Mostrando entradas con la etiqueta Bárcenas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bárcenas. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de julio de 2013

Los patéticos argumentos para defender al PP de Rajoy

Después de unos tensos días en relación a las revelaciones del El Mundo acerca de los conocidos como papeles de Bárcenas llegó la reacción, durante la última semana, orquestada desde las mismas entrañas de Moncloa, para  apuntalar, de acuerdo con quienes menos nos lo esperábamos, al Gobierno a punto de desmoronarse.

Como cuando las investigaciones del 11M –entonces fue aún más grave-, ha sido vergonzosa la alianza entre PRISA y el ABC -y otros de menor importancia-, todos medios del sistema del apaño, para defender a Rajoy de una inventada campaña de acoso por parte de un director de periódico que, por otra parte, ya conocemos de sobra en sus interesados movimientos. Es cierto que El Mundo defendió a Bono de las escandalosas y ciertas revelaciones del Grupo Intereconomía –algún día lo entenderemos del todo, pero ya sabemos algo-, pero también es cierto que El Mundo ha aportado revelaciones que han supuesto un gran servicio a los españoles, fueran escándalos del PSOE (ERE, Campeón, Faisán, 11M, GAL), del nacionalismo (financiación CiU, Pujol) o del PP (ático de González, Gescartera). Y no todos pueden decir lo mismo.

Que personas medianamente inteligentes afirmen en éste país que debe hablar la Justicia para poder criticar a Rajoy -¿como en el Caso Campeón?- es realmente una muestra de servilismo repulsivo. Otros directamente tienen la caradura de apelar a la estabilidad política de la nación para pedir que cesen las revelaciones sobre la más que posible financiación ilegal del PP, cuando lo que provoca inestabilidad política es el sistema de corrupción que padecemos. Unos pocos tachan de falsedades los archivos de Bárcenas, cuando hay cargos del PP que han reconocido haber cobrado sobresueldos. Menos han intentado defender al Presidente de sus propias mentiras, cuando se ha sabido, por los SMS, que Rajoy mantenía un contacto amistoso con Bárcenas, al que ascendió, pagó y dio despacho aun habiendo sido imputado.

No sabemos qué consecuencias tendrá el Caso Bárcenas –mejor el Caso Rajoy- porque no tenemos aún claro si las maquinaciones de Soraya Sáenz de Santamaría en tándem con el siempre oscuro y ambicioso Gallardón pretendían suceder a Rajoy o derrocar a su enemiga Cospedal. Lo que sí sabemos es que la siniestra partitocracia está corrompida, por propia naturaleza, a todo nivel, que donde no hay primarias todo se resuelve con puñaladas traperas y que cuando la justicia no es independiente podremos tener –como ha pedido Ansón, guardián del apaño coronado- una amnistía para que los corruptos sean perdonados y la fiesta continúe, cosa que ya ocurre, por cierto...

Inquieta que aún haya millones de votantes del PP –se suponía gente de cultura media, habitantes de las urbes y lectores inteligentes- que se hayan tragado toda la reacción del Gobierno para que perdure la fiesta del despilfarro público, la falsa democracia, el criminal y constante aborto, la liberación de etarras, los impuestos socialistas y una corrupción preferible –según ellos- a la del PSOE –porque es la de los nuestros-.


Así, en ésta situación, con una sociedad que decide ser cómplice, por miedo o por interés, de quienes la están destruyendo, se nos pone muy difícil la regeneración política. De momento, por tanto, no se percibe salida de la crisis: la sociedad cree que hay basura menos asquerosa sólo porque no es la de la izquierda, cuando la basura suele ser siempre repugnante y socialistas acaban siendo todos…

lunes, 15 de julio de 2013

NO ES EL CASO BÁRCENAS, ES EL CASO RAJOY

No estamos ante el caso Bárcenas. Estamos ante un producto más de la partitocracia corrupta coronada que nace del consenso del 78. No se trata sólo de las comisiones ilegales recaudadas y repartidas por un Tesorero que se ha visto abandonado y encarcelado por sus antiguos conmilitones, estamos ante una gestión desastrosa y una lucha interna de poder propia de una mafia en la que las disputas se resuelven con amenaza, traición y puñaladas por la espalda, porque falta democracia interna en los partidos y sobra control político de la justicia.

