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jueves, 23 de mayo de 2013

El Partido Popular contra Aznar, su creador

Cuando un problema no se resuelve en su momento, salta al tiempo con más virulencia. Por eso la estrategia política de Mariano Rajoy resulta tan nefasta: él está convencido de que no hacer nada, de que esperar a que escampe, es un proyecto político adecuado para la nación. Nada más lejos de la realidad.
Desde que perdiera las generales en 2008, las voces críticas del PP, a pesar de ser el partido una férrea dictadura basada en que cada cargo debe toda su vida, incluidos los sobres, al mandamás de turno, Rajoy no ha resuelto su legitimidad de origen, esto es, su designación digital por Aznar.
Así, en el Congreso de Valencia fueron voces críticas destacadas Aguirre, Elorriaga y Costa. Aznar también, pero en la sombra. Pensaba Mariano que con aquella amenaza de “el que quiera irse al Partido Liberal, que se vaya”  había solucionado el asunto. Con eso y los pactos mejicanos con el adversario nacionalista-socialista y una alianza con PRISA, pensaba que sería un gran Presidente. Y súmate al cambio.
Pero no. En el partido, y a los votantes con más retardo, no ha sentado nada bien cambiar la defensa de la unidad nacional por el acuerdo secreto con Mas -ayer Duran salió a defender a Rajoy de las críticas de Aznar, nada sorprendente-, la lucha contra el terrorismo por la  excarcelación de etarras, las promesas a favor de la vida por mantener durante año y medio la salvajemente abortista ley de Zapatero, la promesa de bajar impuestos por superar a Izquierda Unida en incremento de IRPF.
Desde hace meses, tras comprobar la gestión del Gobierno claramente pactada con el resto de partidos del régimen para mantener, a pesar de la ruina de la nación, el sistema de privilegios de la élite político-empresarial-sindical, Aznar está moviendo ciertos hilos. Como si se hubiera arrepentido de designar a Rajoy. Esperanza Aguirre también parece crecida. El sector del PP vasco fiel a San Gil anda indignado desde el 2009 y Vidal Quadras amaga desde hace años. Pero, ¿qué tiene el PP que todos, al final, siguen en el partido? Pues poder, el inmenso poder local, autonómico y nacional. Sirva de ejemplo lo que ha contado Raúl del Pozo: Rajoy ha presentado a Cifuentes como posible alternativa a Botella en el Ayuntamiento de Madrid como respuesta a los movimientos de Aznar…
Así, no importa que el país se arruine, porque nadie de los que puede, ni da el paso, ni deja que otros lo demos: no hay libertad política y apenas mediática. Que en España no debe haber derecha –sea liberal, tradicional,  cristiana, atea o conservadora- es algo que tienen muy claro todos los partidos socialistas del régimen.
El revuelo creado por Aznar se va a quedar en un “no estoy de acuerdo con esto” de lo que tiene parte de culpa, en un recurso de última hora para decirle a la derecha española, tan engañada, tan maltratada, que ahí tienen a alguien que pudo hacer algo por ellos. Muchos han dicho, salvo el domesticado Sémper –que prefiere a ZP- que Aznar ha sido el mejor Presidente desde 1975, lo cual es cierto. Pero ni por el nivel de con quien se le compara, ni por sus errores inexplicables –o sí- le haremos bueno.
Aznar se queja de PRISA, pero permitió que su Gobierno, Rato mediante, les dejara engordar incumpliendo sentencias; Aznar critica el modelo de Estado, pero transfirió todo lo que pudo a las Autonomías; Aznar se lamenta del separatismo, pero aceptó cortar la cabeza del PP catalán y español para dejar crecer y robar a Pujol…
Agradecemos su esfuerzo de sinceridad, pero si aún él y tantos quieren prestar un buen servicio a España, hagan autocrítica, refunden una nueva derecha, exijan cambios profundos y ponga la nación por delante de su comodidad. Entonces, quizá, les creamos.
Porque en fin: Aznar prometió desclasificar papeles, levantar alfombras, limpiar cloacas, reformar el sistema, mejorar la democracia, luchar implacablemente contra la corrupción y, al final, nos dejó a Rajoy.

lunes, 15 de abril de 2013

“No soy mujer de consensos sino de principios”

Se podrá estar de acuerdo o no con ella; tuvo aciertos, cometió errores. Como cualquiera. Pero con un balance positivo para su nación y para el mundo. La frase del título es de Margaret Thatcher, que nos ha mostrado, al irse, todas las miserias de la derecha española, que aún hoy, tanto por sus políticos como por sus periodistas afines, sigue rezumando complejo de inferioridad frente a la izquierda a la que terminan por someterse…
Thatcher es un ejemplo no porque lo digan quienes quieren apropiarse de sus éxitos –liberales, conservadores o patriotas- sino por haber defendido sus convicciones con habilidad y contundencia en un mundo dominado por la propaganda socialista y las consignas progresistas. Enfrentarse al poder brutal de los sindicatos, devolver la libertad –siembre con responsabilidad- a los ciudadanos, reforzar la democracia agarrándola al cumplimiento de la Ley, son todas medidas que urgen hoy en España.
Pero aquí sucede todo lo contrario: los líderes del Partido Popular que han realizado declaraciones o escrito artículos de todo tipo elogiando a la Primer Ministro inglesa, han aplicado siempre las políticas opuestas a las suyas. Es más, han ido afianzando en sus mandatos, sobretodo Rajoy, toda la perversidad ideológica del socialismo tanto en materia económica, como en educación, sanidad y cambio cultural y moral…Y la cosa sigue empeorando.
Efectivamente, ha predominado el servicio al consenso que a las convicciones. Porque es más agradable cobrar en el retiro unos cuantos miles de euros de cualquier consejo de una grande del Ibex que contar la verdad sobre el oscuro sistema de partidos que está acabando por aniquilar la nación española. Es más cómodo contemporizar con el adversario que enfrentarse con valentía. El camino de la traición siempre es el más fácil.
Aún ayer, una periodista famosa por su valiente defensa de España, decía que “el Rey había prestado un servicio a la nación y que la Transición era su gran obra, un éxito que debíamos agradecer.” Con este tipo de comentarios que obvian los escándalos, también los políticos -no hablo sólo de mujeres o corrupción- de la Casa y de la Familia Real, algunos demuestran su lejanía de la realidad social española y de los jóvenes que padecen los frutos de tal Transición. Nadie está más lejos de la realidad nacional que los tertulianos que pontifican a diario desde los diversos medios o los políticos que viven ajenos una crisis que sólo les interesa para aprovechar las desgracias ajenas, como siempre hace el socialismo.
Más grave aún es insistir en los éxitos de la Transición, pues pareciera que ahora los problemas han surgido como un castigo divino… ¿Acaso los errores –o traiciones- de la Constitución, no son causa de casi todos los males que sufre la patria? Sin autocrítica no hay regeneración.
Pero todo es un consenso. Un apaño de una casta político-mediático-empresarial. Una alegría donde el PSOE indulta a un banquero condenado y el PP cambia la ley para que pueda seguir en el cargo… Es todo una fiesta que siempre paga el ciudadano. Y sólo los ciudadanos podrán terminar con ella cuando se nieguen a pagarla. Nada más urgente que una renovación en la que tengamos políticos como Thatcher, que desprecien el consenso y defiendan sus principios.

lunes, 4 de marzo de 2013

¿Por qué la política económica del PP es socialista?

