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domingo, 10 de febrero de 2013

Todos vosotros sois los culpables:

Los que heredasteis una España próspera lograda con décadas de esfuerzo de vuestros padres, pero dilapidasteis los dineros porque pensabais que teníais derecho a todo y gratis…

Los que pensabais que una educación estricta para la libertad responsable eran cosas de los viejos, pero trajisteis una generación de irresponsables malcriados que os superan en sus fracasos…

Los que traicionasteis vuestros nobles propósitos de vida para probar la frivolidad, pero adoptasteis costumbres ajenas que han acabado por dejaros confundidos y con la vida vacía…

Los que recibisteis una formación sólida en principios y valores, pero los despreciasteis pensando que sabríais hacerlo todo mejor que vuestros padres y ahora veis que vuestro fruto es una sociedad corrompida liderada por los más corruptos…

Los que aprendisteis que los principios y valores se asientan en la fe que os enseñaron, pero abandonasteis poco a poco los fundamentos y ahora no tenéis ni fe, ni principios ni valores…

Los que vivisteis en hogares felices de familias unidas con padres modélicos, pero jugasteis con el fuego del mal que destrozó los vuestros y en vez de familias creasteis burdas copias del infierno donde se producen los mejores ejemplares para el odio…

Los que tuvisteis sabios y santos como maestros que os dieron lo mejor de su vida, pero decidisteis que estaban equivocados porque os deslumbraron unas ideologías que sólo perseguían acabar con vuestra libertad…

Los que conocisteis de cerca el sacrificio de nuestros bisabuelos en los años de la guerra, pero lo olvidasteis entregando a los descendientes de sus enemigos todo el poder de la nación permitiéndoles acabar imponiendo sutilmente lo que antes intentaron con salvaje violencia…

Los que lleváis años pidiendo el voto para un mal menor, pero ahora preferís ignorar que habéis acabado por traer el mismo mal, el único mal, el mal radical que se esfuerza contra el bien, la verdad y la belleza…

Los que, aun viendo lo evidente, no os avergonzáis de que vuestros propios votos liberaron terroristas, facilitaron el incremento del aborto superando cualquier genocidio, entregaron el poder a conocidos corruptos, enviaron a millones al paro y dieron el poder a políticos que pactan en oscuras logias la división y el reparto de España…

Los que, aun conociendo las consecuencias de sus propios fallos, todavía prefieren contemporizar con el mal que enfrentarse al mismo; los que creen que de nada tienen la culpa porque siempre hay otros más culpables; los que aplauden a unos porque son los suyos cuando hacen exactamente lo mismo que los otros a los que antes condenaban…

Los que habiendo vivido en la abundancia no habéis invertido en negocios prósperos, en industria estable o esa innovación que es el futuro, sino que os instalasteis en un lujo cortoplacista y fanfarrón que nunca volverá; también los que no sois capaces de entender que no estamos ante una crisis sino ante un desmoronamiento que necesita urgentemente de una refundación moral…

Los que, teniendo la responsabilidad de ser Pastores, prefirieron mundanizar su papel al modo de representantes de un partido político u organización social, siempre buscando no molestar para obtener la comodidad del cobarde, escandalizando a los buenos cristianos, ahuyentando a los pusilánimes, confundiendo a los menos formados, olvidando la educación religiosa de los pequeños, aplaudiendo a gobernantes injustos y callando la verdad a conveniencia…

Los que, habiendo vivido la historia reciente os tragáis las versiones inventadas de los que siempre manipulan; los que colaboráis en el lavado de vuestro propio cerebro leyendo ciertos panfletos y los que encendéis la televisión para ver programas que terminan por envenenaros… Culpables.

Sí. Culpables. Culpables todos vosotros, todos los que desde hace años nos habéis llevado al abismo; todos los que en fin, renunciáis a la autocrítica y con tal de echar balones fuera porque sois incapaces de corregir el rumbo y preferís justificar lo injustificable, ya sea porque sois ateos o católicos, socialistas o liberales, del PP o del PSOE, patriotas o nacionalistas, monárquicos o juancarlistas, interesadamente ignorantes o directamente estúpidos. Porque el país está podrido y sin remedio si no surge la regeneración que sólo puede ser personal, empezando por la moral de cada uno.

Ayer varias familias rezábamos el rosario ante una imagen preciosa de la Señora mejicana de Guadalupe. Al terminar la oración, el mayor de los allí presentes -ojos brillantes, mirada inteligente, rostro de experiencia y peso de los años-, afirmó con potencia:

-Sólo la oración en familia, sólo familias unidas, pueden mejorar una nación. No podemos esperar nada de la política. Es un cambio desde la base de la sociedad, que es la familia. Y no hace falta que seamos muchos. Siempre son unos pocos, muy buenos, los que cambian la humanidad.

