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lunes, 1 de abril de 2013

La regeneración de la nación empieza por un cambio generacional

Sigo a varios analistas de la actualidad, normalmente periodistas o historiadores que considero acertados e independientes. El principal problema de todos es el mismo que el de los políticos. Desean una regeneración pero nadie se aplica el cuento a sí mismo. La situación de España es muy grave porque quienes lideran la sociedad en la política, en las empresas, en los medios de comunicación o en la justicia, son los mismos desde la Transición y quieren mantener su poder a costa de la nación.
Por eso, a pesar de encontrarnos en la crisis –en todos los ámbitos- más grave desde la II República, la regeneración social se hace imposible. La regeneración no puede ser por la izquierda con Bono, como proponía ridículamente Luis María Ansón, hombre de otra época ya remota. Ni pueden aportar nada Vidal Quadras o Mayor Oreja, que ahí siguen en su partido. Por supuesto el Gobierno de Mariano Rajoy no impulsará reformas de calado: su principal misión dentro del consenso del sistema es mantener los privilegios de quienes llevan viviendo del Estado desde finales del franquismo. Mientras en las empresas más importantes del país sigan Botín o Alierta, en la Monarquía Juan Carlos, en la Justicia Pascual Sala, Garzón o Gómez Bermúdez, en la prensa Cebrián y en la política Rubalcaba o Rajoy, que no nos hablen de regeneración. La regeneración empieza por las personas: por cambiar de generación.
La situación no puede ser más lamentable: quienes tienen el poder y el deber de hacer reformas son los que impiden que se hagan. Así, con su obsesión por mantener éste sistema, impulsan a la sociedad a una revolución. Todo se andará, pero el nivel de violencia de la izquierda –siempre es la izquierda, al menos en desde que yo nací- no hace más que incrementarse.
Lo más terrible de todo es que los guardianes del sistema han construido todo su sostén moral sobre la base de atacar un régimen –el de Franco- del cual se repartieron el poder. Y si las cosas están mucho peor que en 1975 en el terreno económico, algunos ya se están dando cuenta de que también lo están en cuanto a las libertades. Miren lo que acaba de hacer el Gobierno respecto a los medios de comunicación (TDT) y me entenderán… Es decir, el sistema actual, en el fondo, surge de los residuos de un franquismo que en el nombre muere con el general pero que en el poder sobrevive en un consenso de partidos –separatistas incluidos- que se reparten el poder del Estado. Porque nadie puede creer ya el cuento de que “juntos construimos una democracia con un modelo de Estado que trajo prosperidad resolviendo el problema territorial”,  como han inoculado día sí y día también en las mentes de los españoles manipulados. Ni la Transición fue un éxito, ni ha traído prosperidad, ni democracia, ni solución al problema territorial. No hay más que leer la prensa de hoy para comprobar el estado real de la nación.
Sólo un cambio de personas y de organización del Estado y de los partidos puede cambiar las cosas de una forma razonable y no violenta. Pero mientras siga empeorando la economía gracias al socialismo de Montoro y Rajoy siga empeñado en no recortar el inmenso gasto de la estructura desmesurada del Estado, -hay parlamentos regionales para menos de un millón de habitantes, embajadas autonómicas, televisiones ruinosas, subvenciones sindicales enormes- se estarán incubando las condiciones para un futuro muy preocupante. No abordar la situación como se debe comienza a ser otra forma más de traicionar a España, como ya lo fue engañar con la política económica subiendo impuestos o continuar con el proceso de Zapatero con ETA, como se vio en la repugnante liberación de Bolinaga…

jueves, 28 de julio de 2011

LA REGENERACIÓN ES IMPOSIBLE DESDE LA CONSTITUCIÓN

Ante la dramática situación nacional muchos se apresuran a afirmar algo que hace unos años significaba ser un antisistema extremista, un fascista ultraderechista o una persona sin interés por la democracia. Nos habían hecho creer que la única democracia posible en España era la falsa que emanaba de la Transición y oponerse a tal falsedad conllevaba ser un ultra. Ahora ya es más fácil pedir reformas sin que te descalifiquen y muchos se unen en la condena del sistema autonómico por causa de la ruina moral y económica que ha generado.

Pero toda esa generación de líderes que trajeron este sistema afirma en estos tiempos,  de forma contundentemente machacona, que nuestros males se deben a que ZP se aplicó desde 2004 en romper “el consenso de la Transición” y que, por ende, la mejor manera de arreglar nuestro enorme problema nacional, es volver a ése consenso, al “espíritu de la Transición” y al cumplimiento de la Constitución del 78. Pero, ¿acaso los desmanes de ZP o la reciente traición del Tribunal Constitucional o el despilfarro de las autonomías no se deben, precisamente, a que encajan de alguna forma en el  ambiguo marco legal que tenemos?