Un político vocacional, cansado de perder el tiempo en Génova 13, me comentó que el PP es un partido en el que se han agrupado diversas corrientes y que por tanto no tiene ideas, sino intereses: es todo un mecanismo para lograr el poder cuando el PSOE se lo permite.  Y al no tener ideas, toma prestadas las de los socialistas. Porque los populares están convencidos de que España es de izquierdas y que, de alguna manera, ellos sólo tienen que convencer a la mayoría, porque los suyos siempre les votarán. Lo cual no deja de mostrar esa ingenuidad que lleva al fracaso: nadie de izquierdas les vota y cada vez pierden más votos por la derecha. ¿Ingenuidad, o más bien maldad?
Ya lo dijo Montoro cuando decidió traicionar las esperanzas de cambio de los millones de españoles que votaron PP para echar a Zapatero: “hemos subido impuestos y hemos descolocado a la izquierda.” Y tanto: la subida del IRPF del Gobierno Rajoy, primera de un sinfín de traiciones, superaba la propuesta más atrevida de Izquierda Unida…
¿Por qué ocurre esto? Lo explica un ejemplo de la vida real. Recuerdo un coloquio con Álvarez del Manzano, de los pocos políticos decentes y honrados que han pasado por ésta partidocracia, al dejar su cargo de Alcalde de Madrid: “me voy triste de la política porque mi partido no ha logrado acabar con el aborto. En éste asunto hemos estado pendientes de las encuestas, que siempre decían que en España, al menos un 51% de la gente está a favor y por eso no nos hemos atrevido a legislar para reducir el número de abortos.”
Es así. El PP vive en el continuo temor a la izquierda. El Gobierno está paralizado y no hace las reformas que necesita España: más libertad económica, menos impuestos y un cambio radical del modelo de Estado y del sistema de representación. Y eso ocurre porque el PP no tiene principios. Si los tuviera, lo defendería e intentaría orientar a la población acerca de la bondad de sus propuestas. Pero los populares renunciaron ya desde Fraga a los asuntos morales y con Rajoy han renunciado del todo al tema nacional –vean cesiones a ETA- y a la cuestión económica.
En el campo de la economía, no sólo han aplicado principios del socialismo más totalitario, esquilmando a ciudadanos y favoreciendo a los poderosos del dinero –es así el socialismo-, sino que han invertido dinero público en bancos quebrados por una gestión basada en la estafa, y nada más  parecido hay a nacionalizar la banca…
Es complicado decirle a la gente que no podemos vivir del cuento, que las medicinas cuestan un dineral, que no se pueden pagar las pensiones ni el paro; que alguien siempre paga y que hay que trabajar duro para salir de la crisis. Eso es difícil de decir a una ciudadanía que está hasta las narices y sin esperanza. Pero es imposible de transmitir nada positivo acerca de tanto recorte cuando los miembros de tu partido se forran a base de robar; cuando se recorta de todo menos de los privilegios de una casta voraz; cuando estás dando subvenciones a quienes directamente destruyen la convivencia; cuando reduces los registros de la propiedad de manera que tú sales beneficiado; cuando se sigue favoreciendo a los mismos o cuando los políticos que dejan el poder siempre encuentran una empresa favorecida por el Gobierno para seguir cobrando un pastón.
En fin, el Gobierno hace política de izquierdas porque no tiene principios, porque ha renunciado a las reformas que urgen –¡Montoro acaba de decir que las Autonomías funcionan bien!-, porque es partidario del capitalismo de los amigos del poder y del socialismo para el ciudadano, y porque, en fin, sólo buscan proteger sus intereses y los del PSOE. Por eso Gallardón ha indultado a un asesino kamikaze y no indulta al Juez Ferrín Calamita. Por eso continúan los beneficios a los presos de ETA. Por eso, reformar el aborto, solo era una mentira para contentar a tanto votante desnortado.
Lo que no se entiende es que la izquierda española se manifieste tan agresivamente contra un Presidente y un Gobierno que está aplicando, mejor que nadie, toda la ideología del socialismo…

jueves, 13 de diciembre de 2012

El socialismo, enfermedad nacional

El socialismo funciona con consignas y no deja terreno a la meditación. Me contó Pío Moa que cuando dedicó un tiempo a meditar sobre la mentira económica del marxismo, dejó de seguir sus postulados: “la mentira no trae nada bueno.” Y así lo han pagado tantos humanos, porque el socialismo no ha resuelto nada, no ha aportado nada más que miseria y muerte.  Es falso que en el XIX el socialismo despertara interés por los desfavorecidos, porque eso estaba resuelto desde Cristo y a pesar de los disparates de tantos católicos y los errores de la Iglesia, la doctrina social católica aportaba luz en estos asuntos. Otra cosa es que casi nadie la conozca.

El socialismo repite, en esta dramática crisis, que es una crisis del capitalismo y que el neoliberalismo se quiere imponer. Son trucos del lenguaje. La crisis actual es una crisis moral, que se ha manifestado en un derroche que siempre fomentan los que dicen que lo público no es de nadie. Cuando faltan principios, referencias, valores, entonces falta la responsabilidad que hace posible la auténtica libertad. La ausencia de personas libres y responsables es un triunfo del totalitarismo de cualquier color. Esto es, del socialismo, que no es ni más ni menos que un inmenso poder estatal que predomina sobre tu vida, para dirigirte y someterte.

Diríase que hay una alianza al modo de China: capitalismo financiero en un sistema socialista donde el ciudadano sólo consume hasta que se arruina, mientras los que mandan son más ricos. Esto es un triunfo hábil del socialismo, que siempre supo utilizar e infiltrar cualquier institución para imponer su cinismo. El socialismo arruina y endeuda, y luego protesta por los remedios de quienes exigen la responsabilidad que siempre se debe. Los que han leído Rebelión en la granja de Orwell saben de sobra que los cerdos instigaron la rebelión contra los propietarios para al final quedarse con el mando de la explotación y vivir como reyes, sometiendo al resto de los animales a una esclavitud peor.

El drama nacional, la enfermedad, el cáncer nacional, es que hay socialistas de todos los colores dirigiendo la nación y los ciudadanos, mayoritariamente, se han tragado la doctrina, siempre atractiva porque promete paraísos sin dejar lugar a la reflexión y todo parece muy cómodo. Decía ayer un cirujano en una radio “que cuando opero en la privada y pido una gasa me dan una, pero cuando opero en la pública me dan varios paquetes.” El socialismo es derroche, porque el pensamiento –hasta lo dijo una ministra socialista- es que “el dinero público no es de nadie.” Al poner esta frase en Twitter ya contestó uno que se decía liberal: “cuando me operen quiero que haya infinitas gasas.” El cacao es brutal y nadie se pregunta por el coste ni quiere saber quién paga y cuando piden cuentas de las deudas, dicen que la Banca quiere acabar con todo. El PP ha subido 27 veces los impuestos en el último año, porque aunque tengamos en muchos casos –en la clase media- una presión fiscal superior al 55% (IVA e IRPF) -más de lo que ganamos es para Hacienda- la mayoría de la gente en España cree que ganar más de 25.000 € brutos por año es ser rico y que todos tenemos derecho a todo y gratis porque siempre pagaran otros. Pero aún no desgrava el seguro médico privado de los que nunca usan la Seguridad Social y pagan sus medicinas.

Pero Bono, Pepiño, Felipe González, Llamazares que tiene 300.000 de los gordos en un fondo de inversión, esto es, los socialistas de todos los colores, nunca han renunciado a la riqueza, a los frutos del capital casi siempre ganado –robado, mejor- en los más oscuros escándalos. El socialismo es cínico, porque los pobres son sólo un argumento. Los sindicatos de izquierda nunca defendieron a los obreros, sino que les utilizaron para su revolución. Al socialismo no le interesa la verdad –por eso hace leyes para imponer lo que sólo es propaganda- sino lavar cerebros para evitar personas libres y responsables.