Es el camino. El resto sólo son los lamentos de los culpables.

jueves, 31 de enero de 2013

Lecciones desde Dublín: de una convención de ventas al origen de la Irlanda católica

En las convenciones de ventas de mi Compañía nos reunimos varios centenares de personas. Se habla de objetivos, de nuevos productos, de estrategias para vender más y de los cambios en la organización. Es aburrido, pero importante. Y además, tenemos la suerte de que suele quedar tiempo para conocer algo del lugar en el que se celebra la reunión. Para salir del hotel a tomar el aire, me había apuntado a una excursión para conocer el llamado “Jardín de Irlanda”, unas montañas preciosas plagadas de bosques al sur de Dublín, donde el agua cae del cielo cada rato y surge incesantemente de las rocas, formando arroyos alegres y lagos movidos por el viento que asemejan pequeños mares.

Cuánta la sorpresa y la emoción del que sale de reuniones donde se habla de innovaciones en el mundo de la biotecnología al encontrarse, durante la excursión, con unas ruinas de lo que fue el primer monasterio cristiano de Irlanda situado en Glendalough (La Tierra de los dos Lagos en gaélico). El monasterio fue fundado en el siglo VI por Saint Kevin, un joven de origen noble que quiso retirarse del mundo a un bello lugar, para acercarse a Dios a través de la compañía de esa naturaleza que también ha sido redimida por Cristo. Pronto se le sumaron numerosos jóvenes de su tiempo. Saint Kevin murió en el 618 dejando un monasterio dedicado a la contemplación, a la naturaleza y a la cultura. Por eso la Irlanda que no interesó a los romanos, pronto fue conocida como la isla de los monjes y de los estudiantes. El cristianismo había llegado a la isla gracias a Saint Patrick en el año 432. Una invasión de los Vikingos en el 795 y posteriores de los normandos acabaron dejando el monasterio en ruinas. En torno a la tumba de Saint Kevin, hoy contemplamos un pequeño cementerio, que recuerda a la costumbre cristiana como en Santiago, como en San Pedro del Vaticano, de enterrar a los difuntos alrededor del santo al que tanta devoción tiene todo el pueblo.

De vuelta al hotel -como si de un viaje en el tiempo se tratara-, la guía de la excursión nos decía que aunque la fiesta de Saint Kevin -3 de junio- ya no era oficial, la gente seguía llamando Kevin a los muchos niños, y que Irlanda estaba unida para superar ésta crisis de la que, ellos sí, ya estaban saliendo. Se quejaba de que tenían un 14% de paro, de las intervenciones de la troika y de que durante varios años tendrían que trabajar duro. Pero el país cuenta con multinacionales del sector tecnológico y farmacéutico que han encontrado a una sociedad fuerte, bien formada y acostumbrada al trabajo duro. Lecciones todas ellas imprescindibles para España… ¿Empezaremos a llamar Santiago a muchos niños españoles?
Un abrazo desde Irlanda, una tierra impresionante.

Más información de éste lugar maravilloso:

miércoles, 18 de abril de 2012

DESPEDIR A UN CURA

Pocas veces se publican noticias positivas acerca del quehacer de la Iglesia. En estos últimos días, si hemos tenido que soportar una gran polémica –más bien una campaña- contra un Obispo por su homilía del Viernes Santo, en cambio, un gran manto de silencio ha escondido la preciosa iniciativa del Obispo de San Sebastián de celebrar una Misa por todas las Víctimas del Terrorismo. Es lamentable porque, sin duda, como me decía el otro día mi hermano, hablar de las cosas buenas ayudará también a mejorar nuestra sociedad.

El pasado sábado, día de la Divina Misericordia -fiesta instituida por Juan Pablo II, en la que providencialmente falleció, inspirada por una santa polaca-, acudí a mi parroquia a la Misa de despedida del párroco, que además es el cura que me casó y ha bautizado a mis hijas. Llegué con tiempo de sobra y ya no había sitio. El párroco había pasado once años con nosotros y Dios, por medio del sacerdote, había obrado un gran milagro de conversión: cada domingo acudía más y más gente a Misa. Al fondo del templo, una gran imagen del Cristo de la Misericordia que él había mandado colocar, transmitía, con profundidad teológica, el gran Misterio de la Gracia, precisamente entre la pila bautismal y el confesionario…

La Iglesia, atestada de gente. Por un lado, el coro de mayores y por otro, el de jóvenes. Familias enteras. Gente de otras parroquias donde el sacerdote había dado su testimonio. Niños a los que había bautizado o dado su Primera Comunión; todos allí para mostrar su cariño, para acompañar, para rezar y para dar gracias a Dios. Todos, tan distintos: como una sociedad perfecta que quiere cimentar sus pilares en la Fe, la Esperanza y la Caridad.

