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lunes, 6 de julio de 2015

La derecha paralizada por sus complejos

Estamos viviendo momentos de grandes cambios, mejor dicho, convulsiones. Se vienen abajo concepciones que parecían inmutables. Predomina una degradación moral generalizada. Nos sentimos arrasados. Predomina la incertidumbre. Nos resulta casi imposible transmitir a nuestros hijos lo que nos enseñaron, porque parece que les enviamos a la guerra contra este mundo desnortado...

Miramos hacia Grecia contemplando cómo se desmorona la Unión Europea. Nuestra capital dedica una semana a celebrar el orgullo de quienes a la vez, y contradictoriamente, dicen querer vivir en la normalidad... Las presiones del lobby gay, de la mano de los ideólogos de género, vienen a invertir los cimientos de toda una cultura y una civilización sin encontrar resistencias... Y piden respeto cuando se mofan de las convicciones íntimas de muchos seres humanos. Si ponemos los ojos en Occidente, vemos como Estados Unidos e Irlanda también se suman a las naciones dominadas por el poder del lobby rosa. En España, todos los partidos han propuesto poner banderas particulares donde solo deben ondear las de todos. Si ponemos los ojos en Oriente Próximo, vemos a millones de cristianos perseguidos, masacrados, expulsados de su tierra por el salvaje terrorismo del Estado Islámico que fue alentado por oscuros intereses... El panorama es desolador. Tenemos mil frentes que nos atacan por todos lados y ni siquiera sabemos organizarnos para resistir...

Quizá haya que preguntarse con angustia si realmente queremos enfrentarnos, si realmente queremos resistir, si tenemos ganas de luchar o si aún creemos que vale la pena dar la vida por algo y por alguien... Ante las amenazas descritas, no se atisba reacción sólida alguna. Ni tampoco podemos confiar ya en el cuanto peor mejor, porque apenas hay fundamento para apoyar la reacción. A nivel político, en nuestro país, en las proximidades ideológicas de lo que puede considerarse aún derecha, descartado el Partido Popular, se mantiene la parálisis, dicen que por diferencias nimias y matices, pero yo creo que se debe sobretodo a los complejos. Veamos:

Nadie se atreve a condenar con contundencia las masacres de los terroristas islamistas, como nadie se atreve a defender con empeño y eficacia a los cristianos perseguidos. Nadie se atreve a condenar como merecen las mofas contra la religión cristiana que cada año se nos restriegan durante las manifestaciones del orgullo gay, como nadie se atreve a defender la familia como un bien moral necesario. Nadie es capaz de distinguir a la izquierda radical griega de los abusos de la burocracia de la Unión Europea, y pretenden que toda la culpa la tengan quienes acaban de llegar el poder sin que lo sea de los viejos políticos que corrompieron y destrozaron a su nación con la complicidad y el interés de los países europeos y de las instituciones internacionales que hoy pretender recuperar el dinero, nuestro dinero, con el que jugaron como en un casino... Nadie habla claro, porque vivimos como nunca un totalitarismo ideológico e informativo. Nadie se atreve porque todos sentís pavor de poder ser catalogados como fachas, ultraderechistas, católicos u homófobos, descalificaciones que veis como terribles y que sólo la izquierda progresista en alianza con la ultraizquierda radical, decide imponer como paso previo al asesinato civil e intelectual. Buscáis términos de todo tipo para que no os consideren como realmente sois. ¿Acaso veis algún complejo en Podemos? ¿Por qué la izquierda sigue presumiendo de sus peores criminales y vosotros no os atrevéis a estar orgullos de vuestros grandes hombres, patriotas decentes, servidores honrados y leales de la nación? Y por supuesto, tampoco nadie desde la derecha se atreve a denunciar contundentemente las desigualdades y las injusticias ocasionadas por los gobiernos y sus alianzas corruptas con las grandes corporaciones, porque tienen miedo de que se les identifique como enemigos de esa extraña libertad de los ultraliberales... Nadie se atreve desde la derecha a hacer política de verdad para la gente que nos está llamando, porque quizá se nos han olvidado todos nuestros principios... Y luego nos extraña que arrasen las viejas ideas del rencor, el odio y la misera... ¿Acaso es que no queremos dar la batalla con todas las consecuencias?


Han logrado paralizaros porque habéis asumido la superioridad moral que la izquierda se autoconcede, dedicáis las horas a reflexionar sobre vuestros complejos, creéis que la políticas solo es un poco de macroeconomía y constantemente intentáis que no os califiquen los poderes progresistas. Así no podrá lograrse nada. Porque no estáis pensando en cómo defender lo que más amáis, sino en cómo entrar en el juego de los que nunca dejarán de odiarnos. Si ya os van a insultar, ¿por qué al menos no intentáis defender vuestros principios sin miedo, con contundencia y con total claridad para vencer los complejos que os paralizan?