La solución es retomar el compromiso de la educación de verdad, armar ciudadanos decididos y responsables, que se acostumbren a que las cosas no son gratis y que todo tiene un precio –al menos, el del esfuerzo-; los ciudadanos deben saber que la igualdad por abajo es la mejor trampa de los que quieren ser distintos y fuertes por arriba, que los socialistas del poder siempre llevan a sus hijos a colegios privados y que además viven en las mejores urbanizaciones mejor que auténticos capitalistas. El socialismo es sencillamente mentira y sólo podremos vencerlo renunciando a creernos sus promesas. El socialismo ha arruinado tres veces a España en menos de 80 años y ahora pueden entender, el por qué de esta crisis, porque todos los partidos, en el fondo, han sucumbido a la trampa del socialismo. No se engañen: al socialismo nunca le importó la sociedad, ni la pobreza, ni la injustica –eso es sólo una hábil utilización de los conceptos modo de herejía cristiana-, puesto que es el mejor sistema para destruirnos. No estamos en una crisis de la libertad sino ante el fracaso moral de los que creyeron que todo era gratis y que a todo tenían derecho. Espero que aprendamos la lección.

jueves, 18 de octubre de 2012

Industria farmacéutica: mentiras, tópicos y verdades

Cuando después de una comida abundante el esófago te arde y una pastilla de Almax te permite volver a sonreír, cuando tras una semana de trabajo estresante crees que algún alfiler se te ha clavado en la sien y tomas un Paracetamol de un gramo y pocos céntimos para dormir como un niño; cuando una gripe te deja dolorido y un Frenadol te hace resucitar; cuando una noche una de tus hijas de tres añitos se despierta llorando, sofocada, tosiendo y a punto de ahogarse y tu vas a la farmacia de guardia porque un médico amigo te ha dicho que tiene que inhalar Ventolín, y en un instante tu hija vuelve a dormir como el ángel más bello que nunca imaginaste; cuando a un ser querido le detectan un agresivo cáncer que puede ser reducido y casi curado con un anticuerpo monoclonal; cuando todo eso ocurre, no se te ocurriría insultar a los investigadores, despreciar el trabajo de los fabricantes de medicinas o quejarte porque algunas empresas ganan dinero… Al contrario, cuando una molécula milagrosa te ayuda a recuperar la salud, crees que los milagros existen y estarías dispuesto a abrazar al descubridor del tratamiento que te ha devuelto la alegría…

Pero en general, el socialismo que todo lo destruye, ha logrado que la inmensa mayoría de la sociedad no sea tan agradecida y crea que las medicinas son un derecho que no cuesta dinero. Ocurre esto hasta el punto de que un Gobierno que se supone que debería ser algo más respetuoso con la propiedad privada y la lógica elemental del libre mercado, ha culminado la obra zapatética de atacar hasta dañar, por pura estrategia electoral y con toda la demagogia que se beneficia de la incultura, a la industria farmacéutica, un sector potente en España, que genera valioso empleo, que investiga, innova y exporta; un sector que ha tenido que despedir a  miles de personas desde que empezara la crisis, que está vendiendo algunos medicamentos básicos por lo mismo que cuesta fabricarlos…Se han reducido los precios de algunos medicamentos más de un 70% porque el ciudadano sigue creyendo que son gratis y que ganar dinero es algo malo. Conviene no creerse toda la propaganda que nos inocula el socialismo.

Es el socialismo, señores. El socialismo de los derechos que olvida los deberes. El socialismo que nunca quiere pagar porque sabe que es una tiranía que hará pagar a otros. Es el socialismo que corta las alas de la creatividad, que termina con la sana ambición y que, intentando igualar, sólo iguala en miseria. Es un socialismo que está logrando que muchas de las empresas nacionales o extranjeras que investigaban en España estén cerrando sus centros de investigación y despidiendo a la gente. Es más fácil recortar del precio de los medicamentos que imponer orden en las cuentas de las Autonomías. Tanto el PSOE como el PP han cometido un dislate del que nos costará recuperarnos.

En Estados Unidos se siguen descubriendo, inventando y fabricando los medicamentos más innovadores: el precio allí es libre y la sanidad hay que pagarla. Pero allí la gente no quiere el desastre de la seguridad social del despilfarro y Obama se ha tragado su obamacare abortista; allí no quieren la sanidad de la cita para cuando estás a punto de morir. No, allí se sabe que las cosas cuestan dinero y que si quiero que alguien gaste 300 millones de dólares en descubrir un tratamiento para el cáncer de colon, tengo que proteger al investigador y pagar el precio. Otra cosa es la caridad. Otra cosa es el mínimo de solidaridad exigible a un Estado de Derecho. Y otra cosa son los casos intolerables, siempre particulares, donde alguna empresa sin moral ha cometido algún dislate: no es lo habitual, ni mucho menos. En general, nos han engañado: aquí cada vez pagamos más y la sanidad es peor. Y si no lo creen, intenten preguntar en un hospital público cómo se deciden los tratamientos cuando no hay dinero y los políticos no quieren gastar en sanidad lo que se gastan en coches, viajes y comilonas. Acuérdense del Doctor Muerte de Leganés, que sólo era un experimento de ahorro de costes.

Dediquen un rato a calcular el seguro que podrían contratar y la pensión que podrían tener con lo que pagamos de impuestos y de seguridad social y además, réstenle antes un 25% para solidaridad  -que no se diga-. Entenderán por qué, a pesar de todos sus defectos, en Estados Unidos tenemos el país que más dona a causas benéficas y al que todos quieren ir cuando tienen pendiente un grave problema de corazón o un cáncer terminal. Claro, eso cuesta pasta y el socialismo solo la tiene para los multimillonarios como Felipe González. Despierten. Nos jugamos la salud.

viernes, 6 de julio de 2012

LA DERECHA, SIEMPRE CONTRA SÍ MISMA

Me ha llamado poderosamente la atención una frase de un experto leída recientemente: “los dramas españoles del XIX y del XX pueden explicarse por una lucha entre católicos.”  Es una afirmación exagerada pero que resalta la verdad que contiene, que es mucha. La falta de entendimiento entre muchos políticos que se declaraban católicos hizo que triunfara el enemigo de todos. Es cierto: fueron intensas las batallas intelectuales y políticas entre católicos que querían adaptarse a la modernidad y católicos que defendían una vuelta imposible al Antiguo Régimen.

Quizá, en la última parte del XX, ya con el sistema nacido de la Transición –y que no pienso considerar una democracia- hasta nuestros días, la batalla anterior se sigue mostrando como una pugna interna en la derecha que dificulta la lucha contra el enemigo común: un socialismo estatista y antinacional defendido por los dos grandes partidos. Sé que muchos ya tienen en su cabeza el problema de las etiquetas políticas. No renuncio a ellas, nos sirven para saber de lo que hablamos. La derecha hoy es el espacio enorme en el que se encuentran los que defienden la unidad nacional, el libre mercado, la propiedad privada, la tradición cristiana de España y un Estado de Derecho en el que la ley se respete y cumpla de la única forma posible, que es con una Justicia independiente. Estas ideas son los principios básicos de millones de españoles. Perderse en la erudición que busca matices es propio de las cátedras y de la ciencia política, pero no es propio ni adecuado para la estrategia política.

Y sin embargo, a pesar de que millones de ciudadanos aspiran a una España en la que estos principios básicos sean defendidos por sus representantes, la derecha política ha preferido ir contra sí misma, suicidándose una y otra vez y culpando siempre a otros. Es la derecha que impide la derecha. Es esa derecha cuya característica que la define nítidamente es que no quiere llamarse derecha y por eso inventó todo tipo de matices sin matizar, llamándose sociales, demócratas cristianos, conservadores, centristas, patriotas constitucionales, liberales, libertarios... Pero ha llegado el momento en que todos deben asumir su responsabilidad para empezar a unirse en torno a un proyecto de emergencia nacional.

