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sábado, 20 de junio de 2015

Laudato Si: la crisis ecológica es la manifestación de la crisis de la modernidad


Nada es casual, todo está conectado, insiste Francisco en su nueva encíclica, que ya genera polémica, porque defender la verdad siempre nueva del Evangelio resulta insoportable en los ambientes mediáticos que no admiten la existencia de una verdad única y objetiva... Vivimos en la cultura del relativismo surgido del antropocentrismo racionalista que no admite límite alguno a una irreal autonomía humana y el Papa es contundente cuando plantea el problema de la ecología, el del cuidado de la casa común: la crisis de la ecología es la manifestación externa de la crisis cultural y espiritual de la modernidad, afirma...

Todo está conectado: rezando esta mañana, y reflexionando sobre lo que quería escribir, he leído el maravilloso evangelio de Mateo que hoy lee la Iglesia: no podéis servir a Dios y al dinero... Mirad las aves que vuelan, no siembran, no cosechan, no guardan en almacenes... Vosotros valéis más que ellas... (Mt , 24-34)

Este texto nos sitúa ante la dimensión teológica que plantea el Papa para desarrollar, empezando por la ecología, la luminosa doctrina social de la Iglesia, elaborada durante siglos, madurada por los sabios, iluminada por los santos. Quienes quieren creer que este Papa dice cosas nuevas o que la Iglesia aborda cuestiones nunca antes meditadas, o quienes ignoran el rico pensamiento católico, quedan desconcertados por Francisco, porque insiste citando a sus antecesores desde el principio (p. 3 y siguientes) con lo que dice siempre la Iglesia y recorre bellísimos textos bíblicos, que son un canto de amor a la creación (p. 65 y siguientes).

Evidentemente la interpretación de un lenguaje sencillo puede llevar a entender mal, y a mi me parece algo complejo asumir en este documento la teoría del cambio climático antropogénico (p. 25) que es algo sostenido por oscuros intereses de poder, pero ojo, que el Papa insiste en su autoridad: este texto se incorpora al Magisterio social de la Iglesia (p. 15). El texto que nos regala Francisco tiene puntos más ricos y urgentes que prefiero comentar:

Hay una constante en el documento:  denuncia un clamor de la tierra y de los pobres, una injusticia, una inmensa desigualdad. Urge cambiar de vida. Desde nuestro cómodo primer mundo olvidamos los miles de millones de seres humanos hacinados, hambrientos, radicalmente pobres y abandonados en los países pobres. Hay explotación y abuso. El desprecio a la persona acaba siempre en desprecio al medio ambiente (p. 43 y siguientes). 

En el punto 93 tenemos un posicionamiento tradicional que causa verdadero revuelo a quienes no quieren límites a la propiedad privada y algunos se sorprenden de que la Iglesia hable del Bien Común (cita al Concilio Vaticano II para recordar esta doctrina, por cierto) o que recuerde que el derecho a la propiedad privada no es absoluto sino que tiene una función social... A algunos católicos liberales les pasa como a los católicos nacionalistas, que acaban siendo más de lo segundo que de lo primero. ¿Acaso olvidamos la doctrina social cristiana o no hemos leído el impactante evangelio del rico y el pobre Lázaro, o la historia del joven rico, o la de la aguja y el camello? Quedarse con la parte de la doctrina que nos conviene es otro fruto pervertido de ese antropocentrismo moderno desmesurado, devenido con lógica en puro relativismo (p. 115 y siguientes). Sirvan como ejemplo de profundidad y contundencia estas afirmaciones: Dado que todo está relacionado, no es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto (p. 120) y está pendiente una nueva síntesis que supere falsas dialécticas de los últimos siglos (p. 121).

Posteriores desarrollos sobre la tecnología, la globalización, el conocimiento, la innovación de la biotecnología, el derecho al trabajo, la política internacional y otros puntos que van surgiendo con el desarrollo de la humanidad, plantean de forma meditada cuestiones inminentes que no se consideran en su importancia en la intelectualidad oficial... La política no debe someterse a la economía (p. 189)... ¿Lo entenderá la derecha española sin principios?

El capítulo sexto, del que poco se hablará, porque pocos llegarán a leerlo o porque no interesará que se conozca, habla de la espiritualidad ecológica, donde se propone cambiar de modelo de vida y dejar el consumismo obsesivo en un mundo donde parece que se defiende una libertad reducida a una libertad para consumir (p. 203). Y frente a las acusaciones de pesimismo, responde en las últimas líneas, porque si bien el problema considerado es dramático y urgente, habla de gozo, paz y de que no todo está perdido (p. 209 y siguientes) y hace propuestas concretas que deben considerarse a nivel social, económico y político. Quienes tienen prejuicios y han clasificando a Francisco desde la simplista óptica que interesa al poder mediático mundano, es decir, los que hablan desde la falsa y cansina dialéctica de derecha-izquierda y de liberalismo-socialismo,  seguirán sin aprovechar este rico mensaje que llega muy oportunamente, porque no es ni más ni menos que presentar la doctrina social de la Iglesia desde el apasionante reto de cuidar la obra de de Dios, que es una creación de la que formamos parte y que también ha recibido, no lo olvidemos, la salvación de Cristo... Las dos oraciones finales que el Papa propone son bellísimas. Lean este documento antes de opinar, por favor. Se alegrarán.