La Fe de tantos que siguen creyendo, mayores y jóvenes… La Iglesia sabe, aunque se oculte, que desde Juan Pablo II comenzó una larga primavera, después de años de crisis y, dónde la Iglesia es fiel a su Tradición y a su Magisterio, la Fe florece y da fruto abundante.

La Esperanza, recordando a tantos que fallecieron y que, se cree, están en el cielo. La esperanza de que Dios siga derramando su gracia para que seamos cada vez  mejores, para que el sacerdote siga siendo fiel en su nuevo destino y para que el nuevo párroco sea feliz en esta parroquia.

La Caridad, presente por ejemplo en la Madre Superiora de las monjas que se hacen cargo del Cottolengo derrochando su amor por unos enfermos que la sociedad quisiera borrar del mapa. Una caridad que se muestra de forma patente y generosa cuando el sacerdote anuncia que la colecta es para Cáritas y su lucha contra el paro y la pobreza.

Y D. Ángel, el párroco que se despide, con toda la sencillez de un hombre que ha puesto su vida en manos de Dios, explicaba con sentido del humor:

-Mi madre me ha dicho que cómo dejo esta parroquia, con lo que me queréis. Y yo le he dicho: mamá, pregunta a Antonio; ¿a cuál? Decía ella. Pues a Rouco Varela que decide asistido por el Espíritu Santo.

Y recordaba lo más importante:

-Sin Dios no podemos hacer nada. Todo se lo debemos a su Misericordia. No dejéis de asistir a la Santa Misa y confesaros.

Y nos dio la bendición. Y nos fuimos en paz y alegres.

sábado, 7 de mayo de 2011

CUANDO A ALGÚN CURA LE MOLESTAN LOS NIÑOS...

Como no era la primera vez que un sacerdote interrumpía una Eucaristía o una ceremonia para decirnos a los padres de niños pequeños, eso sí con preciosas palabras,  que abandonáramos el templo, ésta vez, me he decidido a decir unas palabritas al joven sacerdote que nos acababa de expulsar.
Lo he pensado desde hacía tiempo: ¿cómo corregir a un sacerdote que mete la pata hasta el fondo, haciendo daño a tantos jóvenes con hijos que queremos seguir yendo a Misa? Pues con el Evangelio, para exigirle que sea como Cristo. En cuanto regresaba a la sacristía, le he dejado caer con respeto, pero de forma muy contundente:
“Mire usted, no es la primera vez que me echan de Iglesia diciéndome que mis niñas molestan. En el Evangelio dice claramente: dejad que los niños se acerquen a mí. Las niñas solo revoloteaban un poquillo y se podía soportar, creo que es fundamental para transmitir la fe que hemos recibido, acostumbrar a los niños a la naturalidad de asistir a la Iglesia,  creo que usted se ha equivocado. Aunque no me toca mi fe,  que mimo cada día para mantenerla, puede usted dañar a  muchos que se esfuerzan como yo, y vienen con los niños a Misa. Otros sacerdotes, la mayoría, están encantados y sientan a los niños en torno al altar y los niños, ensimismados con lo que ocurre, que es tan misterioso, con el color de la vidrieras, la majestuosidad del crucifijo,  o la presencia cariñosa de María, se portan estupendamente,   de forma milagrosa…”  El curita me ha respondido, que “si creía yo que eso de que los niños se acerquen a mí significaba que se podía fumar en la Iglesia o dar la comunión a un bebé”. (¿?). Añadió: “Que los curas nos distraemos con los niños que molestan porque no somos ángeles.”  Yo he pensado sin decir nada: “Usted no desde luego, porque es un triste y los ángeles deben ser simpatiquísimos, al menos mi ángel de la guarda, que me ayudó a enamorar a mi mujer que no me hacía ni caso (y tengo pruebas).”
En esto, una dulce feligresa me dice: “No tiene usted razón, sus niñas (tienen 4 y 2 años, las pobres) se portaban muy mal  porque mi sobrinito no se mueve del banco ni habla y sus niñas no dejaban seguir la ceremonia.” Le he contestado: “Disculpe, mis niñas deben ser satán, señora, pero su sobrino es un pedorro fijo.”
He terminado por pedir perdón al ofendido cura, que no ha aprendido nada. Yo, revuelta la conciencia,  aún pienso que debía haberme callado, aunque tampoco eso me convence ni me deja tranquilo. Pero me ha dado que pensar, y creo que los católicos nos quejamos de que todo el mal viene de fuera contra nosotros de los que nos atacan…Pero mirando dentro de la Iglesia, a mí me parece que entre las confusiones de unos,  las chorradas de otros, las traiciones de tantos, las fe a la carta de la mayoría,  los obispos acobardados y los curas que no se enteran, no hace falta que nadie nos ataque... Me encantaría saber qué pensáis de todo esto.