Los católicos por exageración, que creen que la Iglesia católica no ha hecho nuevas propuestas en cuestiones sociales o políticas más allá de León XIII sin leer la maravillosa doctrina del Vaticano II o las encíclicas de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Los católicos progresistas del credo a la carta y los que desprecian la religión que olvidan que defender España es defender el cristianismo y que defender el cristianismo es defender a España, porque sin fundamentos sus ideas se volatilizan.
Los liberales que no admiten matices a una libertad que sin orientación adecuada se convierte en el mejor aliado del socialismo.
Los sociales más cercanos a admirar las falsas propuestas del socialismo que a defender la propiedad privada y los principios de un bien matizado liberalismo económico frente al gigantismo de un Estado opresor.
Los antidemocráticos que confunden el sistema actual partitocrático con una auténtica democracia deben entender que no hay que tener miedo a la democracia porque nuestras ideas son mejores.
Los conservadores que se pierden en su admiración a modelos del pasado sin entender que estamos ante un mundo nuevo y cambiante.

Y a todos, que hay que volver a nuestros mejores estadistas, a nuestros mejores sabios, a nuestra maravillosa Historia, para llegar a una inteligencia del pasado que nos permita afrontar el futuro.

Sí, hoy urge más que nunca el conocimiento del pasado para construir con creatividad el futuro. Decía un historiador que los grandes fallos de la Transición se debieron a que la mayoría de los políticos de entonces no sabían nada de Historia. Hoy el sistema se desmorona y sólo sabremos salir hacia un mundo mejor si creamos las soluciones a partir de las lecciones de la Historia: el 18 de julio de 1936 ya no había tiempo para matices, las derechas todas se unieron por última vez para defender la unidad nacional, la tradición cristiana y la libertad frente a un terrible totalitarismo. Hoy, la lucha es en el terreno de la política, con los medios que ofrece la política. Habrá siempre una derecha marginal que prefiera la erudición de  la cátedra o la comodidad de los negocios a la actividad política. Ellos, en su ineficacia, en su desdén, serán tan traidores a la patria como los enemigos de España.  A problemas nuevos, soluciones nuevas. La política requiere de audacia, habilidad, estrategia y mucha paciencia. Pero sin unidad, nada. ¿Será posible esto en el país de las sectitas y de la envida tras años de triunfo de las ideas socialistas? Quizá algunos sigan sin entender cuál es el enemigo de la libertad.

domingo, 24 de junio de 2012

HAY QUE COMBATIR AL SOCIALISMO, TAMBIÉN EL DEL PP

Sorprende la rapidez con la que el Gobierno de Mariano Rajoy ha indignado a sus votantes por seguir líneas maestras de la política de Zapatero en todos los asuntos clave, incluida la gestión de la economía. Y resulta realmente gracioso que, siguiendo con el proyecto socialista, la izquierda también se esté hartando del PP. No se qué puede haber detrás de esto: antiguos consensos, recientes pactos y acuerdos futuros… Me explico: se habla de asuntos intocables del pasado –corrupción de ambos partidos, 11-M, Faisán- se habla de mantener los chiringuitos de todos –Autonomías- y cada vez suenan más alto las trompetas que anuncian un Gobierno de concentración en el que podría jugar un papel indispensable el político más ambicioso del conjunto de los ministros de Rajoy.

Quizá las anteriores pinceladas puedan explicar muchos de los dislates que en tan poco tiempo está cometiendo el Presidente del Gobierno. Quizá también ayude recordar un par de frases, una de Zapatero: “el PP acabará por asumir mis ideas”;  y otra de Pío Moa: “el PP es un grupo de intereses sin ideas ni principios, sólo les une el poder y Arriola les ha convencido de que España es de izquierdas.” ¿Se puede afirmar, con todo, que el PP actual es de izquierdas? Yo diría más: el PP está superando al PSOE por la izquierda. Veamos su política:

-Incremento del IRPF hasta un 7% (realmente una bestialidad.) Presión fiscal a niveles de Suecia.
-Ninguna medida de calado en orden a reducir el peso insoportable de la Administración o de la presión fiscal
-Ninguna política clara para devolver la política a los ciudadanos, potenciando la sociedad civil, la democracia interna en los partidos, reformando la ley electoral, fomentando la libertad y la consecuente responsabilidad.
-Ninguna política a favor de la libertad de empresa, de reconocer el valor de los emprendedores y empresarios; ninguna política para dignificar el valor del trabajo.
-Ninguna política clara en educación, ningún respeto por la nación, su tradición y su historia.
-Ninguna propuesta para la urgente reforma del modelo de Estado.
-Ninguna propuesta de fondo para reformar el desastre judicial, tanto en el TS, como en el TC y el CGPJ.
-Política de cesión a ETA continuando con la vía Nanclares de Rubalcaba. Mantenimiento del proceso con las mismas mentiras que ZP.
-Incremento de normativas que presionan sobre la libertad de las personas: seguridad vial, por ejemplo.
-Políticas de gasto en asuntos donde el Estado no debe pintar nada. Se sigue subvencionado hasta la náusea fomentando el espíritu de la vagancia, del engaño y de la estafa.
-Mantenimiento de la asignatura de adoctrinamiento en las escuelas.
-Mantenimiento de la ley del aborto. Sólo han anunciado medidas de cara a esos votantes tan fáciles de engañar.
-Mantenimiento e incluso potenciación de las políticas de inmersión lingüística en Galicia y Valencia y apoyo a las mismas en Cataluña.

El Partido Popular mantiene las líneas maestras del zapaterismo y además con su potente mayoría absoluta. La responsabilidad de los que, acallados y cobrando, permanecen tragando esta traición, es terrible: si siguen serán cómplices de todo lo que nos pueda pasar. No me canso de repetirlo: urge una alternativa con las cosas claras por la derecha, que siga sumando apoyos tanto políticos como intelectuales y mediáticos. Sólo tres o cuatro puntos unirían a millones de españoles. La batalla es contra el socialismo de las dos caras, las dos son contrarias a la libertad y las dos hacen un inmenso daño a España.

La izquierda sectaria y cierta derecha desorientada tienden a llamar al PP derecha liberal, sin caer en la precisión de indicar qué quieren entender por liberal, vocablo de múltiples acepciones y significados a veces contradictorios. El PP no es liberal. El PP anda ya por los límites entre la socialdemocracia y el socialismo puro y duro. Un liberalismo con matices en todos los campos, es decir, una potenciación del individuo y su libertad –que siempre implica responsabilidad- es urgente frente a la presión insoportable del Estado, que nos está regulando nuestra intimidad y encima nos cobra por ello. La propiedad privada se debe defender como algo sagrado al ser el paso previo e indispensable para la libertad política. Si el capitalismo con matices y bien orientado puede ser moralmente bueno, el socialismo es siempre malo, porque se fundamenta en una falsedad. Pero no me refiero sólo a la economía: hoy se necesita luchar por la libertad para educar a los hijos, por ejemplo. Tenemos ideas mejores, ¿qué veneno, qué complejo, qué torpeza o qué maldad hace que tantos se entusiasmen, admiren y copien siempre a la izquierda?