jueves, 21 de marzo de 2013

NO ME INTERESA BERGOGLIO, ME INTERESA FRANCISCO: EL PAPA JESUITA

Desde la renuncia de Benedicto XVI hace más de un mes, el mundo ha hablado sin cesar de la Iglesia. De pronto, la elección sorprendente de un argentino, ha suscitado todo tipo de comentarios, si bien la mayoría positivos, alegres, con esperanza de renovación, incluso desde quienes desde su miopía esperan que el Papa haga cualquier disparate.
Por primera vez en años, las numerosas portadas sobre la Iglesia hablaban del nítido mensaje de Cristo y no de los escándalos que algunos de sus pastores estaban provocando… En sí, ya es un motivo de alegría. Desde todos los ámbitos, se ha reconocido, cuando más terrenalmente, la capacidad de la Iglesia para renovarse, para llamar a alguien distinto, ajeno al entramado de poder vaticano, con capacidad de cambiar las cosas, llamando a un pastor, a un jesuita y a un no europeo; y cuando más espiritualmente, ha reconfortado que se llame a un hombre de predicación sencilla y cercana –el Papa no tiene por qué ser siempre una eminencia en Teología-, un hombre preocupado por rescatar la belleza de la sencillez evangélica haciéndose llamar Francisco, por el santo de Asís, auténtico reformador de la Iglesia en un tiempo oscuridad mayor que la presente: recuerden los sueños de Inocencio III viendo que la Basílica de Constantino se le venía encima hasta que un hombre harapiento la sostenía. Reforma y vuelta a la autenticidad son constantes en la Historia de la Iglesia. Maravilloso. ¿Alguien cree que los cardenales, auténticas eminencias, se equivocan asistidos divinamente?
Pero entre todos estos motivos de alegría, mal ejemplo están dando algunos católicos –también algunos sacerdotes- ante la impresionante llegada a su Cátedra del nuevo Vicario de Cristo, el Papa Francisco. Y son los que más presumen de pureza… Dios juzgará su corazón triste. Pero diremos unas cuantas cosas para parar la irrupción de la tristeza, uno de los sentimientos más opuestos a la fe cristiana. ¿Por qué algunos hurgan en el pasado de Francisco en vez de dedicar energía a intentar comprender por qué Dios ha llamado a éste nuevo Vicario? Ya no es Bergoglio. Ya no es un obispo argentino. ¡Es Pedro, el Obispo de Roma!
Hoy visitaba a una sencilla mujer –casi como una madre- en un Hospital Público atestado de neumonías de final del invierno…
-¿Qué te parece éste Papa, Blas? ¡Qué buena pinta, que hombre tan bueno y tan humilde, qué bien que hable de la pobreza y se llame Francisco!
Ya lo dijo Cristo: “has revelado Padre estas cosas a los sencillos.” Pero ahí tenemos una minoría de católicos que cometen el mismo error que tantos cismas provocó: crítica preventiva o directamente odio al Papa y selección de la doctrina a conveniencia. Esos críticos buscan frases sacadas de contexto para intentar pillar al Papa progresista que se han dejado construir en su mente.  Centrémonos en lo positivo, que es mucho.
Tenemos un Papa jesuita. El primero. Han llamado los cardenales -al parecer con una unanimidad impresionante- a un Papa de Hispanoamérica que es jesuita. Es impresionante, dada la Historia reciente. Yo me he educado en los jesuitas y conozco bien los desencuentros entre Roma y la Compañía. Grandes retos tiene la Iglesia en el continente que cree gracias a España. Pero mucho más en ese Ejército de San Ignacio, la Compañía del Salvador que tan grandes servicios prestó a la Iglesia, que tantos santos dio para mayor gloria de Dios, pero también, en las últimas décadas, notables disgustos. ¿Acaso hoy la Compañía no tiene en el nuevo Papa un referente al que obedecer, para llegar a la superación de un recelo histórico desde que Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger remataran esa escandalosa y pervertida Teología de la Liberación que tantos disgustos también dio a un Provincial jesuita llamado Bergoglio? ¿Acaso Dios intuirá que a uno de los suyos no tendrán más remedio que hacerle caso, para volver a sus raíces fundacionales, tal y como les han rogado, de todas las maneras, Juan Pablo II y Benedicto XVI? ¿Acaso un cardenal polaco y uno alemán, luego enormes y santos papas, no fueron verdaderos reformistas en el Vaticano II, formulando mucha de la doctrina aún desconocida y tan mal interpretada por unos y otros? ¡La Compañía ha sobrevivido a peores embestidas de los poderes del Mal!
Pero, con la renuncia de Benedicto XVI podemos decir que se cierra el capítulo de  la gran crisis del Concilio; eso ya se ha superado y la Iglesia se enfoca de nuevo –tras afianzar la Verdad- en propagarla. Entonces, ¿por qué hay católicos que se prestan a usar esa terminología política, tramposa y dañina, que califican a los papas de progresistas o conservadores cuando son los guardianes de la fe de siempre? Que cometen errores en cuestiones mundanas nadie lo puede dudar. Pero son injustos quienes están calificando un papado en sus inicios por el pasado de un cardenal.
No señores, no interesa Bergoglio. Céntrense en y amen a Francisco.

martes, 19 de marzo de 2013

Los juancarlistas odian a la Monarquía

Cuando leo Historia, cada vez me fijo más en esos detalles de la vida privada o de la forma de ser de sus protagonistas, que desencadenan grandes cambios en el rumbo de las sociedades, a veces con consecuencias trágicas. Así, la soberbia y el rencor de un agustino del siglo XVI, con algo de razón y manipulado con ciertas dosis de política, desgarró Europa hasta el día de hoy…
En España, asistimos a la comprobación de los ya sabidos amores y negocios del Rey, peores los segundos que los primeros, y nefasta la combinación de ambos en el personaje de su novia Corinna. Nada nuevo salvo que se están publicando detalles y pruebas de ciertos escándalos que han acompañado a Juan Carlos I desde la muerte de Franco. Todo ello, en los días en que un Papa renuncia y la Iglesia llama a otro capaz de una regeneración urgente, nos hace preguntarnos: ¿por qué el Rey de España no abdica?
Siguiendo con la comparación, podemos decir que Benedicto XVI había cumplido su misión, tenía la conciencia tranquila y el impulso del Espíritu Santo. En cambio, el Rey está retenido por su propio pasado, esconde numerosos delitos y le paralizan una serie personajes abundantes conocidos como los juancarlistas, que han sido y son, los principales enemigos de la Monarquía. Yo, precisamente por admirar la Monarquía Hispánica, su gran Historia y sus grandes reyes desde Pelayo, no puedo ser, ni seré nunca, juancarlista.
El juancarlismo es esa suerte de intereses que han utilizado y corrompido a un Rey encantado de dejarse utilizar y corromper, para que un grupo de amigotes se forrara mediante la corrupción y el mal gobierno, sin importarles en absoluto que, mientras se dedicaban a los negocios sucios cargados de suculentas comisiones engordadas en los presupuestos del Estado –nuestro dinero-, España se fuera arruinando, corrompiendo y dividiendo, hasta el punto de que la nación entera se halla –ya desde hace varios años- en un proceso terminal. Juancarlistas pasivos -y torpes- han sido todos los españoles adormecidos por los medios de manipulación.
¡Cuánto se habrán reído los entrañables amigos Juan Carlos y Corinna cuando, entre sus negocios saudíes, algún inepto adepto, repetía la consigna de que el Rey es nuestro mejor embajador! ¡Qué cantidad de mentiras ha construido el juancarlismo para esconder la porquería de un Rey –y de toda una familia- dedicada a enriquecerse a costa de los españoles! Con el caso de Urdangarín por ejemplo, hemos visto bien aplicada la lección del Lazarillo: si la Casa callaba durante años porque Iñaki se comía las uvas de dos en dos, era porque ellos se las comían de tres en tres. Y ahora todo estalla porque peligra el puesto de ese hábil periodista que, si ya derrocó al felipismo, no duda de que debe derrocar al juancarlismo cuanto antes para seguir en el cargo. Pero es el juancarlismo lo que es radicalmente enemigo de la Monarquía y con razón se ha dicho que en España –desde los borbones- nunca hicieron falta republicanos.
Si el Rey tuviera más respeto por la Patria y la Corona, ya se habría ido. Pero los borbones no se fían tanto de sus hijos como para dejar el cargo justo cuando todo su pasado de corrupción e inmoralidad se les viene encima. Lo que necesita la nación es un cónclave profundo para dar paso, de una vez, a la auténtica democracia donde, si nos roba, se pueda echar al Presidente del Gobierno o, incluso, al Jefe del Estado sin esperar a que, víctima de sus propios delitos, tenga que esperar a atar todo bien atado antes de abdicar. Porque en esas estamos y la nación se desangra.