Aún con esta pregunta de fácil respuesta, hoy mismo tenemos un ejemplo más  de ésta pesadísima doctrina en la Tercera del ABC, escrita por Javier Ruperez, embajador de toda la vida en este sistema. Mientras prosigan estos análisis de esa generación soberbia que cree que lo que había antes de que ellos llegaran al poder –franquismo- era nefasto y lo que ellos hicieron –Transición y su democracia consecuente- es maravilloso, no se podrán hacer las reformas que nos urgen. Hace unos días, con motivo del aniversario del 18 de julio, Ansón –qué extraño personaje-  o el diario El Mundo, repetían tal cantinela que falsifica la verdad de la historia reciente y las consecuencias del falso consenso –más bien apaño para repartir el poder- del final del franquismo.

De hecho, cada vez estoy más convencido de que nuestro drama viene de esa “Tiranía del Consenso” de finales de los setenta, descrita de forma magistral por el Profesor Negro en un artículo reciente. Y ya éste mismo año Pío Moa, en su libro  “La Transición de Cristal” empezaba a desmontar mitos sobre ésa mentira del idilio de una tercera España que nunca quiso ni la guerra ni el franquismo, porque eran todos ellos, de siempre, demócratas liberales y por fin pudieron hacer la tan preciosa Transición…Y qué mal se juzga el pasado desde el momento presente, tal y como se juzga ahora a los que se alzaron de forma heroica y a los que continuaron la labor de reconstruir y desarrollar España permitiendo que saliéramos del tercermundismo. Eso constituye una injusticia gravísima. Pero eso se hace porque, pasados los años, una generación de mediocres de logia –también en la derecha- ha facilitado la labor para que el Frente Popular  -hoy es la anti-España etarra- pueda ganar la guerra en la actualidad. Daremos cuenta de éste proceso en LA TESIS PROHIBIDA.

Por eso, hasta que no se reconozca nuestro mejor pasado y los valores cristianos que movieron a los héroes de la Guerra de Liberación –preciosa manera de referirse a lo que fue en verdad-, no se puede reconstruir nada. España se merece un sistema de verdadera libertad democrática, donde no se siga persiguiendo la fe de algunos, donde la justicia no intente proteger a un Gobierno que colabora con el terrorismo con el que tiene intereses comunes –sí, digamos la verdad por terrible que sea-, donde los ciudadanos conozcan de verdad quiénes les representan o cómo se toman las decisiones que les afectan o cómo se gestiona el dinero público que ahora se despilfarra. Para ello, precisamente, hace falta no una reforma de la Constitución sino una nueva. Radicalmente nueva. Y si algunos, en su soberbia, no quieren ver los defectos de su obra del 78 con sus consiguientes dramáticas consecuencias, seguirán siendo un obstáculo para la auténtica regeneración de España.