lunes, 25 de abril de 2011

25 ABRIL, SAN MARCOS: LA HISTORIA Y LA VERDAD

Una de las cosas más apasionantes para el creyente es comprobar la racionalidad de la fe católica, siempre defendida desde el principio. Creer es así una forma de conocimiento que es confirmada por lo razonable de nuestros planteamientos.

Por ejemplo, en el libro del Papa citado en la entrada anterior, es interesantísimo el capítulo sobre la última Cena y su historicidad. Y así, hay muchos aspectos tanto de la vida de Cristo como de toda la Historia Sagrada: a medida que las ciencias avanzan somos capaces de encontrar mayores fundamentos, que nos ayudan en este mundo cerrado sólo a lo comprobable, pero que siempre dejarán –es necesario- un lugar para el misterio.

Hoy es la fiesta de San Marcos. No fue uno de los Apóstoles, pero estuvo mucho tiempo con san Pedro y San Pablo. Durante la prisión de este último, Marcos fue uno de sus colaboradores. Vivió mucho tiempo en Roma, ayudando a san Pedro y san Pablo en sus tareas apostólicas, hasta que lo enviaron a fundar la Iglesia de Alejandría. La tradición nos dice que san Pedro fue el inspirador de su Evangelio. San Marcos es el modelo de colaborador perfecto. No necesitaba estar en primera línea, sino que prefería mantenerse en un discreto segundo plano. Nos dejó uno de los cuatro Evangelios. Entre los cuatro símbolos de los evangelistas, a san Marcos le corresponde el del león alado.

Cada vez queda más claro que la redacción de su Evangelio, el primero, es prácticamente una crónica, pues desde el hallazgo de los papiros de Qumram (unas cuevas abandonadas y selladas en el año 68 en las que vivía cierta secta) y junto con argumentos de los especialistas, la fecha fijada par su redacción es el año 40. Conviene saber estas cosas para desmontar tantos mitos que muchos se han tragado y que les llevan a confiar más en el Código da Vinci que en la sabiduría, la tradición y la ciencia de miles de años…

martes, 12 de abril de 2011

PECES-BARBA Y LA PERSECUCIÓN A LA IGLESIA


No le falta razón a este masón profesional, a éste que intentó ser un infiltrado meapilas preconciliar para ser más eficaz en su ataque, a éste que en sus servicios al zapaterismo guerracivilista llegó a humillar y a dividir a las víctimas del terrorismo, a éste metomentodo que necesita siempre soltar veneno para ganarse el aplauso del rojerío y las felilcitaciones a la entrada de la próxima logia…

No le falta razón porque es verdad, como me decía ayer una amiga en Facebook, que la Iglesia siempre será perseguida y que a los católicos nos va bien “el palo”. Es verdad que para estar despiertos conviene no olvidar el mal que nos acecha, estar pendientes de nuestra batalla que aunque ganada, el misterio exige lucharla.

No le falta razón, pues la jerarquía necesita ser consciente de esta lucha más que los fieles de a pie, para poder pastorear como deben al rebaño: por caminos rectos llenos de sana hierba y fresca agua y no por lodazales perdidos, como hicieran tantos obispos, más divertidos en olvidar que siempre hay un lobo preparado para atacar.

Pero no se crea que los cristianos se quedarán inmóviles, señor Peces-Barba. Porque por ésa misma democracia y laicidad que usted propugna -pero que sólo es totalitarismo disfrazado- los católicos sabremos defender nuestra posición en el terreno político. Porque su época –ya lejana- de masones exitosos y de infiltrados rojetes locuaces ya pasó y ahora, los pocos que quedamos, estamos orgullosos de nuestra Iglesia, y de nuestros amigos fieles sacerdotes, y de nuestros obispos cada vez mejores pastores, y de nuestro Papa, cada día más sabio, y de nuestra Fe, cada vez más auténtica y por ello más valiente. Así que no se le ocurra pensar, como en frase del tan mediocre e irresponsable como admirado Azaña que “España ha dejado de ser católica”. Bueno, España quizá ya ni exista, pero sí hay españoles que llevan la reserva de España en el corazón y, por eso mismo, son católicos y al revés. Usted no lo entiende. Nosotros sí.