Uno de los mayores peligros de la crisis es que salgamos de ella sin haber aprendido la lección, sin haber hecho las reformas de todo lo que funcionó mal desde el principio, desde la Jefatura del Estado hasta el concejal de cualquier aldea. No nos engañemos: España es un paraíso para los corruptos, porque la Justicia –perdón por llamarla así- está controlada por los mismos poderosos que han hecho de ésta vieja y gran nación un paraíso para la estafa.
Y no repetiremos aquí el tópico que hemos llegado aquí porque tenemos lo que nos merecemos. Nadie lo merece. Al contrario. Porque eso hubiera sido así si hubiera habido libertad. Pero ya hemos demostrado muchas veces que los cabecillas que controlaban el Régimen de Franco en los setenta prepararon el terreno para seguir dominando las estructuras de poder del nuevo Régimen, bajo la cantinela de que ellos habían traído la democracia.
Y ese es nuestro mayor peligro: que un Rey en sus horas más bajas y con los peores amigos; que un dícese periodista que intentó ser Ministro de Cultura cuando el autogolpe del 81; que un censor franquista desde un poderoso grupo de comunicación; que un amigo de los nacionalistas; que un anti Juez que revisa tiempos pasados mientras defiende tiranías presentes; que una agrupación por la anticultura siempre subvencionada se manifieste con la ETA; que un ladrón presidente de una multinacional española que coloca a conocidos corruptos; que un par de ex presidentes multimillonarios que pontifican por el mundo; que todos los apoyos mediáticos de la ya conocida como casta parasitaria responsable de la situación actual –casta sindical, empresarial, política y mediática- nos intenten vender la moto de que hay que volver a los consensos –más bien apaños- de la Transición. Porque eso significa mantener la raíz del problema: la falta de libertad, el socialismo radical para los ciudadanos sometidos mientras los poderosos disfrutan de un capitalismo de amigotes.
Ya no dan para más: esa generación que desfiló el otro día por La 1 –la quinta de Juan Carlos- no puede presumir ya por un momento más –sin hacer el ridículo- de haber traído una democracia: –“ése modelo de Estado que nos dimos los españoles”- que es una ruina, un fracaso, un muro por donde la libertad no puede entrar y la garantía de la disgregación de la Patria. Ni siquiera son capaces de cumplir ésa Constitución cuyo desprestigio viene de quienes dicen defenderla, de la misma manera que pervierten la democracia diciendo que éste sistema repugnante, injusto, socialista y antinacional es un sistema democrático, un Estado de Derecho garante de las libertades. No valen ya sus batallitas inventadas. Nosotros somos otras generaciones que queremos una España mejor y fuerte, donde no sea un privilegio atacar la unidad de la Nación y donde no pagar una multa de tráfico sea un delito peor que los miles de millones estafados por los líderes de CiU o de cualquier partido… Pero nos volverán a engañar. Tienen mucho poder. El Club Siglo XXI ha organizado una serie de conferencias para hacer balance de una Transición que ha sido “tan positiva”, dicen. Pues si ya concluyen que ha sido positiva sin dar posibilidad a la autocrítica, ¿para qué perder el tiempo haciendo balance? Si a los ojos de todos está el desastre…
¿Por qué tan pocos periodistas se han atrevido a cuestionar todos estos puntos? Y ¿por qué los que lo hacen, lo han hecho después de haber llegado a éste estado de las cosas? Amigos, esto da para otro tema: es cosa de logias…Pero tomen nota: desconfíen de quienes les digan que hay que volver al consenso, “a la alta política de la Transición” (Juan Carlos I en Navidad), de los que como Bono y Zaplana –querían forrarse con la política y lo han logrado, Dios los cría…- hoy montan una Fundación por la Constitución, de quienes dijeron tantas veces que las Autonomías eran garantía de progreso –las mismas garantías que tus ahorros en acciones de Bankia-… No se fíen. Tampoco de los dicen que defienden ahora lo público sólo porque no gobierna su secta. Algunos, de lo público, han hecho el mejor negocio privado de su vida. La solución está en cada uno: no se traguen las mentiras del consenso, luchen por la verdad porque entonces la libertad se dará por añadidura. Toca la batalla de las ideas.