más bajos del mundo. Cualquier economista no partidista habla del drama que se avecina por el envejecimiento de la población y la bajísima natalidad que padecemos.


Por eso urgen políticas de apoyo a la familia: la única. No entran aquí otros supuestos que son unión, sobretodo, de intereses y con fines ideológicos bastante oscuros. Debemos luchar por la  familia que de verdad es capaz de mantener, cuidar o generar vida y educar, esto es: la familia que hoy es perseguida. La única que existe como tal. No la que es fomentada en esos siniestros programas ideológicos diseñados en los despachos de quienes quieren dirigir el mundo. Nada más estúpido el comportamiento del progresismo que, creyendo luchar contra los poderes fácticos o ese monstruoso dominio financiero de los poderes mundiales, se convierte en su perfecto aliado cuando disuelve los cimientos de la auténtica civilización que genera ciudadanos libres, responsables, con principios y valores, que permiten construir una sociedad mejor precisamente por oponerse con fuerza a los avaros del poder. Ya lo dijo León XIII hace 128 años: “algunos trabajan para anular los valores morales, aniquilar las Instituciones y disolver a la multitud en los vicios para así manejarla mejor…” No hemos mejorado; al contrario.

En estos días que llegan tenemos posibilidad de manifestarnos en apoyo de iniciativas por la vida y la familia.


El 28 de diciembre, VIERNES, en Madrid, frente a la Sede del PP en Génova 13, a las 19: 30 h. Convoca AES. También podéis firmar contra el aborto aquí: http://abortocero.org/


El 30 de diciembre, DOMINGO, en Madrid, en la Plaza de Colón, se celebra la Eucaristía de las Familias, presidida por el Cardenal Rouco Varela.


Es urgente que cada ciudadano tome conciencia de que nadie va a ayudarnos y que por eso cada granito de arena suma. No se puede uno quejar cuando no ha hecho nada. La movilización podrá no aportarnos nada a nosotros: pero la lucha es necesaria por nuestros hijos. Por eso no faltéis y gritad alto y claro, con toda razón, más que nunca: ¡Sí a la Vida, sí a la Familia!