Después de
unos tensos días en relación a las revelaciones del El Mundo acerca de los conocidos como papeles de Bárcenas llegó la reacción, durante la
última semana, orquestada desde las mismas entrañas de Moncloa, para apuntalar, de acuerdo con quienes menos nos
lo esperábamos, al Gobierno a punto de desmoronarse.
Como cuando
las investigaciones del 11M –entonces fue aún más grave-, ha sido vergonzosa la
alianza entre PRISA y el ABC -y otros de menor importancia-, todos medios del sistema del apaño, para defender a Rajoy de una inventada campaña de acoso por parte de un director de
periódico que, por otra parte, ya conocemos de sobra en sus interesados
movimientos. Es cierto que El Mundo
defendió a Bono de las escandalosas
y ciertas revelaciones del Grupo
Intereconomía –algún día lo entenderemos del todo, pero ya sabemos algo-,
pero también es cierto que El Mundo ha
aportado revelaciones que han supuesto un gran servicio a los españoles, fueran
escándalos del PSOE (ERE, Campeón, Faisán, 11M, GAL), del
nacionalismo (financiación CiU, Pujol) o del PP (ático de González, Gescartera). Y no todos
pueden decir lo mismo.
Que
personas medianamente inteligentes afirmen en éste país que debe hablar la
Justicia para poder criticar a Rajoy
-¿como en el Caso Campeón?- es realmente una muestra de servilismo repulsivo.
Otros directamente tienen la caradura de apelar a la estabilidad política de la nación para pedir que cesen las revelaciones sobre la más que posible
financiación ilegal del PP, cuando
lo que provoca inestabilidad política es el sistema de corrupción que
padecemos. Unos pocos tachan de falsedades los archivos de Bárcenas, cuando hay cargos del PP que han reconocido haber cobrado sobresueldos. Menos han
intentado defender al Presidente de sus propias mentiras, cuando se ha sabido,
por los SMS, que Rajoy mantenía un
contacto amistoso con Bárcenas, al
que ascendió, pagó y dio despacho aun habiendo sido imputado.
No sabemos qué consecuencias tendrá el Caso Bárcenas –mejor
el Caso Rajoy- porque no tenemos aún
claro si las maquinaciones de Soraya
Sáenz de Santamaría en tándem con el siempre oscuro y ambicioso Gallardón pretendían suceder a Rajoy o derrocar a su enemiga Cospedal. Lo que sí sabemos es que la
siniestra partitocracia está corrompida, por propia naturaleza, a todo nivel,
que donde no hay primarias todo se resuelve con puñaladas traperas y que cuando
la justicia no es independiente podremos tener –como ha pedido Ansón, guardián del apaño coronado- una
amnistía para que los corruptos sean perdonados y la fiesta continúe, cosa que ya ocurre, por cierto...
Inquieta
que aún haya millones de votantes del PP
–se suponía gente de cultura media, habitantes de las urbes y lectores inteligentes-
que se hayan tragado toda la reacción del Gobierno para que perdure la fiesta
del despilfarro público, la falsa democracia, el criminal y constante aborto,
la liberación de etarras, los impuestos socialistas y una corrupción preferible
–según ellos- a la del PSOE –porque es la de los nuestros-.
Así, en
ésta situación, con una sociedad que decide ser cómplice, por miedo o por
interés, de quienes la están destruyendo, se nos pone muy difícil la
regeneración política. De momento, por tanto, no se percibe salida de la
crisis: la sociedad cree que hay basura menos asquerosa sólo porque no es la de
la izquierda, cuando la basura suele ser siempre repugnante y socialistas acaban
siendo todos…