domingo, 10 de marzo de 2013

El reto del nuevo Papa: “se puede ser moderno y fiel a Cristo” (Juan Pablo II)

Dedicado a @paterdavid, porque conversando con él, decidí escribir este artículo...
-¿Por qué no estás alegre? –pregunta el Padre bueno a su hijo mayor, que refunfuña apartado porque el hijo menor había regresado tras dilapidar su parte de la herencia paterna. Y con el mismo amor con el que había recibido al que volvía arrepentido, invitaba al siempre fiel a incorporarse a la fiesta…
Estamos en el Cuarto Domingo de Cuaresma, conocido como Domingo de la Alegría, día especial en un tiempo de oración y penitencia. Y hoy se lee el Evangelio de la Parábola del Hijo Pródigo. A la vez, toda la Iglesia católica está orando, y el resto del mundo expectante, ante la semana decisiva en la que –casi seguro- un nuevo Papa será elegido.
Está siendo francamente interesante la cobertura de los medios de comunicación de todo tipo, y con diferentes intenciones, en relación a la Iglesia católica: papables, entrevistas, reflexiones, conspiraciones absurdas, artículos... Desde que Benedicto XVI anunciara su renuncia, todo el mundo mira a Roma. No es para menos: vivimos un tiempo decisivo, crucial, en el hemos de elegir entre civilización o barbarie. No es una exageración. El nuevo Vicario de Cristo será fundamental, no sólo para toda la Iglesia, sino para un mundo perdido, sin rumbo, sin mapa y sin referencias.
Es cierto, y triste, que muchas personas estén aceptando una información muchas veces sesgada sobre lo que ocurre en la Iglesia. Peor aún es que muchos católicos se dejen manipular, poniendo en peligro su fe, su paz espiritual y su esperanza, por esa misma información tergiversada. La elección del Papa no se realiza entre luchas políticas, batallas de progres contra carcas, o entre conspiraciones masónicas y misas negras, o siguiendo los dictados del mundo ni, mucho menos, entre cardenales ávidos de poder. Al contrario: pocas veces en la Historia de la Iglesia hemos encontrado un colegio en el que abundan cardenales preparadísimos para ésta gran tarea. Es más, si el Papa ha renunciado después de vivir “tiempos en los que el Señor parecía dormir” es porque es consciente de que por fin “se ha barrido la suciedad que había en la Iglesia.” Efectivamente: “Es Cristo quien conduce la Iglesia, la barca es suya y no la deja hundirse” y “la palabra del Evangelio es la fuerza de la Iglesia. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.”
Entonces, si esto nos ha dicho Benedicto XVI el día antes de renunciar al papado, ¿por qué hay tantos católicos que no están alegres?  El tema es complejo y llevo reflexionando sobre él muchos meses. Porque el mismo Papa nos ha dicho que los problemas de la Iglesia no vienen tanto de fuera como de los enemigos interiores.
La Iglesia sufrió una profunda crisis durante la segunda mitad del siglo XX que Juan Pablo II y Benedicto XVI supieron, primero controlar y luego erradicar, durante sus pontificados. Ya no se puede hablar de una Iglesia de conservadores y progresistas. Estamos en otro tiempo. Estamos, de hecho, empezando a comprender lo que dice el Concilio Vaticano II después de habernos dejado manipular por sus interpretaciones. Cualesquiera de los que se quieren colocar en uno de los dos bandos de tiempos ya remotos no hace sino contribuir a la falta de alegría. Pocos saben, de hecho, que en España están aumentando las vocaciones a un rito del 6% en los últimos tiempos y que, en las diócesis y las órdenes religiosas fieles a la fe, no faltan nunca nuevos miembros.
El nuevo Papa tiene el reto de predicar al mundo de hoy, con palabras de hoy, el mensaje de siempre. ¡El mundo necesita más que nunca de la Palabra que es Camino, Verdad y Vida! Debe hacer realidad aquello que dejó dicho Juan Pablo II al despedirse de España: “se puede ser moderno y fiel a Cristo.” Ésta breve, pero profundísima frase, encierra, junto con ésta otra de Benedicto XVI –“la Modernidad tiene valores positivos porque nacen precisamente del cristianismo”-  el gran reto de la Iglesia: conjugar Tradición con un mensaje para un mundo que necesita encontrar fundamentos a una razón perdida. Así, llegando a España, Benedicto XVI dijo en el avión: “el renacimiento del catolicismo en la época moderna se produce sobre todo gracias a España, donde figuras como San Ignacio, Santa Teresa o San Juan de la Cruz dan forma a la fisionomía del catolicismo moderno. Pero es también verdad que en España nació una laicidad, un secularismo fuerte y agresivo, como vimos en los años treinta. Este choque entre Fe y Modernidad, ambas muy vivaces, tiene lugar de nuevo hoy en España". Por eso "el futuro de la Fe y el encuentro entre Fe y laicismo tienen su punto central en la cultura española". Es el gran reto, otra vez, de la Iglesia. Sin duda.