El futuro exige el pragmatismo de adaptarse con habilidad a la vida real: la política no es el terreno de la teología. Desde la irrupción de la modernidad muchos católicos han intentado continuamente no perder el tren de la historia en cuanto a las cuestiones sociales y económicas. Muchos, brillantes, lo pasaron mal por la miopía de otros. Otros es cierto que se equivocaron. La intransigencia que llega a entender como dogmas lo que sólo son sugerencias en cada tiempo concreto, llevó a muchos a la marginalidad y al fracaso. ¡No se puede citar siempre Syllabus sin citar también la Pacem in Terris o la Centessimus Annus! Ya lo dijo el Papa Juan Pablo II en la Plaza de Colón en mayo de 2003: “Se puede ser moderno y fiel a Cristo” y lo repetía de forma parecida el Papa Benedicto XVI en su reciente visita a España con motivo de la JMJ: “España puede progresar sin renunciar a su cristianismo.” ¡Cuánto bien se puede hacer con estas dos sencillas pero densísimas frases afirmadas con toda intención por estos dos enormes referentes intelectuales y morales!

 
Otra vez nos toca un tiempo nuevo donde la creatividad exige diseñar respuestas apropiadas. Si se impusieran reformas a nuestro modelo de Estado, es decir, a la Constitución, tenemos que ser capaces de influir, de organizar la alternativa que quiera aportar, porque estamos convencidos de que nuestras ideas son mejores para todos: España, unidad, libertad y admiración por lo mejor de nuestra historia son puntos fundamentales para ilusionar a muchos. España ya no es la de otro tiempo. Los sistemas políticos son para el hombre y no el hombre para los sistemas políticos. ¿Monarquía, República, dictadura, democracia liberal, parlamentaria o social? No, hombre: ¡España, unidad y libertad! Y esto, donde sea, como se pueda. Pero estoy seguro de que en igualdad de condiciones, es decir, en auténtica democracia, esta propuesta triunfaría. Y esta propuesta que tanto apasiona es lo que la “Tiranía del Consenso” (D. Negro) lucha por destruir: porque acabar con España es acabar con nuestra libertad. Es decir, socialismo puro, socialismo de siempre, socialismo consensuado. Otra vez el socialismo que como afirmó Sostres hace unos días: “si fracasó como sistema económico, no lo ha hecho como moral basada en que todo el mundo se merece vivir sin trabajar.”

lunes, 14 de mayo de 2012

LA ECONOMÍA DE LA AUTÉNTICA LIBERTAD



Que la cuestión económica es fundamental en el quehacer político queda patente en la polémica que generan las diferentes propuestas económicas.  Además, como la economía no es una ciencia exacta, existen resquicios por donde la ideología se cuela, abriendo después auténticos boquetes por los que se introducen las más disparatadas ideas que se siguen manteniendo aún de comprobarse la pobreza que causan en las sociedades. Aunque piense que la economía es uno de los problemas menos importantes que padece el mundo occidental, porque nada se solucionará si no se vuelve a nuestras raíces culturales, hoy quiero hablar de economía dado el agitado debate –a veces más bien es una confrontación destructiva- que se genera en mi blog cada vez que saco el tema. En fin, nos gusta la polémica tanto como proponer lo que creemos que es mejor…

Comento dos párrafos que me hacen pensar continuamente en la economía de la auténtica libertad. Los cito de antemano, para que los doctrinarios de dogmas anacrónicos se apresten a ahorrarse la crítica: el primero, de Juan Pablo II es de la encíclica Centessimus Annus y se manifiesta a favor de la economía de libre mercado siempre que ésta implique una referencia moral aunque, evidentemente, siguiendo la tradición de la Iglesia, rechace el liberalismo radical que sólo busca el propio beneficio arrastrando a los hombres a la injusticia y a la pobreza. Nada que objetar, pero sepan ver este matiz los que no distinguen aún, por miopía, entre el libre mercado y la esencial defensa de la propiedad privada de un liberalismo basado en la falsa libertad que sólo busca el propio y máximo beneficio. Y lo segundo que quería recordar, para esos que manipulan el pensamiento de mi abuelo buscando en él una defensa del fascismo socialistoide, es su discurso en la sesión de investidura de Calvo Sotelo, en febrero de 1981, donde precisamente afirma, contra la socialdemocracia de UCD que, entre otras razones, "no apoyará al candidato a la presidencia porque el programa de UCD no respeta la propiedad privada, que es sagrada para la auténtica libertad; y es más, tal partido había incrementado la presión fiscal de una manera abusiva, arrastrando a los ciudadanos a la pobreza".

¡No se trata de entregar más poder y más dinero al Estado, sino de gestionar bien los recursos del Estado! Como ha señalado hace tiempo en un artículo magistral el Catedrático de Economía Roberto Centeno, comparando con la situación actual, señalaba que la presión fiscal de 1975 era casi tres veces menor, el Estado era más solvente, más convergente con la media de la UE y las prestaciones sociales estaban mejor aseguradas

Así que, a los que iluminados por el poder siguen pensando que lo público se puede gestionar mejor cuando lo que ocurre es que cuanto más poder tiene el Estado, más probabilidades hay de corrupción económica, les falta darse un baño de realidad. Porque la tendencia al mal y al abuso es algo natural en el ser humano que se agudiza cuando se han perdido todas las referencias morales, tal y como ocurre en nuestro tiempo. Así ha ocurrido con las Cajas de Ahorros, instituciones  originalmente geniales para la solidaridad que, cuando cayeron en manos del poder político se corrompieron por buscar, no el bien común, sino el bien del partido o del Gobierno. Y surge la contradicción de los estatalistas de todo color cuando protestan por la inyección de dinero público en la banca. ¿Por qué? ¿No piden ellos nacionalizar la banca? Con toda lógica, son estos mal llamados liberales del PP los que se meten de lleno en el intervencionismo, dado que son los convencidos socialdemócratas del complejo y del miedo.

Que algunos se den cuenta del problema que genera la intervención pública en la economía es difícil, por cuanto la sociedad se ha infectado de un socialismo de todos los colores y, si la crisis la ha causado precisamente el enorme poder público sobre la economía –evidente, porque si aumentar la  deuda pública estuviera prohibido, los bancos no hubieran engordado tanto a los políticos-, sorprende que algunos busquen en el estatalismo las soluciones que ya hemos comprobado como nefastas. Para los que me acusan de defensor de lo neocon, les recordaré que sería bueno despojar a la economía de lo ideológico y fijarse un poco en cómo una familia controla su dinero, porque los maximalismos sin matizar suelen mostrar la ignorancia de quien los propaga: el liberalismo radical propone una libertad que se basa solo en elegir por el propio interés, mientras –como se indica en el título de la entrada- la economía de libre mercado o de libre empresa, matiza esa la libertad con la autenticidad del bien, esto es, libertad para elegir lo bueno, lo cual implica, necesariamente que es una libertad orientada por unos principios rectores fundamentados en una sólida moral. ¿Está claro?

domingo, 29 de abril de 2012

INMIGRACIÓN Y XENOFOBIA

Abordo el reto de escribir sobre un tema delicado convencido de que puede servir para un debate fructífero, además de aclarar algunas cuestiones. Quiero indicar que estamos ante uno de esos trucos del lenguaje políticamente correcto que busca eludir la confrontación intelectual con sus contradicciones descalificando a los oponentes, con la aplicación de términos o consignas agresivas y simplificadoras que convierten en loco o monstruo a quien osa replicar contra las imposiciones del pensamiento único dominante.

Ése caso se produce cuando se intenta ahondar en el grave problema de la inmigración en las sociedades occidentales. Rápidamente el complejo debate queda anulado cuando llega inmediatamente el insulto de “xenófobo” de la misma manera que cualquier opinión que no asuma lo que imponen los lobbies gays queda reducida a una expresión “homófoba.” No nos vamos a callar, porque lo que diremos no tiene nada que ver con esos calificativos que retratan el poco nivel de quien los vomita.

