Me encanta ir a Barcelona por trabajo y por ocio. Con cualquier excusa. Por eso lamento no poder asistir pasado mañana al encuentro por la unidad nacional que tendrá lugar en Barcelona. Me pierdo además una oportunidad para volver a ver a tantos amigos que allí siguen dando la cara frente al nacionalsocialismo de ERC y CIU al que se suman ya claramente el PSOE y sibilinamente el PP.
No es importante mi presencia. Ni tampoco la de muchos españoles que van a ir desde fuera de Cataluña a acompañar a sus compatriotas sometidos por la dictadura del nacionalismo separatista. Porque lo que urge es que se movilicen los catalanes de una vez. Que no hagan como esa sociedad vasca que ha mirado durante años para otro lado, despreciando a quienes han muerto por España. Ahora tienen a Bildu controlando sus vidas. Vosotros, incluso vosotros, la derecha catalana melindrosa, egoísta y acomodada que vive de toda España y ahora de rodillas ante CiU, viviréis los peores recuerdos de la historia con ERC atracando vuestras haciendas y vuestras vidas.
Nada tendrá solución si no se mueven primero los millones de catalanes que sufren la presión fiscal más alta del mundo para financiar el delirio imperialista y corrupto de los Pujol, Mas y Duran y que sufren también la dictadura que no permite ejercer el derecho a decidir en qué lengua se pueden educar sus propios hijos...
Es cierto que el problema catalán engorda en los años anteriores a la Transición porque hay un pacto pre constitucional para repartirse el poder del Estado a la muerte de Franco. Después, gracias a una ley electoral disparatada y a los chantajes siempre bien pagados por los dos grandes partidos, el poder del separatismo ha crecido hasta generar un auténtico micro estado que impide la presencia y la autoridad de las instituciones de la Nación en Cataluña. Allí no se cumplen las leyes y no pasa nada. Puede decirse que los objetivos del separatismo han sido prácticamente desbordados. Y esto no tiene remedio. Desde el Estado no se va a impedir una secesión que ya lo es de hecho, que ya se ha producido. La culpa la tiene en gran parte Madrid, pero la solución tiene que venir de Cataluña.
Entrar en el juego de qué pasaría con una Cataluña independiente es caer en una trampa más del separatismo. Porque Ni Cataluña mi España serán ya lo que son si se separan. De hecho, pocos dan con la gravedad: que de hecho ya estamos separados.
Solo una reacción en Cataluña puede parar un proceso a punto de culminar. La historia del separatismo es una historia de opresión de las élites. Pero los enemigos ya no son los claramente separatistas, ojo. Los enemigos son los dos grandes partidos que han asumido las tesis nacionalistas. Lo del PSOE es evidente. Pero también lo hemos visto esta semana en boca de la locuaz Alicia Sánchez Camacho, que no ha lanzado un exabrupto sino que ha prestado voz a la traición de Rajoy asumiendo las tesis separatistas. Recordemos que es la popular catalana la que en 2009 apuñaló a María San Gil antes del Congreso de Valencia, para meter al Partido Popular en el tiempo nuevo del 11M, esto es, aceptar la disgregación nacional, primero en Cataluña y a la vez, más silenciosamente, en el País Vasco. Es duro, pero aquí y donde me invitan, siempre he dicho lo que pienso y cada vez me impresiona más como los peores escenarios que he descrito se han ido superando.
Lo que vemos en estos días convulsos es el resultado de un plan bien trazado. Sólo lo pueden parar los que más están sufriendo sus consecuencias. El sábado 12 de octubre de 2013 tenemos una oportunidad para demostrar que no estamos dispuestos a ceder la único que nos queda ya: la unidad de España.