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martes, 16 de junio de 2015

La siniestra influencia del club Bilderberg en España

Comentarios al libro Los planes del club Bilderberg para España, Cristina Martín Jiménez, Temas de Hoy, Planeta, Barcelona 2015, 287 páginas.

Cuando terminé el primer borrador de La Tesis Prohibida, un ensayo con los nombres y apellidos de los principales protagonistas, se lo di, para que lo leyeran y comentaran, a varios militares, a algunos editores y a un par de historiadores... Cuando me reuní con cada uno de ellos para recabar sus críticas y sugerencias, todos coincidieron en algo que me hizo sentir cierto miedo:

No puedes decir estas cosas. Aunque tengas citas y datos. Te van a fusilar.

Al final, mi miedo y mi seriedad -no quise redactar como ensayo nada que no estuviera técnicamente probado- La Tesis se convirtió en una acelerada novela con nombres y apellidos ficticios, pero verosímil y que quizá, por ser ficción, logró con creces el objetivo que pretendía: que se leyera y que hiciera pensar...

Pues bien, Los planes del club Bilderberg para España de Cristina Martín Jiménez, experta periodista sevillana que ya ha publicado varias obras sobre los poderes que intentan dirigir el mundo, es en cierto modo el ensayo que quise escribir: una recopilación de pruebas sobre la capacidad de las logias para imponer sus políticas interesadas a lo largo de la historia reciente de España.

Cristina ha escrito un libro muy valiente, bien documentado y que constantemente recurre a la idea de libertad que nace de la verdad, clave para edificar el exitoso entramado cultural occidental que hoy se está desmoronando. Nos enfrentamos a un poder siniestro y que verdaderamente influye en nuestras vidas. Nada es casual. Sus estrategias están diseñadas con tiempo y realizan para lograrlas una cuidada selección de personal. Unas élites compradas son los monigotes que cuelgan de los hilos de un poder manejado desde la oscuridad.

Estos libros, plagados de datos, suelen intentar desprestigiarse como conspiranoia, un término fantástico para ridiculizar a cualquiera que se atreva a dar versiones distintas a las oficiales, a las que impone el pensamiento dominante. Cristina, frente a los tópicos, lo hace con verdadero éxito, y se atreve a preguntarse si realmente Franco fue tan malo para España, si Carrero Blanco tenía razón cuando afirmaba que los enemigos de España son el capitalismo internacional, el comunismo, la masonería y las élites nacionales vendidas a los poderes extranjeros o si Felipe VI encabeza una segunda Transición tutelada por ciertos poderes y a imagen de la primera... A todo responde con valentía: La soberanía de la nación española comenzó a desaparecer tras la muerte de Franco, (p.140); Con concesiones poco meditadas... pasaremos en rápida pendiente a una república comunista, profetizó Carrero (p.79) y, por último, muy interesantes los comentarios sobre la abdicación de Juan Carlos I que clarifican el papel del nuevo Rey, (p. 158).

Me han sorprendido tres exposiciones francamente inquietantes: el comportamiento verdaderamente traidor del príncipe Juan Carlos cuando la humillante cesión del Sáhara español a Marruecos (p. 92); el personaje de Solana y las numerosas citas donde deja claro papel en pro de los intereses de los poderes mundialistas: Europa debe ser un laboratorio de lo que pudiera ser un gobierno mundial, (p. 132) y las conclusiones de la autora sobre Podemos, un partido aupado por los medios del sistema que dice atacar a las oligarquías pero que defiende los intereses de quienes promueven un siniestro gobierno mundial en manos del poder financiero que se reúne anualmente en lujosos hoteles, el club Bilderberg...


Todo encaja. Es un libro muy oportuno que recomiendo leer para entender un poco mejor lo que nos depara el futuro. Comprendiendo sus proyectos, podremos afrontarlos con decisión y defendernos de sus siniestras imposiciones. Hace unos días, el Papa Francisco pedía a los que somos padres que defendiéramos a nuestros hijos de quienes les envenenan el alma... Conociendo la verdad, podremos defender nuestra libertad. Lean.

miércoles, 2 de julio de 2014

La derecha y el debate Monarquía-República

Comparto este artículo escrito hace unas semanas y que ha sido publicado en el número 185 (mayo-junio 2014) de RAZÓN ESPAÑOLA, la revista que fundara Don Gonzalo Fernández de la Mora.

Espero vuestros comentarios, creo que es un tema que debemos abordar con total seriedad y visión del tiempo que nos toca vivir...


En estos días agitados el debate Monarquía o República vuelve a plantearse con tanta pasión como falta de argumentos. Por un lado, la izquierda basa sus posiciones en reeditar lo peor del período de 1931 a 1936, como si aquel periodo iniciado con un golpe de Estado hubiese sido un modelo de democracia cuando la II República fue un fracaso más de la nación, porque principalmente la izquierda solo quiso ver en la República un medio para sus fines totalitarios. Por otro, la derecha enseguida recurre al miedo a que la izquierda se comporte exactamente igual que entonces para rechazar la posibilidad de la República.