El pensamiento tradicional español, inspirado en un auténtico catolicismo, es pionero en respetar tanto los derechos de los ciudadanos del propio suelo original de la nación como el de los ciudadanos de los territorios que se incorporaban al más inmenso imperio que conociera la Historia. Nos referimos a la claridad de ideas de Isabel la Católica, de Carlos V y de Felipe II; y a las de la Escuela de Salamanca: a pesar de los errores nunca hubo dudas de que los habitantes de más allá de los mares eran ciudadanos de las Españas con todos los derechos. Cosa digna de presumir, ya que algunas naciones esperaron al Siglo XIX para abolir la esclavitud o al XX para conceder el mismo nivel de ciudadanía a los negros.

Con varias anécdotas de la vida, intentaré abordar la gravedad del problema a nivel económico y a nivel cultural:

El otro día, leí en el diario de cierta secta mediática nacida de los últimos poderes del franquismo –qué bien mantienen algunos su poder en dictadura o democracia- contundentes críticas de la reforma sanitaria del Gobierno de Rajoy sacando a relucir el lamentable caso de que con las nuevas leyes que pretenden ahorrar costes al sistema de salud, “un inmigrante irregular con tuberculosis se quedaba sin atención médica.” Si en esta sociedad se pensara con criterio, caería el redactor  inmediatamente en la cuenta de que el fondo del problema no está en la dureza sentimental de ver a un inmigrante que se queda sin medicinas, sino que se sitúa precisamente en que tenemos inmigrantes irregulares. ¿Cuándo entenderán algunos que el Estado no debe ejercer la caridad, entre otras cosas, porque además de hacerlo mal y a un precio altísimo, la caridad se realiza de persona a persona, porque es una cuestión de amor? Aquí queda reflejado el problema económico de la inmigración: en una economía agotada, no podemos ser la enfermería del mundo. Quede claro que todo el que asuma sus cotizaciones legales a la Seguridad Social de acuerdo a la legislación, tiene derecho a una asistencia correcta, venga de donde venga. En éste sentido, la labor que hace la Iglesia en los territorios que sufren una inmensa pobreza muestran el camino correcto para abordar el drama: desarrollar de una vez los países de origen en vez de lanzar a  hombres, mujeres y niños a un mundo distinto y difícil, que muchas veces jamás les dará lo que soñaron cuando dejaban su tierra.

Hace casi ocho años tuve ocasión, con motivo de una celebración familiar, charlar con un obispo de una diócesis del sur de España. Recuerdo su angustiosa exposición sobre el problema de la inmigración musulmana en la capital de su provincia. Nos explicaba como los inmigrantes colonizaban barrios comprando casas y locales,  financiados a veces por las monarquías dictatoriales de Arabia y Marruecos. Iban comprando pisos en una comunidad, luego dominaban una manzana, controlaban un colegio, construían su mezquita y, al final, se hacían con el comercio del barrio, donde mayoritariamente venden productos que sólo consumen ellos. En pocos años, se habían adueñado de algunos pueblos enteros y de gran parte de la capital de la provincia. Por supuesto, por mucho que ahora intenten contarnos eso de la tolerancia multicultural, habían aumentado los problemas de convivencia y muchos ciudadanos españoles se habían marchado a otros pueblos o ciudades. Con este ejemplo queda retratado fundamentalmente el problema de la inmigración en el ámbito cultural, que sólo se produce cuando llegan personas con otra cultura que, en lugar de adaptarse al país de acogida intentan  -y logran con el tiempo- una conquista cultural. Es verdad que en este punto conviene señalar que el abandono de las propias tradiciones culturales españolas o europeas facilita la expansión de las ideas invasoras. Aquí, la izquierda se convierte en una aliada de la invasión cultural islamista, no sólo contribuyendo a demoler la estructura del enorme edificio de la cultura europea, sino también apoyando políticamente a los musulmanes mientras que persigue a la Iglesia. También, debe señalarse que hay inmigrantes de otras procedencias que no suponen un problema cultural, como es el caso de los pueblos europeos o de los hermanos de Hispanoamérica. Por último, es justo indicar que existen casos particulares positivos en el caso de la inmigración musulmana que sabe adaptarse y negativos en el caso de los hispanoamericanos o europeos que viene con un claro objetivo de delinquir.

La semana pasada una persona me insultó porque en Twitter escribí que “iba a comprar pan al chino.” Aquel sujeto sostenía que comprar pan en un chino era una traición a la nación por no apoyar el comercio local. No me preocupa que me descalifiquen por una pistola, que por cierto está bastante buena y resulta que la que vende el chino, nacido en España, viene de una fábrica de pan de Valdemoro y sólo cuesta 0,45 €… Pero con esta anécdota que muestra las quejas ante el auge de los chinos, abordaremos también el caso de la inmigración de los chinos, que, digámoslo claro, es una auténtica colonización económica pero no veo tan claro que suponga un problema cultural. Resulta, aún así, una injusticia que los chinos se beneficien de ventajas de las que carecen los españoles y que les permiten que sus negocios sean más competitivos. ¿Es del todo cierta esa afirmación tan extendida? En cualquier caso, no creo que haya muchos españoles dispuestos a regentar un negocio como lo hacen los chinos. Si se gana tanto dinero, ¿por qué no hay tiendas como las de los chinos en manos de españoles? Porque ha resultado que la cadena de supermercados DIA acaba de inspirarse en las tiendas de los chinos para vender productos baratos, durante casi todo el día y festivos, a precios muy competitivos. No es un asunto sencillo, porque podría darse el caso de que, después de una conquista comercial, los chinos pudieran tener como objetivo una transformación de la cultura que les acoge.

El caso de Francia, un país con una inmensa inmigración musulmana, es un ejemplo a lo grande de lo que ocurre en casi toda Europa. Pero en Europa se ha decidido despachar el éxito de Marine Le Pen con el cuento de la ultraderecha y la xenofobia, en vez de profundizar en la preocupación de los seis millones y medio de franceses que han expresado su malestar con el rumbo que han tomado Francia y Europa, votando al Frente Nacional. El caso más parecido en España es la Plataforma por Cataluña de Anglada, que se enfrenta al problema de la inmigración islamista en Cataluña, donde el asunto es especialmente grave.  

Con todo, concluyo que rechazar estas consideraciones como mera “xenofobia” no aminora el grave problema humano de la inmigración, tanto para la sociedad que la recibe como para el ser humano que llega, que a mí también me apena y preocupa. Desde el punto de vista cristiano no conviene caer en un buenismo imposible para una política coherente, si bien en nuestros fundamentos culturales –como se ha señalado- encontramos los mejores cimientos para el respeto a los derechos humanos que toda persona tiene. Una vez planteada la cuestión, queda abierto el debate: ¿qué les parece todo esto?

sábado, 10 de marzo de 2012

APUNTES PARA UNA DERECHA DEMOCRÁTICA Y ACTUAL

Simplemente para evitar confusiones, aviso de que lo que más entorpece un debate enriquecedor son los prejuicios y las clasificaciones. Muchas veces un prejuicio acaba siendo un insulto o un desprecio y una clasificación conlleva que la mente se cierre a la propuesta de lo que se expone. Así, hoy en día, abundan quienes con un prejuicio basado en un nombre descalifican a una persona. Y también predominan quienes, no aceptando que las palabras son confusas, las aplican para cerrar debates al asumir solo lo que ellos creen que están expresando: democracia, libertad, liberalismo y por supuesto derecha son todos términos cuya aplicación en según que contextos puede llegar a significar cosas opuestas. No caigamos pues ni en los prejuicios ni en las clasificaciones; creo que a buen entendedor pocas palabras bastan. Abramos la mente, porque urgen soluciones al drama nacional que estamos viviendo.

Desde que leí aquel polémico debate del año pasado entre Pío Moa y César Vidal en Libertad Digital sobre el origen de nuestra imperfecta democracia actual o escuchando los brillantes comentarios de Moa en Esradio, en el programa Sin Complejos de Luis del Pino, ciertas ideas no dejan de rondarme la cabeza.

