Cuando un problema no se resuelve en su momento, salta al tiempo con más virulencia. Por eso la estrategia política de Mariano Rajoy resulta tan nefasta: él está convencido de que no hacer nada, de que esperar a que escampe, es un proyecto político adecuado para la nación. Nada más lejos de la realidad.
Desde que perdiera las generales en 2008, las voces críticas del PP, a pesar de ser el partido una férrea dictadura basada en que cada cargo debe toda su vida, incluidos los sobres, al mandamás de turno, Rajoy no ha resuelto su legitimidad de origen, esto es, su designación digital por Aznar.
Así, en el Congreso de Valencia fueron voces críticas destacadas Aguirre, Elorriaga y Costa. Aznar también, pero en la sombra. Pensaba Mariano que con aquella amenaza de “el que quiera irse al Partido Liberal, que se vaya” había solucionado el asunto. Con eso y los pactos mejicanos con el adversario nacionalista-socialista y una alianza con PRISA, pensaba que sería un gran Presidente. Y súmate al cambio.
Pero no. En el partido, y a los votantes con más retardo, no ha sentado nada bien cambiar la defensa de la unidad nacional por el acuerdo secreto con Mas -ayer Duran salió a defender a Rajoy de las críticas de Aznar, nada sorprendente-, la lucha contra el terrorismo por la excarcelación de etarras, las promesas a favor de la vida por mantener durante año y medio la salvajemente abortista ley de Zapatero, la promesa de bajar impuestos por superar a Izquierda Unida en incremento de IRPF.
Desde hace meses, tras comprobar la gestión del Gobierno claramente pactada con el resto de partidos del régimen para mantener, a pesar de la ruina de la nación, el sistema de privilegios de la élite político-empresarial-sindical, Aznar está moviendo ciertos hilos. Como si se hubiera arrepentido de designar a Rajoy. Esperanza Aguirre también parece crecida. El sector del PP vasco fiel a San Gil anda indignado desde el 2009 y Vidal Quadras amaga desde hace años. Pero, ¿qué tiene el PP que todos, al final, siguen en el partido? Pues poder, el inmenso poder local, autonómico y nacional. Sirva de ejemplo lo que ha contado Raúl del Pozo: Rajoy ha presentado a Cifuentes como posible alternativa a Botella en el Ayuntamiento de Madrid como respuesta a los movimientos de Aznar…
Así, no importa que el país se arruine, porque nadie de los que puede, ni da el paso, ni deja que otros lo demos: no hay libertad política y apenas mediática. Que en España no debe haber derecha –sea liberal, tradicional, cristiana, atea o conservadora- es algo que tienen muy claro todos los partidos socialistas del régimen.
El revuelo creado por Aznar se va a quedar en un “no estoy de acuerdo con esto” de lo que tiene parte de culpa, en un recurso de última hora para decirle a la derecha española, tan engañada, tan maltratada, que ahí tienen a alguien que pudo hacer algo por ellos. Muchos han dicho, salvo el domesticado Sémper –que prefiere a ZP- que Aznar ha sido el mejor Presidente desde 1975, lo cual es cierto. Pero ni por el nivel de con quien se le compara, ni por sus errores inexplicables –o sí- le haremos bueno.
Aznar se queja de PRISA, pero permitió que su Gobierno, Rato mediante, les dejara engordar incumpliendo sentencias; Aznar critica el modelo de Estado, pero transfirió todo lo que pudo a las Autonomías; Aznar se lamenta del separatismo, pero aceptó cortar la cabeza del PP catalán y español para dejar crecer y robar a Pujol…
Agradecemos su esfuerzo de sinceridad, pero si aún él y tantos quieren prestar un buen servicio a España, hagan autocrítica, refunden una nueva derecha, exijan cambios profundos y ponga la nación por delante de su comodidad. Entonces, quizá, les creamos.
Porque en fin: Aznar prometió desclasificar papeles, levantar alfombras, limpiar cloacas, reformar el sistema, mejorar la democracia, luchar implacablemente contra la corrupción y, al final, nos dejó a Rajoy.