No es el caso Bárcenas. No. Es el caso Rajoy. Porque Rajoy ascendió y nombró Tesorero a su amigo Bárcenas, a quien conocía bien desde hace años. Es el caso Rajoy porque una vez investido Presidente olvidó  programa, principios y promesas para servir al sistema de la corrupción, el régimen de la oligarquía de la Transición, el apaño de las 100.000 leyes autonómicas con sus 700.000 páginas de boletines, el consenso sobre los escándalos de la financiación ilegal, las concesiones de obras a los amigos, las privatizaciones oscuras, las fusiones dirigidas, las negociaciones con ETA, el espionaje desde el Estado, el silencio sobre la masacre del 11M, la banca rescatada con dinero de todos, los sobresueldos en cajas de puros y los medios de comunicación sometidos.

Es el caso Rajoy porque es Rajoy quien mintió con los impuestos, siguió con el proceso de concesiones a ETA, negoció a escondidas con el traidor y corrupto separatismo catalán financiando su independentismo quebrado, paralizó –Soraya manda mucho- la reforma de la ley del aborto, se negó a una reforma seria de la inmensa Administración que padecemos y volvió a mentir en relación a las tramas de corrupción y posible financiación ilegal del Partido Popular. Es el caso Rajoy porque el caso Bárcenas sólo ha estallado en la cara del Presidente cuando quiso aplicar su única doctrina política: no hacer nada más que intentar mantener el régimen de corrupción que está destrozando la gran nación que es España.

La crisis –ya muy larga- ha logrado ir despertando poco a poco a parte de la sociedad que no está dispuesta a consentir ésta estafa ni un día más y a Mariano Rajoy le atacan principalmente los suyos, porque el miedo a perder el poder es siempre más grande que la ambición por conquistarlo. Es cierto que quedan muchos militantes o simpatizantes adictos a una falsa lucha entre un PP y un PSOE que nadan de la mano en el mar de la corrupción: esos aún no ha entendido nada del sistema que padecemos. También es cierto que no nos estamos enterando de estas noticias del caso Rajoy –otro Padrino, según Pedro J. Ramírez dice con razón, dado lo que estamos descubriendo- porque exista una inquietud reformista o un deseo de regenerar la política, sino porque asistimos una durísima y sucia lucha de poder. Ahora bien, no podemos olvidar que sin escándalo no hubiera existido posibilidad de darlo a conocer. El problema no es que El Mundo publique lo que Bárcenas está destapando, sino que padezcamos un Presidente del Gobierno y toda una directiva del Partido Popular implicados en un turbio asunto de sobresueldos y financiación ilegal.

La sociedad debe estar alerta porque el consenso actúa para evitar el cambio y la Casa Real, PP y PSOE necesitan tapar, respectivamente y cuanto antes, los casos Urdangarín, Bárcenas y ERE. ¿Quién tiene ése poder ahora mismo? Se comenta que el Ministro de Justicia, un servidor del Régimen, que ha impedido que se abra pieza separada contra él mismo en el caso del dinero entregado por el Ayuntamiento de Madrid a Urdangarín, no ha movido un dedo –más bien al contrario- para meter a Bárcenas en la cárcel.

Entendamos de una vez que la corrupción es el propio sistema –ya en estado terminal-, porque el régimen legal con sus inmensos niveles administrativos es toda una organización para robar a los ciudadanos, causando un daño mucho peor que la mera extracción masiva de recursos. Porque la corrupción es un cáncer que se extiende mediante el mal ejemplo, que deslegitima las instituciones, que elimina incentivos básicos para crear riqueza de una manera legal, que incrementa los costes de todos los bienes y servicios y, en fin, provoca una situación de hastío y desconfianza de la que salir se hace cada vez más difícil.