domingo, 22 de mayo de 2011

22-M: ELECCIONES, REALIDAD Y DEMOCRACIA

Una valoración rápida de los resultados de estas elecciones nos devuelve a la realidad política española después de tener que soportar el genial método de distracción organizado por el PSOE. Algo así como no les votes que ya pactaremos con Izquierda hundida recién rescatada.
Porque a muchos, iluminados hasta deslumbrarse por esas ansias tan  repentinas como sospechosas por cambiar el sistema, no han sido capaces de caer en la clave del movimiento 15-M o Democracia Real Ya. Y ésa clave es, ni más ni menos, que tapar que la ETA vuelve con fuerza a las instituciones, para seguir en su dinámica asesina que condiciona, desde hace casi 50 años, los destinos de España. Por eso, no podía sorprender que el Ministro que colaboró con el terrorismo en el caso Faisán sea el mismo que dirigiera la campaña del 13-M de 2004 y sea también el mismo que pasaba de la prohibición de la manifestación radical de Sol…
Desde el pasado martes 17 de mayo en que se montaba el consentido chiringuito asambleario hemos venido descubriendo más y más pruebas de nuestra afirmación inicial: no era un movimiento sincero por la democracia, estaba controlado por la izquierda y buscaba despistarnos  de la grave situación española por mucho que indignados bondadosos lo hayan apoyado con ingenuidad. Porque esa izquierda sectaria, cuando no quiere reconocer que nos ha llevado al desastre, echa la culpa a todos menos a sí misma. Y lo triste es que tantos han picado en un anzuelo que sólo lleva a la perdición, por propia lógica del mismo.  Me llamaron cobarde, me dijeron que era neutral pero supimos responder: que las reformas que precisa el sistema no tienen por qué ser las que pretenden los que tantas veces han arruinado moral y económicamente a la humanidad; es más, aunque algunas de las propuestas fueran buenas, el  fondo de lo que pretenden era nefasto y además sin autocrítica. A esos mismos desinformados no les bastó que cuando el partido Regeneración quiso manifestarse con sus propuestas para cambiar el sistema el pasado viernes, juntando a más de 500 militantes en Sol, la policía les disolvió con eficacia…
Sólo eran 60.000 en toda España (nunca más de 15.000 en Sol) los que se han manifestado por soluciones tan creativas  como “nacionalizar la banca y encarcelar a los financieros” y muchas  otras consignas de rancio chavismo del mismo corte. Pero lo que queda es que en España  han votado unos 22 millones de personas y el PP ha sacado 10 puntos porcentuales al PSOE, lo cual es un resultado histórico…Veamos lo más importante, con los datos que tenemos ahora.
En Madrid, se confirman situaciones como la de Aguirre, y arrasa quizá porque sea de los pocos políticos que habla claro  –aunque a veces no guste lo que dice o lo que defienda- en un desorientado PP.  Dando lecciones a Rajoy, Aguirre supo hablar de Bildu y apoyar a la manifestación de las víctimas del sábado 14 y  criticó al movimiento extremista de Sol. Gallardón va cayendo ligeramente (pierde algún concejal) pero sigue arrasando. Creo que UPyD recoge voto de la izquierda. Esta entrada de UPyD es una esperanza para la reforma de la Ley Electoral y para otros cambios necesarios. AES (Alternativa Española) también sube en votos, a pesar del silencio, y Valle Piñar consigue en la capital unos votos muy útiles que servirán para que el PP se piense ciertas cosas. Parece que el PSOE acabará por desaparecer en Madrid, único lugar de España en el que la economía se recupera, por cierto.
En el resto de España, interesante también castigo al PSOE:
En Asturias, es  interesante contra la partitocracia la  potente llegada del  partido de Cascos y por ejemplo, en Gijón son la segunda fuerza por delante del PP y  juntos pueden cambiar, veremos, al eterno ayuntamiento socialista.
En Castilla la Mancha,  Cospedal logra dar un importantísimo vuelco que acaba con el corrupto bonismo; en Extremadura, el PP parece que no logra el cambio por muy poco; en Baleares regresa al poder el PP y en Navarra hay cierta confusión por falta de datos todavía pero será importante lo que ocurra.
En Valencia no hay apenas castigo para el PP por los escándalos de corrupción y, en cambio, el PSOE ha perdido muchos votos y  la ciudad de Alicante.
En donde sólo había elecciones municipales,  tenemos, en Andalucía, que el PP conquista Sevilla y Córdoba y muchos municipios, parece que con amplias mayorías absolutas;  en el País Vasco Bildu-ETA entra con una fuerza  preocupante (casi 300.000 votos) de la que muchos tendrán que dar cuenta; en Galicia sube el PP también  y  en Cataluña la subida de los populares les vuelve a colocar como tercera fuerza y les permite convertirse en llave en muchos sitios permitiendo, por ejemplo, el cambio en Barcelona capital.
Ya iremos viendo qué pasa, pero ZP, Rubalcaba  y el PSOE tienen que dejar de dirigir el país de forma inmediata. Si les queda dignidad o un mínimo de inteligencia  –que no les queda- si aman a España  – que no la aman-  podrían tomar una única  salida digna  –que no la tomarán- y consiste en plantear con amplio acuerdo una reforma de la Constitución, que sobretodo suponga la de la Justicia (es necesaria la separación de poderes) y la de la Ley Electoral (para una auténtica representación)  que sí reclaman una gran parte de los españoles.  Esa es la única vía democrática que no seguirán, porque no escuchan la realidad desde hace muchos años: que este sistema solo podía acabar como está acabando, sumido en una partitocracia irresponsable, en una justicia podrida y en una ruina económica.  
Pero como ha ocurrido tantas veces en nuestra historia, la irresponsabilidad de los políticos españoles nos lleva  al desastre, culpando al resto de sus desmanes, por acción o por omisión, y dejando a las masas cabreadas estallar de odio. Y ese estallido de las masas, al final suele reparar las cosas en algunas ocasiones, pero el coste en vidas es muy alto. Que no sea así. Pero lo de estos días de Sol no ha tenido ninguna gracia: por las propuestas, por la radicalidad, por su ideología, por las ilegalidades, por las trampas y por las mentiras que muchos han querido tragarse en su desesperación. Avisamos de que era un truco, un despiste,  un intento de dar cierto vuelco movilizando a una izquierda desesperada. Comprobamos que se estaba sobredimensionando un acontecimiento sin importancia por los mismos medios del sistema, porque a alguien interesaba. Discutimos con quienes vieron algo bueno. Pero en España, por una vez, no se ha querido jugar al juego de Rubalcaba y las elecciones nos devuelven a la realidad, aunque las reformas no dejan de ser necesarias y urgentes y para realizarlas se necesitan reflexión y caras nuevas.