Una de los aspectos más divertidos del laicismo radical que intenta imponer un Estado confesional ateo, es su actitud totalmente religiosa. Sí, y consta que tienen hasta extraños ritos y celebraciones…
De hecho, su fe es tan profunda, que no se cuestionan sus sectarias ideas, que provienen precisamente de atacar, desde hace 200 años, a la única religión que supo separar –por su mismo fundador- el poder político del religioso. Pero yo no se lo voy a explicar. Aunque ellos no lo sepan, la sana laicidad es un concepto cristiano, que permite separar las cosas del César y las de Dios…Otra cosa es imponer el ateísmo y sus desgracias a todos.
Pero ellos a lo suyo. Incluso con ayuda de algún católico acomplejado que ha cedido el tesoro de la fe para sustituirlo por la calderilla de ciertas filosofías tan modernas y racionales como equivocadas. Y así, imponen su fe a todos, y quieren un Estado confesional ateo…Pero esto es como lo de aquél al que visita cierta secta: “¡Oiga, por favor, déjenme en paz, no me creo la católica que es la verdadera, me voy a creer la suya!”
Nada puede aprender el mundo ya si no es volviendo, con humildad, a poner los ojos en los fundamentos de la vida y de la verdad. Una humildad que permite aprender de lo bueno de otras épocas y antiguos sabios.