Ya van siendo conocidos como los indignantes, porque los indignados somos, realmente nosotros, como me comentaba un amigo…
Analicemos unas cifras de lo que puede ser una gran clase media española y ejemplar: matrimonios formados por hombre y mujer entre 30 y 50 años, en los que los que más suerte tienen los dos se dejan la piel currando casi 12 horas diarias, que tienen dos o tres hijos, que ganan entre 50.000 €/año y 120.000 €/año entre los dos, que se suelen pagar un seguro médico porque quieren a sus hijos y no confían en la lentitud del tan alabado sistema nacional, que porque también aman con locura a sus hijos les llevan a colegios privados porque no se fían ni siquiera de los concertados católicos que han asumido la ideología del gobierno por unas perrillas, que solemos estar hipotecados en cantidades mayores que el valor de las casas y que con esos sueldos, entre IRPF, IVA, impuestos municipales y tasas, tienen que pagar todos los años entre 20.000 y 70.000 € a hacienda sin requerir de los beneficios sociales. Si queda algo, encima, este grupo de currantes, solemos ser generosos con todo tipo de ONG, Fundaciones y la Iglesia. Es decir, que el estado nos roba casi el 50% de nuestros ingresos si no más…
Pues bien, a esta generación de la que formo parte y que podemos ser tranquilamente entre 5 y 7 millones de españoles con hijos, no nos garantizan la pensión y tenemos que hacernos un plan de pensiones privado, con los cuatro duros que podemos aportar cada año. Pero mantenemos y nadie nos da las gracias por ello, a todo un sistema de políticos chorizos y mediocres, a millones de ciudadanos que viven de las subvenciones que los poderes les otorgan. Y nosotros no tenemos tiempo para indignarnos. Tenemos que currar, educar a los hijos, hacer la compra, limpiar la casa, cocinar. Algunos, al menos, el minuto que nos queda, podemos dedicarlo escribir este blog para decir verdades como puños como la siguiente:
Lo que consigue este sistema en el que gobierne quien gobierne, estamos en el socialismo, es que la libertad haya que comprarla. Genial, sobretodo, para los que tienen pasta, para esos sí que hay estado de bienestar. Pero los indignados somos nosotros.