Con la Ley de Memoria
Histórica –más correcto: de propaganda socialista- y con las condenas al
franquismo como únicas propuestas de futuro de una izquierda fracasada, estamos
ante un reto al que sólo se puede y se debe contestar con la verdad de los
hechos.
Sería más cómodo –y lo es
para muchos- no entrar al trapo del debate. Pero es una irresponsabilidad: la
izquierda quiere que pensar de una determinada forma que no coincide con sus
postulados sea delictivo. Es la manera que tienen de tapar su siniestro pasado
y un paso más hacia el totalitarismo. Si en la II República fracasaron al
intentar imponer de golpe su tiranía, se puede decir que hoy en España están
logrando sus objetivos de manera más gradual…
Anoche se debatía –es un decir-
en 13 TV, en La Marimorena de Carlos
Cuesta, sobre el frentepopulismo
y anticlericalismo de la izquierda. Nadie estaba contestando a las soflamas. Hermann Tertsch afirmó: “el PP ya
condenó el franquismo y la Guerra Civil.” Isabel
San Sebastián sólo llegó a decir, con razón: “la Historia no se condena, se
asume.”
Me tocó el turno: un minuto
en tres horas de programa, todo un esfuerzo y un sacrificio, la verdad. Hablé de
reconciliación recordando la amistad de Bandrés
con mi abuelo en la primera legislatura de la democracia. Hablé de cómo la
izquierda tiene un concepto de la libertad política muy especial: o piensas como
ellos y crees lo que ellos o no eres demócrata.
Hablé de que no se debe condenar la Historia sino estudiarla y aprender
de ella. Y terminé citando a Alejando
Lerroux, republicano anticlerical, uno de los padres de la II República
cuyo Gobierno presidió dos años. Aquí dejo el párrafo que escribió en 1938 y
que yo leí:
No estamos ante una
sublevación militar, sino que se trata de restablecer lo que ha destruido la
tradición antipatriótica y la anarquía criminal; no se alzó contra la ley sino
por la ley. Es un alzamiento sagrado y legítimo como el de la Independencia de
1808 pero más sagrado aun, porque entonces se defendía la independencia
solamente y ahora se defiende también la moral, la economía, el hogar, la
propiedad, la cultura, y la conciencia de toda una civilización y toda una
Historia.
La izquierda saltó entre
espasmos: “ha exaltado un golpe de Estado fascista y nazi”, cuando quien
realmente pactó con Hitler fue su
adorado jefe del Frente Popular, Stalin.
Pero también pude comprobar una vez más el complejo de la derecha. Encima, al
acabar, Hermann Tertsch se acercó a mí
y me dijo: “has estado fatal, no venía a
cuento esa arenga y no ha quedado nada bien.” Lo triste es que un amigo
mío, cargo relevante en Intereconomía, me dijo exactamente lo mismo por un
mensaje privado de Twitter: “no venía a
cuento y has dejado mal a la cadena y al programa, la izquierda va a organizar una campaña contra vosotros.” Ya me han confirmado que nada de eso, en 13
TV les ha parecido bien mi intervención.
Viene al caso sobre el afán
de condenar el pasado ésta sensata cita de Tarancón,
el cardenal alabado por el progresismo como el “cardenal del cambio”:
Los que no han vivido aquellas
horas no podrán entender esa postura que juzgada con los criterios de hoy
parece incomprensible o absurda. No se puede dudar de la buena fe de los
cristianos que entonces no pudieron juzgar de otra manera.
Hay algo peor que el
sectarismo y la propaganda de la izquierda y es la cobardía de todo un sector,
líderes políticos y mediáticos y también de tantos ciudadanos que se tragan en
silencio un proyecto contra ellos. Yo no hago el esfuerzo de ir un domingo por
la noche a quedar bien, sino que intento comunicar la verdad de la manera más
conveniente, para arrojar algo de luz al rumbo oscuro de una sociedad perdida.
Si Cristo hubiera pensado en quedar
bien, ni hubiera defendido la verdad, ni hubiera habido Cruz ni, por tanto,
estaríamos redimidos… En fin. ¡Qué cruz!