Porque hoy vivimos las consecuencias de una Modernidad extraviada. La Modernidad es el proceso que nace en ambientes intelectuales cristianos –las universidades de Europa-, en el que se buscan, legítimamente, nuevas respuestas desde una autonomía humana –dejando de lado las antiguas estructuras de pensamiento típicamente católicas-, porque el mundo estaba cambiando ante los nuevos avances sociales, políticos, científicos y filosóficos. Si bien España produjo sabios y santos que supieron responder al reto conservando la esencia de la fe, en el resto de Europa, con el tiempo, tal proceso se extravió haciendo absoluta la razón, negando a Dios y, con toda lógica, acabando en el relativismo más absurdo e irracional que hoy padecemos.
Frente a las diversas corrientes de pensamiento que con sus errores provocaron desde los totalitarismos a las guerras mundiales, la Iglesia supo siempre alertar, en una lucha agónica, de las causas que estaban produciendo tan nefastas consecuencias. Ahí está la doctrina del XIX y de la primera mitad del XX. Pero quizá la Iglesia –qué bueno es eso de saber reconocer los fallos- se enfrentaba a un mundo sin comprenderlo totalmente, condenaba a unos hombres errados a veces sin amarlos y, asumiendo el gran papel encomendado, protegía el tesoro de la Fe de una manera que también lo hacía inaccesible aunque, es evidente, que gran parte de los poderes del mundo tampoco estaban interesados en conocer lo que la Iglesia tenía que decir… Fe y Modernidad parecían irreconciliables.
Pero ahora vivimos un tiempo nuevo. Juan Pablo II y Benedicto XVI se han distinguido por un profundo diálogo a todo nivel con el hombre de hoy, con los hombres que padecen los errores de la Modernidad, y no para condenarles sino con el objetivo de encontrar los puntos de reconciliación, que los hay, y son numerosos. Ha sido posible porque estamos ante dos gigantes del pensamiento, cargados de Fe y Razón, capacitados para responder sin titubeos a los complejos retos de un pensamiento desnortado. Si ellos han dejando sentadas las bases teológicas y filosóficas necesarias para comprender y responder al mundo de hoy, el reto del nuevo Papa es comunicarlas a un mundo hambriento de esperanza.
Así, Benedicto XVI ha barrido la basura que carcomía a la Iglesia, ha seleccionado obispos y cardenales fabulosos, ha consolidado la enorme doctrina de Juan Pablo II, ha avanzado más de lo que nadie imaginara en las vías de diálogo con las otras comunidades cristianas y ha rematado su valioso pontificado con su renuncia  dejando boquiabierto al mundo y despertando a tantos católicos dormidos, de manera que todos los ojos de la humanidad se centran ahora en la elección de su sucesor, que será sin duda un Papa más bien joven, pastor, valiente, comunicador, sorprendente y que hará mucho más por sacarnos de la grave crisis que vivimos, que cualquier medida financiera que tomen los bancos centrales, porque no se debe olvidar que nuestra crisis es, ante todo y sobre todo, espiritual.
¿Cómo no vamos a estar alegres?

sábado, 29 de diciembre de 2012

¿Qué es una madre? (Inspiración de Navidad)

Gracias a una madre, el universo descubrió de nuevo el rumbo hacia lo Divino. Ser madre es la cosa más importante que se puede ser en la vida. Después, de lejos, están los padres. Ser madre es un don. Nada como la tradición y la familia cristiana para ensalzar la figura de la madre. El progresismo destructor se ha cebado con la maternidad, porque una madre es lo más grande que puede ser un ser humano en la tierra.

Una madre sabe lo que te pasa con mirarte a los ojos y te advierte con tiempo suficiente de ciertos riesgos: esa amistad, ese aprovechado, ese traidor, esa empresa, esa asociación, esa amiga… Las madres, cuando lo son de verdad, siempre saben todo eso y mucho más. La intuición de una madre es angelical, en el sentido teológico del modo de conocer. Las madres nunca reconocen que se cansan porque siempre quieren estar preparadas para atender a todos. Son incombustibles y están pendientes de cualquier detalle, por muchos que haya en la familia. Hay madres que además de sus hijos, tienen capacidad para más. Tal es el Don que han recibido. Siempre merecerán admiración. Cuando el padre asume que la madre es capaz de resolver las cosas de una forma mejor, todo funciona de maravilla. El feminismo quiere mujeres que renieguen de la maternidad porque el feminismo es una forma sutil de odio a las mujeres. El feminismo quiere liberar a la mujer  precisamente de ser mujer, para convertirla en la peor copia de un hombre sin moral. El feminismo es ideología al servicio del socialismo y de la destrucción de valores. Su fruto más negro es el aborto: el aborto como derecho, como el siniestro derecho a matar a tu propio hijo: una aberración que sólo se entiende desde una concepción puramente religiosa y técnicamente satánica. La foto más dura que puedes ver es un feto triturado durante su gestación, y la de su madre con los ojos perdidos, la vida vacía y el alma destrozada si no llega pronto una mano de amor divino que la sane.

Las madres son sagradas, porque de una mujer que quiso ser madre dependió todo lo bueno que hay en nuestra vida: el mismo Dios “quiso depender del sí no forzado de una mujer para salvarnos” (Benedicto XVI). Y no sólo a nosotros, los humanos, sino a toda la creación: un cielo nuevo y una tierra nueva. Por eso el primer sano cuidado por la ecología es nítidamente cristiano. El ecologismo, en cambio,  casi siempre es ideología para oscuros intereses. Detrás de muchas organizaciones ecologistas y feministas sólo hay ciertas sectas encargadas de pervertir nuestra mejor herencia cultural. La naturaleza ha sido considerada madre por esos pueblos que siempre esperaron un grito de liberación, y que Dios mismo daría muy  pronto para restaurar el orden perdido. La Iglesia es también nuestra madre. Ser madre es el mejor símbolo de amor.

Se descubrió hace poco que ante la sonrisa de su bebé recién nacido una madre recibe una descarga de ciertas hormonas con un efecto positivo semejante al de la cocaína, pero sin sus efectos adversos. El bebé sabrá siempre quien es su madre, desde la gestación. Romper el lazo  madre-hijo es rasgar uno de los tejidos de amor más precioso y por supuesto que tiene consecuencias. Es muy difícil que nada vaya bien sin tu madre, por eso siempre es un consuelo que, si un día te falta, saber que tu madre está en el cielo, que es una manera aún más presente de estar aunque sin duda más misteriosa. Nunca olvides a tu madre. Haz siempre lo que puedas por tus hijos.

Las madres son lo más importante que se puede ser en la vida y el mundo necesita cada vez más de madres que den la vida por sus hijos. Ser madre es sufrir y llorar, pero los mejores frutos no se consiguen sin grandes esfuerzos. Hay miles de ejemplos de madres que a lo largo de la Historia lograron cambiar el rumbo que habían tomado las vidas de sus hijos. No es cierto que detrás de un gran hombre haya una gran mujer: es más probable que hubiera una buena madre. Tampoco es verdad que los padres o las madres son los que peor conocen a sus hijos, porque tu madre sabe qué piensas por el tono de la voz y, sin un día la ofendiste, te lo dará todo de nuevo por una lágrima de perdón. Las madres son una figura sabia, son la belleza más bella que puede alcanzar una mujer. Una madre vela las noches por un hijo enfermo y cada hora de sueño perdido es energía para un amor inacabable.

Si hoy he escrito esto es porque tengo la suerte de conocer a muchas madres maravillosas, unas cercanas, otras no tanto. Para todas ellas: sois el mejor ejemplo para lograr una vida plena.


domingo, 5 de agosto de 2012

Lecturas de verano: 4-¿Qué pretende el Papa convocando ahora un Año de la Fe?

En una breve Carta Apostólica publicada en octubre de 2011 y titulada Porta Fidei, Benedicto XVI ha convocado un Año de la Fe desde el 11 de octubre de 2012, cincuenta aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y veinte de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, hasta el 24 de noviembre de 2013, Fiesta de Cristo Rey.

¿Por qué? El Papa dedica unas páginas interesantísimas para explicar el motivo de tan importante convocatoria.

Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas... No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta.

Sobre la importancia del Catecismo, insiste: …el Catecismo de la Iglesia Católica, fue promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido como instrumento al servicio de la catequesis, realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado.