Lo triste es que hemos tenido que llegar hasta aquí para que muchos se avinieran a aceptar que las causas de la profunda crisis general que padecemos están escritas en ése cansinamente elogiado oscuro consenso de la Transición. Bienvenidos sean esos nuevos críticos: cuantos más seamos los conscientes de las raíces del mal, más fuertes seremos para lograr la transformación institucional –la gran catarsis que comentábamos la semana pasada- que nos permita construir una auténtica democracia como la que merecemos todos los españoles, excepto esas élites y esas castas responsables del terrible deterioro que estamos viviendo.

sábado, 19 de enero de 2013

En España, ¿qué fue primero, la política o la corrupción?

Nunca se borrará de mi memoria el privilegio que tuve de conversar con Don Ricardo de la Cierva, a raíz de la publicación de mi novela, La Tesis Prohibida, en cuyo crimen inicial el sabio estaba muy interesado. Charlando sobre diversos sucesos inquietantes de nuestra historia reciente, Don Ricardo no dejaba de mencionar a la Masonería –asunto en el que es un experto mundial-. Llegó un punto en que, comentando el escándalo de BANESTO y Mario Conde, me  ilustró sobre las elevadísimas cuotas que deben pagar los miembros de la secta a cambio de pertenecer a ella para medrar e influir…

Los pesimistas sobre la condición humana ya han concluido que la política siempre lleva a la corrupción. No es cierto y, por eso, la pregunta del título no es absurda. Al contrario. Ha habido muchos políticos, reyes y gobernantes que han ejercido su vocación de servicio público de una forma ejemplar. ¿Entonces?

Llevo tiempo dándole vueltas a las causas de la terrible corrupción política que, por el camino del desprestigio de todo eso que llamamos casta –parasitaria, política, sindical, empresarial- nos condice a un agotamiento y a unos odios muy peligrosos. Pero, ¿qué pasa que la corrupción ha llegado a todos los niveles? ¿Qué se ha hecho mal? No tiene sentido denunciar la corrupción sin abordar las causas por las que ésta se ha convertido en la norma y no en la anécdota.

Son varias las causas que han facilitado la situación que padecemos:
La educación de bajísimo nivel; la pérdida de valores; la descristianización; una sociedad, en fin, sin moral. El clima de intereses creados, que ha generado el único consenso real entre las fuerzas políticas: silenciar todo lo que se pueda la corrupción. La opacidad del sistema de financiación de partidos. Es evidente que todo ello facilita que un político llegue a corrupto.
Pero yendo más al fondo del asunto, para mí el sistema está diseñado para la corrupción:

Las Autonomías: que han permitido generar mini Estados con todos sus organismos de control, facilitando una casta muy poderosa a la que nadie puede controlar.

Los partidos políticos: estructuras organizadas para sus propios intereses en las que se medra por obediencia a los jefes y no por decencia ni capacidad intelectual o de trabajo. Los partidos, tal y como funcionan hoy en día, son los máximos responsables de la degeneración de la política como servicio público en una actividad denostada por haberse convertido en la  mejor manera de enriquecerse sin esfuerzo.

La Ley Electoral: muy relacionada con la anterior causa ya que, al no facilitar la representación de los ciudadanos, se convierte en una estafa previa en la que, quien elige de verdad a los representantes, son las cúpulas de cada partido corrompido. Así los políticos nunca se deberán a sus votantes sino a sus partidos.

La Justicia: que al haber sido politizada –y haberse dejado politizar- crea un clima de impunidad que fomenta la corrupción. Porque los organismos de control de los jueces y los altos tribunales, también se deben a los partidos.

Así, volvemos al principio: ¿por qué en esas ilusiones democráticas de los setenta –unas ingenuas, otras pervertidas- nos colaron un sistema para la corrupción? Porque había que pagar bien a las marionetas sin principios que, so promesa de riqueza, facilitaron una serie de gobiernos que sucesivamente han destrozado la gran nación que siempre fue España. Si no nos damos cuenta de que la corrupción es previa al sistema –es decir, primero la corrupción y luego la política al menos en España-, estaremos de acuerdo con gente como Felipe González –ejemplo de máxima corrupción- que, comentando el escándalo de Bárcenas, ha declarado: “el sistema no es malo.” ¿Qué va a decir quien se ha hecho multimillonario gracias a un sistema que al resto de los españoles nos ha arruinado en todos los sentidos?