Hoy mismo, sábado día 10 de marzo, comentaba el historiador la ausencia de principios democráticos en la izquierda, sobretodo en el PSOE, desde su fundación hasta nuestros días. Todo ello se hace evidente para quien quiera repasar sin prejuicios la auténtica historia del socialismo español. Pero Moa suele advertir de que en España, tampoco la derecha ha sabido nunca hacer suyo un auténtico sentido democrático: “la democracia –señala Moa-, para la derecha, no es más que un resignarse a aceptar cierta homologación con Europa, un adaptarse a lo que hay, un someterse tolerando a la izquierda.”

Estudiando el convulso periodo de la II República se hace evidente la falta de voluntad democrática de la izquierda, que desde el año 31 estaba obsesionada con arrasar a la España que no quería aceptar. Pero también es cierto que ni la derecha moderada hizo frente con contundencia a estos desmanes –como hoy tampoco lo hace- ni otros movimientos de la derecha confiaban en la democracia –como tampoco ocurría en gran parte de Europa-. Aquí –salvo la Restauración con todos sus defectos- nunca hubo forma de proponer un sistema de convivencia: era verdaderamente imposible. Al final, sólo el Alzamiento Nacional puso fin al dislate de tantos errores causados por décadas de corrupción, mediocridad y maldad.

En la Transición, el PSOE trató de volver a sus esencias revolucionarias, pero ésta vez, los poderes extranjeros que tutelaban desde hacía años el proceso político para pasar del franquismo al consenso del 78, lograron domesticar al PSOE en cierto modo, pero sólo hasta el periodo desastroso liderado por Zapatero. Desde entonces hasta hoy, la derecha débil que representa el Partido Popular, ha aceptado el juego del consenso partitocrático anulando cualquier opción que surgiera por su derecha. Fue una tarea sencilla, porque desde que Fuerza Nueva fuera perseguida con todos los poderes del sistema hasta su desaparición (en parte también por sus propios errores),  nadie ha conseguido aglutinar en un movimiento significativo a los que confiamos en principios elementales como España, cristianismo y tradición. Pero repetía Pío Moa: “ni antes de la guerra ni en la Transición, ni tampoco hoy en día, ni la derecha ni la izquierda fueron o son democráticas. Hoy la derecha del PP acepta el juego del consenso.”

Y todo esto me hace pensar. ¿Hay aquí una puerta abierta a nuevos proyectos políticos? ¡Por supuesto que sí! Es evidente que UPyD ha sido un ejemplo sorprendente de audacia. Pero, ¿por qué en la derecha no es posible? ¿Vamos a echar la culpa siempre al resto? ¿Y la autocrítica? El hombre no es para la ideología de un sistema político sino que cada época tiene ciertas particularidades que deben solventarse con los sólidos principios bien afianzados para servir a los hombres. La política no puede hacerse a base de dogmas: es el arte de negociar, de acordar, de pactar para servir mejor los intereses de los compatriotas. Ya se que los profetas de la pureza ideológica y los militantes de la siempre fácil consigna anacrónica entrarán a insultar. No nos importa. Tenemos muy claro lo que ya ha fracasado y no queremos seguir ése camino. Algunos decidirán quedarse con sus ideas maravillosas, tan geniales como ineficaces.

Lo que nunca hemos aplicado en España, lo que constituye un error radical desde la Guerra de la Independencia, es el desprecio de los auténticos principios democráticos. Hoy, muchos de los que se dicen liberales confunden, en la celebración de La Pepa, absolutismo borbónico de importación francesa con la preciosa tradición española de la Monarquía Hispánica, que no tuvo nada ni de centralismo ni de absolutismo; al contrario. El pueblo que se levantó contra una invasión cargada de odio a España y su gran tradición, no quería que una mezcla de jacobinos y liberales exaltados próximos al ateísmo o a la masonería, impusieran sus ideas en la Constitución de Cádiz,  rompiendo con la riqueza institucional española y dividiendo sin remedio al país.  En ese fallo o maldad situaba Cambó el origen de la Guerra Civil de 1936, porque desde ahí hasta la paz de 1939 no hemos sufrido más que dramas internos que nos han traído miseria, división y guerras.

Entonces, ¿qué entendemos por una democracia que deberíamos intentar de nuevo? Pues tomemos nota de la tradición de la Monarquía Hispánica, aprendamos de esas Cortes medievales del pacto, disfrutemos del modelo de León de 1188 que luego sirvió de ejemplo para las constituciones más avanzadas en Europa. Retengamos ésa imagen donde el Rey medieval suplica a las Cortes un aumento del presupuesto habiendo antes justificado exhaustivamente los gastos, para compararla con la insufrible deuda que genera el despilfarro y la corrupción política. Miremos incluso el árbol de Guernica y contemplemos cómo Fernando el Católico o Carlos V iban allí a arrodillarse para jurar los Fueros y que, respetando las costumbres históricas de las diferentes regiones de España, afianzaban la unidad en un proyecto común. ¿No era la tradición mucho más respetuosa con las peculiaridades de las regiones españolas, siempre sumando, buscando adhesiones para mirar juntos a fines más elevados? ¿Cuándo se perdió aquello, quién tuvo la culpa de dar alas a un nacionalismo en unas regiones que antes suplicaron por adherirse al proyecto de España? Sírvanos de ejemplo la unidad de la Reconquista, objetivo común de ocho siglos a pesar de las trifulcas por el poder y observemos la diferencia de organización social basada en el acuerdo y en la libertad personal frente al feudalismo europeo que llevaba en sí semillas de guerra y revolución. Y miremos -¡claro que sí!- al Estado que supo desarrollar una economía tercermundista hasta ponerla entre las potencias, con protección y seguridad y con una presión fiscal tres veces inferior a la actual. Sin duda, algo hicieron bien los gobiernos del franquismo…

¿Acaso tenemos de verdad que acomplejarnos? ¡Despertemos de la leyenda negra que todavía es la mejor cultura que tienen algunos! ¿Qué es la Inquisición con sólo dos mil  condenados a muerte en su historia de varios siglos, después de procesos judiciales impecables, frente a los 60.000 guillotinados sin juicio en los primeros días de la Revolución Francesa, en nombre de la Igualdad, la Libertad y de la Fraternidad? Por no hablar del Comunismo, el sistema asesino por antonomasia que todavía presume de sus consecuencias superando los 100 millones de muertos y aún somete a millones de seres humanos…

Es que realmente fuimos los primeros y mejores inventores de un sistema de contrapesos, de garantías, de Monarquía y representatividad de ciudadanos, pueblos y ciudades. Y cuando llevamos a América nuestra experiencia política, tratamos al extranjero como ciudadano y no como esclavo por mucho que quieran que la anécdota sea la categoría y fundamos así el Derecho Internacional, una de las grandes aportaciones de Salamanca. Construimos por medio mundo escuelas y universidades. ¿Quién nos dará lecciones? Otros tardaron trescientos años más en acabar con la esclavitud y aún presumen de su historia.

Ya se que los soberbios que creen que su época es la mejor, por esa teoría absurda del progreso indefinido, jamás querrán ver nada bueno en la tradición. Quizá debamos caer en la cuenta de que la mejor tradición y los mejores principios deben tener su hábil forma de comunicarse, su intrépido intento de amoldarse al tiempo y siempre en un delicado equilibrio entre mantener sanas las ideas y conservarlas prácticas para cada época.