Sobre la importancia del Concilio Vaticano II,  proclama con fuerza: Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza. Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia.

El Papa recuerda en este breve documento, el vital testimonio que debemos dar los creyentes: Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo… Esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble…La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe.

Además, Benedicto XVI repite, una vez más, la importancia de conocer la fe de la Iglesia: …el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios.
Y termina con una preciosa llamada al fruto de la fe auténtica, el amor:

El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino.

No dejemos que la sal se vuelva sosa.

Aquí el documento completo, es breve y merece la pena:

viernes, 27 de julio de 2012

Lecturas de verano: 1-¿Pero qué van a decir los obispos del amor humano?

Inicio hoy y hasta finales de agosto, una serie de recomendaciones de lecturas, a las que siempre será fácil acceder mediante un link, sobre los más diversos temas; lecturas que me han gustado y de las que creo que se pueden sacarse conclusiones positivas necesarias para la España de hoy…

¿Pero qué van a decir los obispos del amor? Es sólo un título polémico para que te hayas animado a pinchar en el link de mi blog y leas este documento maravilloso, positivo, fundamental, necesario y que, tanto si estás casado como si no, pueda serte muy útil en tu vida personal y familiar.

¿Qué pueden decir los obispos? La Iglesia, experta en el hombre y sabia en la verdad, recoge en sus enseñanzas para cada tiempo, adaptadas en documentos quizá incomprendidos por ser demasiado adelantados a los problemas, la inmensa riqueza de su tradición, para iluminar al hombre ante los retos de oscuridad que plantea un mundo agresivo contra la verdad. Algunos, aun hoy piensan eso de qué me van a enseñar los que no se casan o renuncian al sexo pero es un tópico tan ilustrativo de la inteligencia de algunos como quien pregunta por norma a todas las gorditas si están embarazadas o de quienes cuando les dices que tienes muchos hermanos saltan con eso de tus padres no tenían tele…

¡Cuántas palabras en criticar a la Iglesia y qué poco se lee lo que la Iglesia dice!  ¿Quieres saber lo que la Iglesia dice sobre la ideología de género que arrastra a millones de hombres y mujeres a las vidas más desgraciadas prometiendo una libertad sin sentido,  o cómo quieren educar a tus hijos según esa misma ideología, o qué dice la Iglesia sobre el sexo elevándolo al amor de Dios frente a las concepciones puritanas o las puramente materialistas, o qué dice sobre un aborto a veces más sencillo de practicar que fumar un cigarrillo, o sobre la inquietante teoría del cyborg que ya nos explicaron en películas como La Isla, o sobre la esperanza que despiertan los movimientos que la persecución a la familia están generando?

Lee LA VERDAD DEL AMOR HUMANO, dedícale unos días, y me lo agradecerás en tu vida personal, familiar o matrimonial…

http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/documentos-plenaria/2843-la-verdad-del-amor-humano-orientaciones-sobre-el-amor-conyugal-la-ideologia-de-genero-y-la-legislacion-familiar.html

martes, 22 de mayo de 2012

EL MAL QUE QUIERE DOMINAR EL MUNDO


Ayer, el Papa quiso invitar a comer a un grupo de Cardenales a los que quiso hablarles de su durísima tarea y de sus noches oscuras. Primero les dijo “que se sentía seguro en compañía de grandes amigos” y luego les advirtió de: “que el mal se disfraza de bien para destruir los fundamentos morales de la sociedad.”

Los grandes papas del último siglo y medio han sido grandes intelectuales que han sabido enfrentarse a los retos de una modernidad que despreciaba la religión. Todos, en su justa medida, con más aciertos que errores –que los papas también se equivocan- han aportado la luz necesaria a un mundo que minaba sus fundamentos, hasta la destrucción total. Si Pío IX fue contundente –quizá demasiado como para que le comprendieran los que ya nunca querrían comprenderle- contra las consecuencias de esa modernidad racionalista que sólo podía traer muerte y dolor, León XIII revolucionaba la doctrina tradicional de la Iglesia anticipando cosas que se verían más claras en el Vaticano II y enfocaba con enorme capacidad profética los enormes problemas que tendría que vivir la humanidad en el siglo XX; los primeros papas del XX se enfrentaron a la perversidad de los dos totalitarismos ateos, Juan XXIII y Pablo VI abrieron la Iglesia al mundo siendo malinterpretados por todos los intereses ajenos al bien de la Iglesia, Juan Pablo II asentó el Concilio en su verdadero sentido, remató el comunismo y el capitalismo salvaje en sus intrínsecas maldades e introdujo a la Iglesia en un nuevo milenio que como dijo aquél sabio “será religioso o no será” y, Benedicto XVI, hoy retoma el vuelo de la paloma del Amor de dos alas,  la Razón y la Fe,  que urgen para elevar al mundo que se precipita hacia un abismo sin sentido. Todos ellos, además, han mantenido la doctrina de siempre, guiando a los católicos por caminos firmes y seguros, a pesar de las incomprensiones y de la agresividad de un soberbio mundo que no proponía nada mejor: pero el mundo evolucionaba y la Iglesia luchaba siempre por ser fiel al mensaje de Cristo, en el complicadísimo equilibrio entre conservar el mensaje eterno de salvación y adaptarse al hombre de cada época, con sus retos, sus problemas, sus miedos, sus errores y su lenguaje.

Así, se ha visto en un rapidísimo párrafo que la modernidad no es más que otra más de las batallas de la Historia, un enfrentamiento entre las fuerzas del mal y del bien, que se produce a todos los niveles: en nuestra vida personal, en nuestras familias, en el trabajo, en nuestras naciones y en el mundo.  Por eso, ayer, Benedicto XVI volvía a recordar: “el mal quiere dominar el mundo y es necesario entrar en la lucha contra el mal.” En eso estamos Santidad, y a pesar del terror que produce el hábil enemigo que o se disfraza o que todos niegan que existe, contamos con su sólida enseñanza, que por profética, algunos aún creen de un tiempo distinto, por pasado, cuando es, realmente de un precioso porvenir.

miércoles, 18 de abril de 2012

DESPEDIR A UN CURA

Pocas veces se publican noticias positivas acerca del quehacer de la Iglesia. En estos últimos días, si hemos tenido que soportar una gran polémica –más bien una campaña- contra un Obispo por su homilía del Viernes Santo, en cambio, un gran manto de silencio ha escondido la preciosa iniciativa del Obispo de San Sebastián de celebrar una Misa por todas las Víctimas del Terrorismo. Es lamentable porque, sin duda, como me decía el otro día mi hermano, hablar de las cosas buenas ayudará también a mejorar nuestra sociedad.