Así, la derecha, mayoritariamente, elude el debate. Es un error, porque la mejor manera de evitar que la izquierda utilice la República para sus objetivos es que la derecha sea impulsora de un nuevo modelo de Estado cuya forma política sea una República moderna y democrática, esto es, un sistema con representatividad auténtica que garantice la libertad política y el control del poder.

Conviene señalar que algunos, además de mencionar el terror a una repetición de la II República para evitar el debate actual sobre un sistema republicano en España, suelen añadir que no es un buen momento para plantear el tema debido a la precaria situación económica de España y a las tensiones que causa el separatismo, pero, ¿acaso no tiene el llamado juancarlismo gran parte de la culpa de la mala situación que vivimos en el momento presente? Y, más aún, ¿son sinceros los que aluden al argumento de la inoportunidad del momento para no plantear la cuestión o, más bien, es un recurso para decir no a la posibilidad de la República?

Centremos entonces los términos y el debate, porque no podemos ni debemos eludirlo. Es más, debemos fomentarlo porque gran parte de la derecha española no es consciente de la importancia que tiene afrontar el tema.

La Monarquía es una forma de Estado cuya principal característica  -aunque muchos lo ignoren- es la unidad de poder: la etimología es maravillosa. Siendo así, no se opone a la República, término que se refiere genéricamente al gobierno de la cosa pública. Otra vez la etimología.  Investiguemos. Según el Diccionario de la Real Academia:

Monarquía es el Estado regido por un monarca, o la forma de gobierno en que el poder supremo corresponde con carácter vitalicio a un príncipe, designado generalmente según orden hereditario y a veces por elección y, también es el tiempo durante el cual ha perdurado este régimen político en un país.

República es la organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento para un período determinado; en algunos países es el régimen no monárquico; por supuesto es el Estado que posee este tipo de organización o de denominación y se refiere también al cuerpo político de una sociedad, como hemos indicado.

Como vemos hay dos características que pueden enlazar ambos términos: que el poder se representa por una persona y que, además, es elegido por la sociedad. Y es que, efectivamente se dan Monarquías electivas y dos ejemplos buenos son los Visigodos y el Papado.

Por tanto, el problema político no es real si lo desvinculamos de la ideología, del sentimiento o de la pasión.  Es cierto que todo ello forma parte de nuestra forma de ser, pero también es verdad que podemos utilizar el raciocinio para encontrar soluciones más adecuadas para todos, y para ello, esto es, para utilizar la razón y el sentido común, conviene despojarse de prejuicios ideológicos, sentimientos y pasiones. Así, por lo que hemos dicho, la cuestión es la unidad de poder y la posibilidad de elegirlo, y es en esto donde reside el meollo de la cuestión. Si se da el caso de que algunos tengan empeño en que el poder sea hereditario, podremos responder que no hay un solo argumento racional para el tiempo presente para sostener tal posición: ni si quiera el de la estabilidad. Basta mirar a la Iglesia Católica.

Entonces, ¿puede y debe la derecha asumir como un reto político propio, como un profundo deseo de mejorar España precisamente en este tiempo, la defensa de un cambio político para lograr una forma de Estado republicana? Sí, puede asumir este reto de la República porque frente a las imposiciones del colectivismo que siempre es una forma de totalitarismo, la derecha es una garantía para construir una democracia de verdad partiendo de su compromiso con la libertad personal. Y sí, debe asumir este reto de la República porque sería una irresponsabilidad para con España volver a perder el tren de la historia por egoísmo, conveniencia o por no entender la evolución de la sociedad o no querer involucrarse en las cuestiones políticas y sociales más allá de sus preocupaciones económicas.

Otra razón importante por la cual la derecha debe liderar sin miedo el debate sobre la República es precisamente su marginación en el sistema actual. Me explico: la Monarquía instaurada en 1975 por deseo del General Franco ha buscado, por su propio interés de supervivencia, una legitimidad fuera de su propio origen. Esta nueva legitimidad se ha basado en un pacto preconstitucional con los enemigos de la Corona y de España, que son la izquierda y el separatismo. Así, aunque la derecha ha quedado relegada, ha resultado muy útil para dar imagen democrática al régimen, eso sí, comprometiéndose a respetar caso del llegar al Gobierno, los acuerdos básicos del consenso y renunciando a defender sus propios principios.

Profundizando ahora en la cuestión democrática de la República, la derecha tiene un gran reto, un reto realmente apasionante, pues, por razón del mismo principio democrático ya no tiene sentido defender la Monarquía en el sentido que se comprende esta forma de Estado: no tanto por su unidad de poder como por su carácter hereditario. No hay más que ver las soluciones, más bien apellidos, que han de darse a la Monarquía moderna para ocultar su incompatibilidad con la democracia: Monarquía de partidos, Monarquía constitucional o Monarquía parlamentaria. Porque con estos apellidos se quiere disfrazar el carácter no democrático, por cuanto no elegible, del Rey. Ocurre, además de que el Rey es una figura no elegible por el ciudadano, el hecho aún peor de que es inviolable, lo cual se opone a la igualdad ante la ley. Con ello, tenemos todas las garantías para la corrupción del sistema, del Rey abajo todos, porque suele ocurrir que el Rey acaba reinando y gobernando sin control posible. Desgraciadamente podemos comprobarlo en España.

