En la tarde de un día como hoy, hace 75 años, desde el Protectorado español en el norte de África, el General Franco dio la orden que la España que quería seguir siéndolo estaba esperando.
Desde el día 13 de julio, día en que por orden directa del Gobierno se asesina al dirigente de la oposición de la derecha José Clavo Sotelo, la mayor parte de la gente decente, incluso miembros tan destacados como irresponsables del gobierno de ultraizquierda antiespañola, saben que el desastre se acerca.
Desde que la izquierda se apropiara del poder en el mayor pucherazo de nuestra historia –jamás se publicaron sus resultados- el poder rojo se dedica a armar al pueblo, para por fin consumar la ansiada revolución totalitaria que había fracasado en octubre de 1934. Con razón, algunos historiadores ya sostienen que ésa es la fecha del inicio de la Guerra Civil.
En Toledo, por ejemplo, donde tendrá lugar una de las mayores gestas de la historia bélica mundial, el mismo 20 de julio, el Gobierno republicano intenta apoderarse de todas las municiones de la Fábrica de Armas –prueba de su interés en hacer su guerra también-, y ordena a su Director que las entregue a los milicianos…Pero unos valientes militares las trasladan al Alcázar, donde ya unos centenares de compañeros han decidido ponerse del lado de España.
No se puede olvidar que ésta Guerra, en sí misma, supuso una Cruzada. Olvidar eso, o disminuir su importancia es claramente una mentira más de tantos falsos españoles. Una Cruzada para defenderse del odio a la fe del pueblo y que había acabado con la vida de 10.000 sacerdotes y religiosos.
Ya son muchos los expertos a todo nivel, dentro y fuera de España, que ajustan la historia a la verdad, contribuyendo a desmontar tantos tópicos en los que se contradice el mismo de que “los vencedores hacen la historia”. Falso, desde entonces hasta estos mismos días, ya por orden y financiación del Gobierno, un montón de basura cubre la historia de los españoles más valientes que jamás hubo. No somos conscientes de su tarea, a la que debemos la misma existencia de España, a pesar de los continuos intentos de tantos para hundirnos del todo.
Quizá por error muchos otros combatieron de buena fe, con su amor confundido a España y con heroísmo, en el Frente Popular. Pero los objetivos del Frente Popular eran la aniquilación de lo que España significaba, con su fe y sus tradiciones. El Frente Popular no luchó por España ni por una España como ellos la entendían. Ellos odiaban a España y querían hacer de ésta Nación –la más antigua- un satélite ruso más, una provincia bajo la peor tiranía que haya conocido la historia de la humanidad. Por eso, por ejemplo, Paracuellos: había que aniquilar, como se hizo en Katyn con las élites polacas, a cualquier buen español. No, aunque fue un duro enfrentamiento, los dos bandos no se comportaron igual, guste o no a esos falsos demócratas deseosos de resucitar los odios.
Y por eso, fastidie a quien fastidie:
El Alzamiento no fue un golpe de Estado contra ninguna democracia, al contrario, fue necesario para la propia salvación de España de la revolución totalitaria que venía preparándose desde el poder. No fue más violento que lo fueron las izquierdas con ellas mismas y con sus enemigos.
El régimen nacido del 18 de julio, a pesar de contar con diversos tipos de traidores desde el inicio, como daremos cuenta pronto en LA TESIS PROHIBIDA (a la venta en septiembre), permitió el desarrollo de España, la generación de una gran clase media, la alfabetización de la población, un maravilloso sistema de Seguridad Social, una Universidad con muchas eminencias en la que tanto aprendieron quienes ahora abominan de Franco, un desarrollo en infraestructuras de todo tipo como nunca se hizo; además, nos puso entre las naciones más potentes del mundo -novena potencia en 1975 viniendo del tercer mundo en 1936- y desarrolló enormemente la producción cultural contra lo que dicen los que fomentan el embrutecimiento de sus adeptos. Y todo ello con una presión fiscal mínima, con casi apenas corrupción y con sólo unos 700.000 funcionarios en su máximo…
Cosas todas ellas, por cierto, de las que no fue capaz la Segunda República, controlada por un contubernio de idiotas y totalitarios socialistas, masones y torpes de diverso pelaje, irresponsables todos, que nos arrastraron al peor enfrentamiento –por ser entre hermanos- que puede ocurrir en una Nación. Que no se vuelva a repetir. Por eso damos las gracias a ésos valientes que se alzaron por España y por Cristo. Sus enemigos nunca podrán vencerles a pesar de la valiosa ayuda que reciben de la estúpida derecha que no reconoce el valor del glorioso Alzamiento. Yo al menos, con esos valientes del 18 de julio del 36, quiero decir: ¡VIVA SIEMPRE ESPAÑA!