El pasado sábado, día de la Divina Misericordia -fiesta instituida por Juan Pablo II, en la que providencialmente falleció, inspirada por una santa polaca-, acudí a mi parroquia a la Misa de despedida del párroco, que además es el cura que me casó y ha bautizado a mis hijas. Llegué con tiempo de sobra y ya no había sitio. El párroco había pasado once años con nosotros y Dios, por medio del sacerdote, había obrado un gran milagro de conversión: cada domingo acudía más y más gente a Misa. Al fondo del templo, una gran imagen del Cristo de la Misericordia que él había mandado colocar, transmitía, con profundidad teológica, el gran Misterio de la Gracia, precisamente entre la pila bautismal y el confesionario…

La Iglesia, atestada de gente. Por un lado, el coro de mayores y por otro, el de jóvenes. Familias enteras. Gente de otras parroquias donde el sacerdote había dado su testimonio. Niños a los que había bautizado o dado su Primera Comunión; todos allí para mostrar su cariño, para acompañar, para rezar y para dar gracias a Dios. Todos, tan distintos: como una sociedad perfecta que quiere cimentar sus pilares en la Fe, la Esperanza y la Caridad.

La Fe de tantos que siguen creyendo, mayores y jóvenes… La Iglesia sabe, aunque se oculte, que desde Juan Pablo II comenzó una larga primavera, después de años de crisis y, dónde la Iglesia es fiel a su Tradición y a su Magisterio, la Fe florece y da fruto abundante.

La Esperanza, recordando a tantos que fallecieron y que, se cree, están en el cielo. La esperanza de que Dios siga derramando su gracia para que seamos cada vez  mejores, para que el sacerdote siga siendo fiel en su nuevo destino y para que el nuevo párroco sea feliz en esta parroquia.

La Caridad, presente por ejemplo en la Madre Superiora de las monjas que se hacen cargo del Cottolengo derrochando su amor por unos enfermos que la sociedad quisiera borrar del mapa. Una caridad que se muestra de forma patente y generosa cuando el sacerdote anuncia que la colecta es para Cáritas y su lucha contra el paro y la pobreza.

Y D. Ángel, el párroco que se despide, con toda la sencillez de un hombre que ha puesto su vida en manos de Dios, explicaba con sentido del humor:

-Mi madre me ha dicho que cómo dejo esta parroquia, con lo que me queréis. Y yo le he dicho: mamá, pregunta a Antonio; ¿a cuál? Decía ella. Pues a Rouco Varela que decide asistido por el Espíritu Santo.

Y recordaba lo más importante:

-Sin Dios no podemos hacer nada. Todo se lo debemos a su Misericordia. No dejéis de asistir a la Santa Misa y confesaros.

Y nos dio la bendición. Y nos fuimos en paz y alegres.

jueves, 8 de diciembre de 2011

LA INMACULADA CONCEPCIÓN, FIESTA DE LA ESPAÑA UNIVERSAL

Aunque sean tiempos en que pareciera que lo religioso nada influye ni importa, no deja de ser cierto –también hoy- que los profundos cambios sociales comienzan, precisamente, en la inquietud espiritual de algún hombre despierto… Por eso es importante –en estos momentos en que España se halla al borde de la desaparición- recordar hoy la fiesta de nuestra patrona, la Inmaculada Concepción, porque quizá no tengamos ya otro símbolo tan español ni a la vez tan universal…

Para comprender la importancia teológica de la fiesta de hoy puede leerse la entrada de hace un año, en este mismo blog:


Además, añado la preciosa explicación de Monseñor Guerra Campos que me ha contado hoy un amigo sacerdote y que tiene en cuenta que esta fiesta se sitúa en nuestro calendario, a pocos días de la gran fiesta de la Navidad:

 “En Ella comienza la realización de la esperanza: ya estamos más allá de la profecía, estamos en el inicio de la instauración del Reino de Dios y por eso, como sabéis, la tradición literaria ha comparado innumerables veces la Inmaculada Concepción con una aurora, y la Navidad con el nacimiento del sol. Pero todos sabemos que la luz de la aurora y la luz del nacimiento del sol son la misma luz: la aurora es el sol que se anticipa a sí mismo antes de nacer y que, por tanto, ya nos ofrece su luz.”


¿Qué mayor bien podemos hacer por España, que rezar mirando a los ojos de nuestra patrona, cuya fiesta se debe en gran parte a una tradición mantenida por los españoles de todas las épocas? ¿Acaso no podremos iniciar desde esa mirada, el cambio profundo que necesita nuestra sociedad, si es la Virgen María que nos ayuda si se lo pedimos?

domingo, 21 de agosto de 2011

JMJ: ¡SALID Y VED CUÁNTOS SOMOS!

Todo había sido preparado durante mucho tiempo, en un trabajo en el que han colaborado diversas instituciones, empresas, sacerdotes, prensa y hasta casi cuarenta mil voluntarios. No era para menos. Hemos acogido a 2 millones de peregrinos, venidos de todos los rincones del mundo. Causaba impresión contemplar las calles de Madrid, tomadas por una gran fiesta de fe, cultura, alegría y universalidad. Y es que todo va unido. En cada parroquia de cada diócesis española, los jóvenes peregrinos de todo el mundo eran acogidos con hospitalidad. Por ejemplo, en Estepona, Málaga, el Párroco les animaba: “Id a Madrid, salid y ved, mirando al cielo, cuántos somos, no solo ahí sino en todos los siglos, año tras año, en la tarea de la fe.”


Una fe con claros enemigos, que el Papa señaló al comienzo de su visita a España, como esos que “creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios.”


Unos se quedan con que el Papa afirma en la lección intelectual, profunda de El Escorial, ante los Profesores que “el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y de amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor.”

A uno le marca la muchedumbre de Cuatro Vientos, a otro el íntimo encuentro con los enfermos del Instituto San José en el que no escatimaba palabras duras: “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”.

En la Misa de ésta mañana, quedaba claro su llamamiento a los jóvenes para que vivan su fe en la Iglesia y no en solitario, porque “la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como su Iglesia. La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor.”

Solo hay que lamentar algunos peregrinos hayan tenido que sufrir los embistes de quienes odian sin entender, de quienes creen que todos somos comos ellos, de esos paletos ensimismados que no saben respetar un acontecimiento histórico e internacional, cargado de cultura y humanidad.

Pero al final, queda el éxito, las imágenes que no se pueden negar, la fortaleza y la salud de una Iglesia que nos sigue llamando a muchos porque mantiene el tesoro de un mensaje eterno, por eso siempre nuevo: la exigencia  es para todos los tiempos y el tesoro de la fe invita a cada hombre, para responder a los interrogantes que a todos nos incumben.

Como remate, las últimas palabras del Papa en que se ha mostrado agradecido y ha asegurado que estos días “quedarán hondamente grabados en mi memoria y en mi corazón. España es una gran nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe que puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica.”

viernes, 19 de agosto de 2011

EL PODER DE LAS ORACIONES CONVERTIRÁN A ALGUN INDIGNANTE

Yo siempre apoyé que se permitiera la manifa antipapa. Quería que la gente viera que ni dos mil pudieron convocar. Eso sí, PUBLICO en su portada dice que 15.000 como si la presencia de casi dos millones en Madrid no fuera noticia… Ni dos mil con odio, con insultos. Ni dos mil echaban la culpa del paro a la Iglesia: “Menos crucifijo y más trabajo fijo.”