Y en un proyecto político es fundamental la cuestión económica. Dada la confusión actual, o se clarifica cuanto antes los criterios más adecuados o ser perderá el tren de la historia. Es cierto que los errores del socialismo y del liberalismo radical del siglo XIX generaron un Estado potente que hoy nos quita la libertad con su poder y nos arruina con sus impuestos. Pero por esa confusión terrible del lenguaje que hace tan difíciles los debates, llámanse hoy liberales casi todos los que defienden la autonomía individual y la propiedad privada, principios sagrados que cualquier opción que quiera luchar contra el totalitarismo sutil del Estado moderno –que ha logrado imponer una mentalidad socialista donde todos exigen derechos despreciando los deberes- deben considerarse como primordiales. Por eso, cuidado en este punto con la cuestión de la pureza, del nominalismo, que impide a tantos abrir los ojos, despreciando a tantos por cómo se llaman a sí mismos. ¿Acaso la libertad económica es patrimonio del liberalismo filosófico?  Es más, ¿habría una identificación entre lo que hoy se entiende como un sano, moderadamente regulado liberalismo económico, siempre pendiente de un mínimo de protección social que nunca faltará en una propuesta política inspirada en la fe católica, con el filosófico, fuente de dislates y errores, padre del centralismo y del absolutismo y de los abusos que trajo el socialismo? Algunos ya gritan: es usted un neocon. ¿No querrán tomar lo bueno en sí sólo porque no es suyo, identificándose con esa izquierda sectaria que sólo acepta su más negra historia y sus más peligrosa ideología?  Y vendrán los que presumiendo de amar a España contribuirán a dividir, tachando, clasificando, prejuzgando y en fin, contradiciendo su propia ideología, pues prefieren una pureza anacrónica y marginal a la unión entorno a unos principios básicos, elementales e ineludibles… Pero cada época tiene su afán: ¿no es hoy la inmigración descontrolada un problema tanto para la nación como para la persona que busca un futuro ideal y no recibe más que la miseria que aquí se impone? Y el drama de una sociedad radicalmente alejada de la cultura elevada, de la educación o de la moral elemental –como refleja la aceptación social de 110.000 abortos al año-, ¿acaso no es un panorama nuevo respecto a la España de 1975?

Me encantaría proseguir este diálogo como un debate enriquecedor, de manera que podamos generar con creatividad y con mentalidad positiva, nuevas bases para la regeneración institucional que nos urge. Quizá hasta sea una gran responsabilidad que debamos asumir, y Pío Moa esté acertando señalando donde hay un hueco que en España nadie ha cubierto -salvo la hábil Rosa Díez, que recoge votos de quienes, preocupados por el fracaso del sistema, se agarran a la esperanza de quien ha visto que el consenso del PP y del PSOE acabará por rendir a la nación ante una ETA prepotente-  y que alguien debe afrontar, pues son millones los españoles que creen en nuestra nación, en nuestra mejor tradición, en nuestra maravillosa diversidad, en una auténtica democracia basada en la representatividad de todas, de todas las opciones, que asuma un compromiso por España y que respete la libertad de cada persona en todos los campos: religioso, moral y económico. ¿No sería brillante, frente a la falta de democracia de la partitocracia, una propuesta que fomente la representatividad directa del ciudadano generando interés por la actividad política?

Pero para saltar a la arena y atraer a la gente se necesitan principios políticos sólidos, seguridad para mantenerse firmes, confianza en que tenemos las mejoras ideas, paciencia para esperar el momento, cultura para aprender de grandes intelectuales modernos como Ramiro de Maeztu, Donoso Cortés, Balmes, Menéndez Pelayo, Esparza y el mismo Moa y habilidad y medios para comunicar a todos los españoles una atractiva propuesta. No es fácil, pero es el único camino.

jueves, 5 de enero de 2012

LA TRAICIÓN DEL PP

Un vistazo al diccionario de la RAE le deja a uno espantado.

Traición
Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.
Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la Patria.
Traición cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado.


Porque el Partido Popular y Mariano Rajoy están cometiendo acciones que encajan perfectamente en cualquiera de las acepciones que señala nuestra prestigiosa Academia. Si durante el nefasto zapaterismo se acuñó aquello de “este Presidente hace bueno a Felipe González” ya son varios los que me han comentado que “el de ahora hace bueno a Zapatero.” En fin, puede ser. Porque si bien los socialistas no engañan a nadie con sus objetivos contra la nación, aún hay mucha gente que confía en el Partido Popular. Y a mi me duele verles engañados. Me duele verles quejarse, al mes y medio de ganar el PP las elecciones, arrepintiéndose de su voto…

Y es que el Partido Popular ha traicionado las ilusiones de millones de personas en sus primeras dos semanas de Gobierno. Han mentido con los impuestos. Han aplicado las recetas más dañinas para la economía de las familias y de los trabajadores que sostenemos este país. Y nadie esperaba eso de quien se llamaba “previsible.” Habían prometido que “en ningún caso subirían los impuestos” hasta en el debate de investidura… Antes de hacer recortes urgentes han optado por subir impuestos.  Podían explicar la ruina nacional, basada en un aumento desmesurado del gasto cuando los ingresos artificiales durante el tiempo de la burbuja; o haber atajado el despilfarro autonómico... Tienen mayoría suficiente. Pero no. Han querido hacer las peores políticas de la socialdemocracia que quiere ciudadanos sumisos, casi esclavos. Y quizá sea esto lo más indignante: el ciudadano podría estar dispuesto a poner de su parte –aún más todavía- si viera que se acaba con tanto despilfarro, con tanta embajada autonómica, con tanto chollo asesor, con tanta corrupción…Uno estaba dispuesto, con buen corazón y generosidad, a entender medidas duras. Eso sí, siempre que dieran un poco de ejemplo los de arriba. Pero los de arriba son los que, precisamente, dan el peor ejemplo a nuestra sociedad. Ellos también quieren el poder para colocar a sus amigos y beneficiarse…

Y veremos cosas peores. En el tema moral, por ejemplo. Y no me refiero sólo a asuntos como el aborto y el matrimonio gay. Fraga avisó de que eso “no se tocaría.”  Me refiero al tema de ETA y al de la Justicia y al de las cloacas. Lo veremos.  ¿Será ése el momento en que tantos, por fin, entiendan que el verdadero objetivo del Partido Popular es introducir a la derecha idiotizada en el paraíso maravilloso del socialismo ideológico y totalitario?

Porque el Partido Popular se creó para eso. El PP no es un traidor de hoy. Es el Partido de la traición. Pudo haber tiempos en que alguna corriente más sensata frenara los gallardonimos arriólicos. Pero Mariano Rajoy permaneció al mando del PP, después de la derrota de 2008, gracias a su pacto con esas logias que no comprendemos del todo pero sabemos que existen: el viaje mejicano. Y por eso ocurre lo que ocurre. Abran los ojos. Queda todo  bien claro en La Tesis Prohibida… Y lo lamentable es que tantos, al calor del sueldo y del puesto, siguen sonriendo mientras permanecen en ese partido traidor, espejo en el que se refleja el peor PSOE, queriendo pasar por gente sensata que algún día construirá el PP que España necesita. ¡Como que les van a dejar! Sería mucho más digno que todos ellos abandonaran ya el PP de Rajoy siguiendo el noble ejemplo de la inolvidable María San Gil.

Y para fastidiar, datos que algunos no soportan.

1975 pleno empleo, presión fiscal (sin IVA ni IRPF) 15% 700.000 empleados públicos, Seguridad Social saneada.

2012: 22% de paro,  presión fiscal superior al 50%, 3,6 millones de empleados públicos (Autonomías y Estado.) Seguridad Social con déficit. Añádase al tiempo actual: división entre los españoles, 8 millones que malviven con menos de 10 € al día, el riesgo sobre las pensiones y la intervención financiera de hecho sobre la nación y convergencia con la UE menor que en 1975.