Sigo a varios analistas de la actualidad, normalmente periodistas o historiadores que considero acertados e independientes. El principal problema de todos es el mismo que el de los políticos. Desean una regeneración pero nadie se aplica el cuento a sí mismo. La situación de España es muy grave porque quienes lideran la sociedad en la política, en las empresas, en los medios de comunicación o en la justicia, son los mismos desde la Transición y quieren mantener su poder a costa de la nación.
Por eso, a pesar de encontrarnos en la crisis –en todos los ámbitos- más grave desde la II República, la regeneración social se hace imposible. La regeneración no puede ser por la izquierda con Bono, como proponía ridículamente Luis María Ansón, hombre de otra época ya remota. Ni pueden aportar nada Vidal Quadras o Mayor Oreja, que ahí siguen en su partido. Por supuesto el Gobierno de Mariano Rajoy no impulsará reformas de calado: su principal misión dentro del consenso del sistema es mantener los privilegios de quienes llevan viviendo del Estado desde finales del franquismo. Mientras en las empresas más importantes del país sigan Botín o Alierta, en la Monarquía Juan Carlos, en la Justicia Pascual Sala, Garzón o Gómez Bermúdez, en la prensa Cebrián y en la política Rubalcaba o Rajoy, que no nos hablen de regeneración. La regeneración empieza por las personas: por cambiar de generación.
La situación no puede ser más lamentable: quienes tienen el poder y el deber de hacer reformas son los que impiden que se hagan. Así, con su obsesión por mantener éste sistema, impulsan a la sociedad a una revolución. Todo se andará, pero el nivel de violencia de la izquierda –siempre es la izquierda, al menos en desde que yo nací- no hace más que incrementarse.
Lo más terrible de todo es que los guardianes del sistema han construido todo su sostén moral sobre la base de atacar un régimen –el de Franco- del cual se repartieron el poder. Y si las cosas están mucho peor que en 1975 en el terreno económico, algunos ya se están dando cuenta de que también lo están en cuanto a las libertades. Miren lo que acaba de hacer el Gobierno respecto a los medios de comunicación (TDT) y me entenderán… Es decir, el sistema actual, en el fondo, surge de los residuos de un franquismo que en el nombre muere con el general pero que en el poder sobrevive en un consenso de partidos –separatistas incluidos- que se reparten el poder del Estado. Porque nadie puede creer ya el cuento de que “juntos construimos una democracia con un modelo de Estado que trajo prosperidad resolviendo el problema territorial”, como han inoculado día sí y día también en las mentes de los españoles manipulados. Ni la Transición fue un éxito, ni ha traído prosperidad, ni democracia, ni solución al problema territorial. No hay más que leer la prensa de hoy para comprobar el estado real de la nación.
Sólo un cambio de personas y de organización del Estado y de los partidos puede cambiar las cosas de una forma razonable y no violenta. Pero mientras siga empeorando la economía gracias al socialismo de Montoro y Rajoy siga empeñado en no recortar el inmenso gasto de la estructura desmesurada del Estado, -hay parlamentos regionales para menos de un millón de habitantes, embajadas autonómicas, televisiones ruinosas, subvenciones sindicales enormes- se estarán incubando las condiciones para un futuro muy preocupante. No abordar la situación como se debe comienza a ser otra forma más de traicionar a España, como ya lo fue engañar con la política económica subiendo impuestos o continuar con el proceso de Zapatero con ETA, como se vio en la repugnante liberación de Bolinaga…