Era todo un resumen de lo peor  de una educación mediocre y manipulada, la misma de los de la desmemoria histérica. Eso es un resto de España, son pocos, pero ahí están. No eran ni dos mil, no. Pero el odio y los insultos eran terribles. Y sus mentiras intentando centrar el debate en los costes de la JMJ, que no han sido tales. Eran como enviados de otro ser sobrenatural en el que sin saberlo, creen esos laicistas radicales de esa nueva religión con sus sacerdotes, sus normas, sus negras reuniones. Pero frente a la fe católica, lo suyo es algo irracional. ¿Qué te lleva a no soportar el éxito de un encuentro internacional, en tu propio país, con dos millones de jóvenes reunidos en torno a un mensaje de amor, esperanza, bondad y cultura? ¿Acaso no es impresionante ese despliegue de exposiciones, teatro, cine y alegría en la capital de España?

Sólo entiendo su odio desde algo superior que se me escapa. Alguien o algo (¿Satán, las Logias, la propia miseria de la frustración?) les impulsa a su torpe y ridícula acción. Como decía, me alegro que la sociedad haya podido ver el contraste de ni dos mil con casi dos millones. Veremos acontecimientos que seguirán sorprendiendo. El Papa sabe que España y su Iglesia de tan rica tradición necesitaban un impulso ante la persecución que sufrimos. Solo algunos, víctimas de sus propias consignas han hecho el ridículo gritando con odio, con odio de otro mundo ajeno a la verdad de la vida y de consignas destructoras. Por eso, han recibido como respuesta, oraciones, como se ve en la foto que ya circula por al infinita red, para que la gente vea que la oración es el mejor antídoto contra los ateos poseídos que desconocen –y se niegan a conocer- lo que nos mueve a los que estamos con el Papa y la Iglesia. Veremos que incluso, alguna de esas pobres marionetas indignadas experimentará el poder del Dios que les ama, cuando las oraciones de los peregrinos arrodillados suban al cielo para  regresar a la tierra con la gracia de la conversión. Lo veremos…

sábado, 6 de agosto de 2011

PALABRAS DEL PAPA PARA LA JMJ MADRID 2011

El 6 de agosto del pasado año, Fiesta de la Transfiguración, el Papa nos dedicó un mensaje a los jóvenes del que exttraigo los párrafos que más me han gustado, de manera que podamos preparar con ilusión y contenido los próximos días de la JMJ 2011, fundamentales para la Iglesia y para España:

Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.

Al pensar en los años difíciles demi juventud, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito.

...os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida...

Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.

Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia.

BENEDICTUS PP. XVI
6 de agosto de 2010



domingo, 31 de julio de 2011

AYER, UN AMIGO SE ORDENÓ SACERDOTE JESUITA


En la película autobiográfica UNA HISTORIA DEL BRONX, Robert de Niro  nos cuenta que, siendo niño,  un día se fue a confesar, después de alguna maldad, a la parroquia del barrio. Todavía vivía en el ambiente católico de esos italianos que emigraron a Nueva York. Al salir de la iglesia, dice el chaval: “Lo bueno de ser católico es que siempre puede uno comenzar de cero”.

Efectivamente, en el mensaje eterno, todo es siempre nuevo. Por eso –a pesar de las falsedades de los medios- hay un resurgir en la Iglesia universal y en la española, a pesar de tantas maniobras oscuras. Y yo ayer por la tarde, pude asistir a la ordenación sacerdotal de tres nuevos jesuitas, entre ellos, un compañero de colegio y amigo.

En la primera lectura, del Deuteronomio, escuchamos una advertencia: “Si cumples lo que te mando hoy, amando al Señor, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor te bendecirá…Pero si tu corazón se resiste y no obedeces yo te anuncio que perecerás sin remedio”. Después, un ángel me hizo llorar, al cantar de forma maravillosa el salmo en varios idiomas: “Dichoso el que confía en el Señor”.

Con la emoción de celebrar tal acontecimiento en la fiesta de su fundador, pude ver parte de ese ejército de la Compañía –La Legión de Loyola- quizá algo cansado, quizá confundido después de una de las peores crisis internas de la Iglesia…Pero también les vi pedir, necesitados de ayuda como toda obra humana,  ante la presencia del Arzobispo de Valladolid: “queremos cumplir nuestra misión en la Iglesia”. Ocurrió, creo yo, como cuando rezamos misteriosas palabras del Evangelio o de ciertas oraciones: a veces no sabemos lo que pedimos, pero algo nos dice que es lo que necesitamos.

El Arzobispo Blázquez, hombre que refleja en su rostro la preocupación por su difícil labor al servicio de la Iglesia y la seriedad por tantos sinsabores en su tarea, afirmaba “el valor impagable que tiene para la Iglesia la labor histórica de la Compañía” y pedía que “los jesuitas supieran aceptar del Papa la fe, el amor y la misión”.

Quizá –yo que soy antiguo alumno de la Compañía de Jesús- eché de menos que alguien entonara,  “Fundador sois Ignacio y General”, el himno de San Ignacio. Pero me conformé cuando escuché las últimas canciones: “Tomad Señor y Recibid” y “Haznos fieles”…Pocas veces me he alegrado tanto de acompañar a un amigo y a su familia. Pocas veces he intuido –con misteriosa certidumbre- la esperanza de la primavera de la Iglesia que pronto reventará en miles de flores. Y cuando digo pronto, digo en unos días, porque la visita de Benedicto XVI a Madrid, va a dejar a muchos estupefactos ante la potencia actual del mensaje de siempre, siempre nuevo.

