Es propio de ideologías totalitarias imponer por ley su interesada versión de la historia, tal y como hacen hoy los separatistas, tanto en el País Vasco como en Cataluña, y la izquierda, como lo hizo en el Gobierno nacional con Zapatero o acaba de hacer en Andalucía con su nueva ley de "memoria democrática".
En cuanto algún gobierno proyecta una ley ideológica -sobretodo la izquierda- saltan los políticos y analistas cercanos a los populares con el argumento de la "cortina de humo". Así con el aborto o la ley de memoria histórica, por ejemplo. Pero la izquierda no solo quiere esconder su nefasta gestión actual en un pasado inventado o suscitando polémicas y divisiones o colocar a los amigos en nuevos organismos subvencionados, que también, sino sobretodo quiere lavar cerebros -siempre es más fácil manipular ignorantes- y, con el tiempo, poder encarcelar a quien discrepe, tal y como ocurre ya en otros países. Porque desde la verdad y los hechos no tienen defensa.
No, no la tienen. La izquierda necesita imponer por ley su propaganda porque tiene una responsabilidad muy importante en el fracaso de la II República. Ya desde el principio la Constitución del 31 "se hizo contra media España", en palabras de Alcalá Zamora que fue Presidente de aquel régimen político. Para la izquierda, el experimento republicano solo era un medio más para su propia revolución totalitaria para cuya realización era preciso acabar "con toda una tradición y toda una historia" en palabras Lerroux. Así, se sucedieron desde la izquierda los intentos de dinamitar el sistema político hasta la misma Revolución del 34 y la toma ilegal del poder por el Frente Popular tras los fraudes electorales de febrero del 36. Ya no había República cuando estalló la guerra tras el asesinato de un jefe de la oposición por orden del Gobierno.
También, de esta manera, esconden sus vergüenzas los separatistas, cuya única historia es la de la traición y la mentira, imaginando una serie de mitos que se resumen en la simpleza de que la culpa siempre es de España y que la independencia les traerá la tierra prometida. Por eso son prestos a tragarse, difundir y adorar, la Leyenda Negra contra España, mintiendo sobre ella pero intentando algo complicadísimo: negar que ellos siempre estuvieron donde España estuvo. Eso sí, salvo para los éxitos, que ahora resulta que cualquier logro de nuestra nación fue siempre gracias a algún catalán, como Cervantes o Colón.
Para entender el comportamiento y las intenciones de la antiespaña que padecemos -medio Parlamento trabaja contra la nación, como señaló ayer Carlos Cuesta en El Mundo y en 13 TV- es preciso leer España contra España, de Pío Moa (Madrid, Libros Libres). Y una vez que entendamos esta batalla, comprenderemos que la batalla de la nación y la libertad, exige desmontar las mentiras de los que quieren someternos con sus totalitarismos de siempre.