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martes, 20 de agosto de 2013

Totalitarismos actuales que imponen su versión interesada de la Historia

Es propio de ideologías totalitarias imponer por ley su interesada versión de la historia, tal y como hacen hoy los separatistas, tanto en el País Vasco como en Cataluña, y la izquierda, como lo hizo en el Gobierno nacional con Zapatero o acaba de hacer en Andalucía con su nueva ley de "memoria democrática". 

En cuanto algún gobierno proyecta una ley ideológica -sobretodo la izquierda- saltan los políticos y analistas cercanos a los populares con el argumento de la "cortina de humo". Así con el aborto o la ley de memoria histórica, por ejemplo. Pero la izquierda no solo quiere esconder su nefasta gestión actual en un pasado inventado o suscitando polémicas y divisiones o colocar a los amigos en nuevos organismos subvencionados, que también, sino sobretodo quiere lavar cerebros -siempre es más fácil manipular ignorantes- y, con el tiempo, poder encarcelar a quien discrepe, tal y como ocurre ya en otros países. Porque desde la verdad y los hechos no tienen defensa.

No, no la tienen. La izquierda necesita imponer por ley su propaganda porque tiene una responsabilidad muy importante en el fracaso de la II República. Ya desde el principio la Constitución del 31 "se hizo contra media España", en palabras de Alcalá Zamora que fue Presidente de aquel régimen político. Para la izquierda, el experimento republicano solo era un medio más para su propia revolución totalitaria para cuya realización era preciso acabar "con toda una tradición y toda una historia" en palabras Lerroux. Así, se sucedieron desde la izquierda los intentos de dinamitar el sistema político hasta la misma Revolución del 34 y la toma ilegal del poder por el Frente Popular tras los fraudes electorales de febrero del 36. Ya no había República cuando estalló la guerra tras el asesinato de un jefe de la oposición por orden del Gobierno.

También, de esta manera, esconden sus vergüenzas los separatistas, cuya única historia es la de la traición y la mentira, imaginando una serie de mitos que se resumen en la simpleza de que la culpa siempre es de España y que la independencia les traerá la tierra prometida. Por eso son prestos a tragarse, difundir y adorar, la Leyenda Negra contra España, mintiendo sobre ella pero intentando algo complicadísimo: negar que ellos siempre estuvieron donde España estuvo. Eso sí, salvo para los éxitos, que ahora resulta que cualquier logro de nuestra nación fue siempre gracias a algún catalán, como Cervantes o Colón. 

Para entender el comportamiento y las intenciones de la antiespaña que padecemos -medio Parlamento trabaja contra la nación, como señaló ayer Carlos Cuesta en El Mundo y en 13 TV- es preciso leer España contra España, de Pío Moa (Madrid, Libros Libres). Y una vez que entendamos esta batalla, comprenderemos que la batalla de la nación y la libertad, exige desmontar las mentiras de los que quieren someternos con sus totalitarismos de siempre.

lunes, 27 de mayo de 2013

Escandaloso: ayer en 13 TV el republicano Lerroux justificó el Alzamiento

Con la Ley de Memoria Histórica –más correcto: de propaganda socialista- y con las condenas al franquismo como únicas propuestas de futuro de una izquierda fracasada, estamos ante un reto al que sólo se puede y se debe contestar con la verdad de los hechos.

Sería más cómodo –y lo es para muchos- no entrar al trapo del debate. Pero es una irresponsabilidad: la izquierda quiere que pensar de una determinada forma que no coincide con sus postulados sea delictivo. Es la manera que tienen de tapar su siniestro pasado y un paso más hacia el totalitarismo. Si en la II República fracasaron al intentar imponer de golpe su tiranía, se puede decir que hoy en España están logrando sus objetivos de manera más gradual…

Anoche se debatía –es un decir- en 13 TV, en La Marimorena de Carlos Cuesta, sobre el frentepopulismo y anticlericalismo de la izquierda. Nadie estaba contestando a las soflamas. Hermann Tertsch afirmó: “el PP ya condenó el franquismo y la Guerra Civil.” Isabel San Sebastián sólo llegó a decir, con razón: “la Historia no se condena, se asume.”

Me tocó el turno: un minuto en tres horas de programa, todo un esfuerzo y un sacrificio, la verdad. Hablé de reconciliación recordando la amistad de Bandrés con mi abuelo en la primera legislatura de la democracia. Hablé de cómo la izquierda tiene un concepto de la libertad política muy especial: o piensas como ellos y crees lo que ellos o no eres demócrata.  Hablé de que no se debe condenar la Historia sino estudiarla y aprender de ella. Y terminé citando a Alejando Lerroux, republicano anticlerical, uno de los padres de la II República cuyo Gobierno presidió dos años. Aquí dejo el párrafo que escribió en 1938 y que yo leí:

No estamos ante una sublevación militar, sino que se trata de restablecer lo que ha destruido la tradición antipatriótica y la anarquía criminal; no se alzó contra la ley sino por la ley. Es un alzamiento sagrado y legítimo como el de la Independencia de 1808 pero más sagrado aun, porque entonces se defendía la independencia solamente y ahora se defiende también la moral, la economía, el hogar, la propiedad, la cultura, y la conciencia de toda una civilización y toda una Historia.

La izquierda saltó entre espasmos: “ha exaltado un golpe de Estado fascista y nazi”, cuando quien realmente pactó con Hitler fue su adorado jefe del Frente Popular, Stalin. Pero también pude comprobar una vez más el complejo de la derecha. Encima, al acabar, Hermann Tertsch se acercó a mí y me dijo: “has estado fatal, no venía a cuento esa arenga y no ha quedado nada bien.” Lo triste es que un amigo mío, cargo relevante en Intereconomía, me dijo exactamente lo mismo por un mensaje privado de Twitter: “no venía a cuento y has dejado mal a la cadena y al programa, la izquierda va a organizar una campaña contra vosotros.” Ya me han confirmado que nada de eso, en 13 TV les ha parecido bien mi intervención.

Viene al caso sobre el afán de condenar el pasado ésta sensata cita de Tarancón, el cardenal alabado por el progresismo como el “cardenal del cambio”:

Los que no han vivido aquellas horas no podrán entender esa postura que juzgada con los criterios de hoy parece incomprensible o absurda. No se puede dudar de la buena fe de los cristianos que entonces no pudieron juzgar de otra manera.

Hay algo peor que el sectarismo y la propaganda de la izquierda y es la cobardía de todo un sector, líderes políticos y mediáticos y también de tantos ciudadanos que se tragan en silencio un proyecto contra ellos. Yo no hago el esfuerzo de ir un domingo por la noche a quedar bien, sino que intento comunicar la verdad de la manera más conveniente, para arrojar algo de luz al rumbo oscuro de una sociedad perdida. Si Cristo hubiera pensado en quedar bien, ni hubiera defendido la verdad, ni hubiera habido Cruz ni, por tanto, estaríamos redimidos… En fin. ¡Qué cruz!