Técnicamente –y continúo con el reto democrático que tiene una derecha nacional, democrática y moderna por delante-, por lo señalado en el párrafo anterior, la República puede ser –si se construye con cimientos serios y racionales, sin sectarismo- la gran posibilidad de libertad política para España. Porque mientras el Rey se reserva siempre un espacio de soberanía que excluye al pueblo, la República, por el contrario, garantiza que la soberanía resida de hecho en todos los ciudadanos de la Nación. Por tanto, con este nuevo enfoque, mantenemos la unidad de poder –el poder lo tiene el pueblo exclusivamente- y el principio democrático. Después, el pueblo puede delegar todo el poder que posee en los diferentes poderes y contrapesos para garantizar el correcto funcionamiento de las instituciones con independencia y libertad. Así se construye un verdadero sistema de democrático.

Por último, como conclusión, sostengo que la derecha puede y debe asumir el liderazgo de un cambio que llegará más pronto que tarde por una razón y un deber fundamental, que es el patriotismo. Porque por encima del Rey está la Nación y si la Nación puede peligrar por culpa del Rey, conviene recordar la sentencia de un elocuente orador de la Primera Legislatura de nuestra mediocre democracia, escrita en 1979: “la Monarquía es para el pueblo y no el pueblo para la Monarquía… Y dada la situación que vive hoy la Patria se hace necesario pensar en la República al servicio de la unidad y la libertad de España”.


sábado, 21 de junio de 2014

El Rey no ha recibido a todas las Víctimas

Más allá de los medios que interesadamente quieren ver en Felipe VI una renovación imposible y aunque uno entienda que la esperanza es lo último que se pierde y que tiene mérito mantenerla en esta España de la corrupción integral, el comienzo del reinado va mostrando que la solidez del consenso juancarlista no hará nada fácil la regeneración institucional que urge... Y es que además, la fuerza de la Monarquía es capaz de generar ilusiones entre los más críticos y ahí tenemos como entusiasmado felipista -no de González sino del nuevo Rey- a Jiménez Losantos -uno ya no entiende nada- aunque también presume de liberal y disfruta demasiado con la cargante izquierda de Rosa Díez.

Miren ustedes que hay ejemplos maravillosos en la historia de nuestra Monarquía para inspirarse. Por ejemplo, Isabel I, la Católica, se encontró con la corrupción terrible de una poderosa oligarquía y treinta años después, cuando murió, dejaba un Estado ejemplar, una Nación unida y preparada para liderar el mundo en todos los órdenes durante los dos siglos siguientes.  Y todavía salen periodistas sin respeto por sus compatriotas ni por sí mismos, aduladores serviles e indignos, a contar a las buenas gentes de España que los últimos 39 años han sido lo mejor de nuestra historia. Seis millones de parados, secesionismos desde todas direcciones, deuda al 100% del PIB, corrupción generalizada, inmoralidad en aumento, natalidad bajo mínimos, terroristas en las Cortes no son problemas importantes para esta casta de los medios, puro antiperiodismo a sueldo del poder...Por eso muchos callan que a petición de Bildu-Amaiur, esto es, a petición de la ETA, se han caído símbolos de nuestra historia del nuevo escudo real. Y tienen la desfachatez, esos periodistas del régimen, de hablar del tiempo nuevo. Busquen en este blog o en Google referencias al tiempo nuevo y échense a temblar...

Y así, siendo lo anterior de una inmoralidad atroz, resulta que el Presidente de Voces Contra el Terrorismo, don Francisco José Alcaraz, no ha sido invitado a la audiencia del Rey a las Víctimas del Terrorismo. Al parecer, desde el Ministerio del Interior, han vetado su presencia: Alcaraz es un apestado porque no aceptó callar lo que criticó a Zapatero cuando lo hace también Rajoy; esto es, ha seguido denunciando uno de los proyectos más siniestros del consenso que queda resumido en las primeras acciones nada simbólicas del nuevo reinado: contentar a la ETA, despreciar a las Víctimas que no quieren aceptar la inmoralidad de la hoja de ruta del consenso con el separatismo, terroristas incluidos, por supuesto. Lo realmente grave es que la fuerza del poder contra Alcaraz ha llegado a afectar incluso a quienes más deberían tener como referente a este símbolo de la dignidad nacional; para que se me entienda me refiero a quienes están intentando liderar un nuevo patriotismo por la regeneración política y moral de España... Reflexionen, pues.

Volviendo a la historia de nuestros mejores reyes, es de Alfonso X el Sabio lo de que los que hacen errar al Rey a sabiendas merecen pena como traidores. Por eso, meditando, me pregunto: ¿qué diría aquel Rey de Castilla si fuera el Monarca el que, por acción u omisión, por pereza o por interés, aceptara, a sabiendas, las propuestas de los traidores?