domingo, 17 de julio de 2011

PALABRAS AGRADECIDAS A LOS 75 AÑOS DEL ALZAMIENTO NACIONAL

En la tarde de un día como hoy, hace 75 años, desde el Protectorado español en el norte de África, el General Franco dio la orden que la España que quería seguir siéndolo estaba esperando.
Desde el día 13 de julio, día en que por orden directa del Gobierno se asesina al dirigente de la oposición de la derecha José Clavo Sotelo,  la mayor parte de la gente decente, incluso miembros tan destacados como irresponsables del gobierno de ultraizquierda antiespañola, saben que el desastre se acerca.
Desde que la izquierda se apropiara del poder en el mayor pucherazo de nuestra historia –jamás se publicaron sus resultados- el poder rojo se dedica a armar al pueblo,  para por fin consumar la ansiada revolución totalitaria que había fracasado en octubre de 1934. Con razón, algunos historiadores ya sostienen que ésa es la fecha del inicio de la Guerra Civil.
En Toledo, por ejemplo, donde tendrá lugar una de las mayores gestas de la historia bélica mundial, el mismo 20 de julio, el Gobierno republicano intenta apoderarse de todas las municiones de la Fábrica de Armas –prueba de su interés en hacer su guerra también-, y ordena a su Director que las entregue a los milicianos…Pero unos valientes militares las trasladan al Alcázar, donde ya unos centenares de compañeros han decidido ponerse del lado de España.
No se puede olvidar que ésta Guerra, en sí misma, supuso una Cruzada. Olvidar eso, o disminuir su importancia es claramente una mentira más de tantos falsos españoles. Una Cruzada para defenderse del odio a la fe del pueblo y que había acabado con la vida de 10.000 sacerdotes y religiosos.
Ya son muchos los expertos a todo nivel, dentro y fuera de España, que ajustan la historia a la verdad,  contribuyendo a desmontar tantos tópicos en los que se contradice el mismo de que “los vencedores hacen la historia”. Falso, desde entonces hasta estos mismos días, ya por orden y financiación del Gobierno, un montón de basura cubre la historia de los españoles más valientes que jamás hubo. No somos conscientes de su tarea, a la que debemos la misma existencia de España, a pesar de los continuos intentos de tantos para hundirnos del todo.
Quizá por error muchos otros combatieron de buena fe, con su amor confundido a España y con heroísmo, en el Frente Popular. Pero los objetivos del Frente Popular eran la aniquilación de lo que España significaba, con su fe y sus tradiciones. El Frente Popular no luchó por España ni por una España como ellos la entendían. Ellos odiaban a España y querían hacer de ésta Nación –la más antigua- un satélite ruso más, una provincia bajo la peor tiranía que haya conocido la historia de la humanidad. Por eso, por ejemplo, Paracuellos: había que aniquilar, como se hizo en Katyn con las élites polacas, a cualquier buen español. No, aunque fue un duro enfrentamiento, los dos bandos no se comportaron igual, guste o no a esos falsos  demócratas deseosos de resucitar los odios.
Y por eso,  fastidie a quien fastidie:
El Alzamiento no fue un golpe de Estado contra ninguna democracia, al contrario, fue necesario para la propia salvación de España de la revolución totalitaria que venía preparándose desde el poder. No fue más violento que lo fueron las izquierdas con ellas mismas y con sus enemigos.
El régimen nacido del 18 de julio, a pesar de contar con diversos tipos de traidores desde el inicio, como daremos cuenta pronto en LA TESIS PROHIBIDA (a la venta en septiembre), permitió el desarrollo de España, la generación de una gran clase media, la alfabetización de la población, un maravilloso sistema de Seguridad Social, una Universidad con muchas eminencias en la que tanto aprendieron quienes ahora abominan de Franco, un desarrollo en infraestructuras de todo tipo como nunca se hizo; además, nos puso entre las naciones más potentes del mundo -novena potencia en 1975 viniendo del tercer mundo en 1936- y desarrolló enormemente la producción cultural contra lo que dicen los que fomentan el embrutecimiento de sus adeptos. Y todo ello con una presión fiscal mínima, con casi apenas corrupción y con sólo unos 700.000 funcionarios en su máximo…
Cosas todas ellas, por cierto, de las que no fue capaz la Segunda República, controlada por un contubernio de idiotas y totalitarios socialistas,  masones y torpes de diverso pelaje, irresponsables todos, que nos arrastraron al peor enfrentamiento –por ser entre hermanos- que puede ocurrir en una Nación. Que no se vuelva a repetir. Por eso damos las gracias a ésos valientes que se alzaron por España y por Cristo. Sus enemigos nunca podrán vencerles a pesar de la valiosa ayuda que reciben de la estúpida derecha que no reconoce el valor del glorioso Alzamiento.  Yo al menos, con esos valientes del 18 de julio del 36,  quiero decir: ¡VIVA SIEMPRE ESPAÑA!

martes, 28 de junio de 2011

EL DESPISTE EPISCOPAL ANTE LA LEY DE EUTANASIA

Como católico creo que una sana crítica bien dirigida a los pastores puede hacer cierto bien. Porque me da la sensación de que a muchos de nuestros obispos les pasa como a los líderes de otros ámbitos de la sociedad: que ni se enteran de lo que pasa, ni escuchan a la gente, ni tienen suficiente seguridad para expresar sus opiniones y más bien tienen terror a la crítica del adversario o del enemigo. Es decir, que dirigen sin ser líderes. Y eso al final, confunde, desmotiva, desilusiona y anula.
Por eso esta crítica a los obispos. Ha tardado  la jerarquía española casi un mes en matizar lo que Rouco dijo sobre la nueva ley: “que no era de eutanasia.” Hablaba de la ley del Gobierno masónico como su opinión personal sin matizarla demasiado, en un desayuno informativo. Mejor hubiera sido no decir nada.
Aclara ahora el portavoz Martínez Camino que no termina de expresarse como se precisa hoy en día –demasiado prudente o demasiado tremendista, según- que la ley que preparan los socialistas es injusta,  ambigua y abre la puerta a conductas eutanásicas…
Me decía un amigo que el día que la Iglesia se pueda enfrentar sin miedo a los poderes de los gobiernos ganaría mucha credibilidad. Pero no, el inteligente sistema totalitario en el que vivimos ya se encarga de mantener controlada y asusta a la Iglesia, mediante el sistema cómo no, del dinero.
Señores obispos: no intenten consensos con quienes volverían a perseguirles y asesinarles si pudieran, no busquen prudencia ni comodidad en el sistema que está diseñado para  perseguirnos, ni soliciten más el falso amparo en los partidos políticos que tanto nos confunde. Vayan al Valle de los Caídos a rezar por España, acusen a los que transgreden las leyes de Dios, no den la comunión ni el abrazo a los personajes públicos escandalosos,  muestren que algunos políticos abortistas que presumen de católicos no están ni pueden estar en la Iglesia, renuncien a la pasta del IRPF, renuncien a cualquier ayuda del Estado y pidan a los católicos que aflojen el bolsillo y se darán cuenta de que son más independientes, más auténticos, más libres, menos políticos, más pastores, más queridos, más admirados y menos confusos. Y lo demás se nos dará por añadidura. Si cada católico que va a misa en España diera tan sólo 100 € al año, la Iglesia tendría 1000 millones de € al año. Lo que nunca hubiera soñado Mendizábal. Por cierto, el IRPF no aporta ni 250 millones.  Hagan lo que hagan, la JMJ saldrá estupendamente y dejará boquiabiertos a los que desde hace casi un siglo siguen creyendo que España ha dejado -varias veces ya- de ser católica -aunque es verdad que están a punto de conseguirlo con ayuda de la propia Iglesia-. Si ya lo dijo Juan Pablo II, queridos obispos: ¡NO TENGAIS MIEDO!